24 de diciembre 2009 - 00:00

Vaticinó “un retorno sarmientino”

Éste es el texto de la renuncia que le llevó el martes Abel Posse a Mauricio Macri.
Éste es el texto de la renuncia que le llevó el martes Abel Posse a Mauricio Macri.
Estimado Mauricio:

Te presento aquí mi renuncia al cargo de ministro de Educación de Buenos Aires con el que me has honrado.

El hecho de que hayas decidido nombrar a un intelectual independiente, como los que se habían mencionado oportunamente, es un hecho excepcional que te honra por la voluntad de replantear con ideas nuevas esta crisis educativa que nos llevó al récord lamentable de no haber cumplido el módico mínimo de los 180 días de clase y que ya el 50% de los educandos de la Ciudad se inscriban en colegios privados. Por cierto, nada de esto se debe a tu Gobierno, que tantos esfuerzos realizó y realiza en el plano educativo.

Desde mis primeras declaraciones al asumir propuse un gran diálogo y el necesario debate sobre este tema, el de mayor proyección para el presente y futuro de la Argentina. Expresé que esta convocatoria tiene que tener como centro sacralizar al niño, al educando, para eximirlo de una larga reyerta salarial con paros escolares de los cuales los niños, las escuelas y las familias son los principales dañados. Es en torno a la salud del niño y a la calidad de la escolaridad que podremos reorganizar el tejido social dañado por la pobreza, la desocupación y la caída del orden familiar.

La batalla empieza por la alimentación y por recrear la institución del colegio. El maestro y los docentes perdieron la presencia jerárquica y hasta aquel respeto por la mítica «señorita». Es imprescindible que se estructure adecuadamente un sistema salarial progresivo que vaya acompañando la recuperación económica de la Nación y una carrera de ascensos de los docentes según antigüedad y méritos, garantizando la estabilidad y el perfeccionamiento. En suma, una reorganización con proyección a futuro y estabilidad. Pero también con la responsabilidad del magisterio y de sus representantes para recuperar abusos de ausentismo, en las suplencias e irregularidades y postergación por causa de privilegios.

De mi experiencia internacional tengo la convicción que con una escolaridad deficitaria no podremos superar nuestra actual decadencia ni alcanzar con éxito el desafío tecnológico-científico de este siglo en el que ingresamos cojeando. Hay que cambiar mucho y con mucho coraje para reconstruir esa dimensión educativa y cultural que fue nuestro orgullo nacional. En torno al niño deben mancomunarse los docentes y los padres, constituyendo la política de Estado prioritaria, por una escuela eficiente, democrática y sin secuestros ideológicos.

Pero como es público y notorio, mi nombramiento causó esperanza de apertura en una enorme mayoría que sufre calladamente este tiempo de degradación que la Argentina no merece, y también el rechazo insultivo, calumnioso y sonoro de esa «minoría dominante» que persiste más allá del resultado electoral del 28 de junio. Sectores sindicales, con presencia del Gobierno de la Nación y de un anterior ministro de Educación nacional me dedicaron una manifestación de rechazo y lanzaron a poco tiempo del inicio del año lectivo de 2010 la frase extorsiva más difícil de soportar para quien propuso desde el momento de jurar sacralizar los derechos del niño de no ser rehén de un derecho de huelga salvajemente entendido: «O usted renuncia o en marzo no se inician las clases».

Esta opción inicua me obliga a dar un paso al costado, sabiendo que la mayoría democrática se impondrá definitivamente sobre esas minorías destructivas e irracionales.

En todo caso, la extraordinaria repercusión de mi artículo expresando la necesidad de rebelarnos contra la decadencia y la prepotencia de esos grupos de intimidación que entorpecen la decisión democrática de los mandatarios tuvo una muy extensa acogida que agradezco y que me compromete a seguir trabajando con ahínco en desenmascarar la intolerancia y la corrupción en el país que tuvo el más alto nivel educativo de Iberoamérica.

Quiero imaginar que ahora ya no habrá excusa para respetar las fechas del comienzo lectivo y para un diálogo que sea base de un total replanteamiento de un desquiciador conflicto educativo que se arrastra desde hace décadas.

Con mi respetuoso saludo y con la seguridad de que como jefe de Gobierno y de tu tesonero y eficaz equipo seguirás esta lucha que significa un imprescindible retorno sarmientino.

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