8 de abril 2015 - 00:00

Vernoux: “La gente grande se enamora de otra manera”

Marion Vernoux: “Gracias a Fanny Ardant, el espíritu de Marguerite Duras quedó incorporado a mi película”.
Marion Vernoux: “Gracias a Fanny Ardant, el espíritu de Marguerite Duras quedó incorporado a mi película”.
Menuda, de ojos celestes y hablar suave, Marion Vernoux es la directora de "Mis días felices", sobre una señora recién jubilada que encuentra un amante más joven, película que llamó la atención en Pantalla Pinamar y ahora integra la semana de Les Avant-Premières. También realizó "Nada que hacer" y "Reinas por un día", y escribió el guión de "La belleza de Venus", ya estrenadas comercialmente entre nosotros. Dialogamos con ella:

Periodista: En todas esas obras, siempre hay alguna mujer que consigue, digamos, suplementos vitamínicos para su matrimonio.

Marion Vernoux
: Tiene razón, pero lo pienso de otro modo. Creo que mis personajes femeninos están buscando la emancipación y a la vez temen esa libertad. Acá quise mostrar una mujer que cuenta con dos hombres a su lado, los tiene, está en una etapa en que puede ser exigente con sus elecciones, y camina sin soltar la mano del marido. En algunos momentos camina sola, y a veces se siente bien caminando sola.

P.: Pero no suelta la mano del marido, y eso que el tipo no parece gran cosa.

M.V.:
Creo que en ellos todavía queda amor suficiente como para encontrarse de nuevo. Están en el momento indicado para reinventarse como pareja. La mujer asume lo que está haciendo fuera de su casa. Eso, por supuesto, no la resguarda del juicio ajeno.

P.: Hay quien ni siquiera se entera, una madre joven solo atenta a su hijo, del que tampoco parece disfrutar.

M.V.:
Por suerte yo disfruté la crianza de los míos, dos nenas y un varón, y los tuve lo bastante distanciados como para no sentirme obsesionada ni invadida. Pero es cierto, de jóvenes no somos tan lúcidos como creemos. Cuanto más avanzo en la vida, más advierto que no existe una edad ideal. A medida que perdemos frescura ganamos inteligencia, entendemos mejor las cosas. Pero más avanzamos, menos certidumbre tenemos. Por eso mis personajes no intentan convencer a nadie, ni dicen lo que está bien o lo que está mal. Ninguno hace un juicio terminante.

P.: Usted pinta a los jubilados de un modo agradable, sobre todo hacia el final. Y eso que son todos feos.

M.V.:
Mi madre murió apenas sexagenaria y no pudo disfrutar de sus nietos. Tampoco mi suegro [Michel Audiard, guionista de las comedias de aventuras de Belmondo y otras delicias]. No glorifico a la gente grande, pero quise que en esas reuniones pudieran recuperar el tiempo, las ganas de jugar como cuando eran niños. La carne se afloja pero mantenemos cierto espíritu joven dentro de nosotros.

P.: Casualmente, usted parte de una novela de Fanny Chesnel llamada "La joven de cabellos blancos". ¿Eso es lo que le atrajo?

M.V.:
De la novela, sí, pero habría sido muy fácil desarrollar solo eso. La gente grande no se enamora como la adolescente. Tiene otro espacio de maduración, de reflexión, de ironía respecto a sí misma. Además, quise evitar los clisés de la mujer adúltera, el marido cornudo y todo eso, y no quedarme tampoco en los sentimientos de goce, celos, ira, etc. La historia sigue transcurriendo más allá de esas circunstancias.

P.: Algo en los climas del comienzo, en los paseos por la costa, parecen recordar el "Moderato cantabile" de Peter Brook, con Jeanne Moreau.

M.V.:
Me pone orgullosa lo que usted dice, pero quizá lo ve así porque ambos films quieren mostrar lo que pasa por la cabeza de una mujer. Y quizá también porque aquel era un texto de Marguerite Duras, y mi protagonista, Fanny Ardant, es una gran intérprete de su obra. Algo del espíritu Duras quedó entonces incorporado a mi película.

P.: ¿Cómo es, dirigir a Fanny Ardant?

M.V.:
Ella hoy tiene una imagen de actriz trágica. Vivió largo tiempo en Italia. Y conserva su cabello negro, la mirada intensa, la entonación sofisticada. Lo primero que hice entonces fue teñirle el pelo y acercarla al modo de hablar de la gente común. Con la mirada fue más que suficiente.

Entrevista de Paraná Sendrós

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