- ámbito
- Edición Impresa
Valores, precios, vértigo y perdurabilidad
Instalación exhibida en Art Basel Hong Kong, modalidad que crea otro paradigma en la venta y promoción.
Hay en él activos más conservadores, como por ejemplo las llamadas inversiones de renta fija, más tradicionales y con ganancias menos espectaculares, o en el otro extremo otras opciones, donde la promesa de renta es mucho mayor y también el riesgo, y herramientas intermedias, como seguros con capitalización, fideicomisos, etc, algunas mas conservadoras que otras.
Actualmente, los ascensos meteóricos que se vieron en los precios del arte contemporáneo -muchas veces de artistas de escasa trayectoria- se equiparan y hasta superan a los consagrados, que construyeron su cotización con paciente esfuerzo de décadas.
Pero el oro falso debe su existencia al verdadero, y prueba de esto es que los precios de los auténticos artistas persisten en el tiempo, mientras que los otros suelen tener poca proyección. Esto se debe a que los coleccionistas mas experimentados prefieren apostar al arte por su propia percepción y no por lo que parece ser una creación del medio.
En este momento, mientras la furia compradora desatada por los llamados "predadores" a partir del famoso tiburón desecado en un estanque con formol que Charles Saatchi le vendió al magnate del mercado de capitales Steven Cohen en 12 millones de dólares (que, según se dice, pagó en realidad seis millones), hasta que el tiburón se descompuso y el artista tuvo que reemplazarlo, lo que dejó una impresión de muy poca solidez y y confianza, por decirlo suavemente. Pero no se puede achacar al mercado de arte toda la superficialidad, porque en un momento en que el marketing invadió todas las areas de la vida humana, en el mercado del arte contemporáneo reemplazó, en algunos casos, a la progresiva y austera visiblilidad que la obra de un artista iba logrando con el tiempo en un mundo que, dicho sea de paso, no tenia la asombrosa inmediatez en las comunicaciones de hoy, lo que produce una fama instantánea, aunque efímera, y la vertiginosa suba de los precios.que otrora tardaba años en llegar.
Esa fama y precio instantáneos son la manera de equipararse en el pensamiento colectivo con los artistas consagrados, así como en otras épocas el precio de una obra de arte era fijado por el valor que el mundo académico y los críticos de arte con prestigio le adjudicaban, hoy el precio es el que parecería darle valor a la obra y a su mentor, que es evaluado con una mezcla de lo obtenido en operaciones privadas y en subastas.
Este juego de espejos no suele sostenerse en el tiempo, y así, las obras contemporáneas, que son producto de un boom de marketing se derrumban en el momento que los coleccionistas dejan de sostenerla. Esta es la realidad actual, en la que es difícil ver dónde termina la difusión y el marketing que se usan honestamente como eficaces herramientas para estimular el precio de un artista dotado, y donde comienza la manipulación menos escrupulosa que no terminará en la mayoria de los casos en resguardo ni incremento de la inversión.
Pero ¿cuál es en este estado de cosas-, el mejor camino para el comprador que desea tener una obra, disfrutarla, ponerse en contacto con lo autentico que el arte ofrece y la vez resguardar su inversión, o eventualmente obtener alguna ganancia después de transcurrido un cierto tiempo? La respuesta no es nueva, el sentido común y el asesoramiento correcto pueden ser aliados de gran utilidad en las adquisiciones, y el arte emergente, comprado a precio correcto difícilmente decepcione si la expectativa tiene una dimensión razonable. Los compradores de records, sean magnates financieros o países ricos, seguiran impulsando la compra de arte por muchos y variados motivos.


Dejá tu comentario