3 de diciembre 2008 - 00:00

Veto oficial a glaciares “fulminó” a Picolotti Veto oficial a glaciares “fulminó” a Picolotti

Cristina de Kirchner cerró el capítulo Romina Picolotti. La Presidente desplazó ayer a la secretaria de Ambiente y designó en el cargo Homero Bibiloni, ex segundo en el área, luego de un curioso -y fallido- intento para seducir con ese cargo al recaudador bonaerense, Santiago Montoya.
Con la salida de Picolotti continúa la sangría de funcionarios que llegaron al gobierno de la mano del ex jefe de Gabinete Alberto Fernández. Sin margen, ni espalda política, y ahora sospechada por la Casa Rosada, la titular de Ambiente sobraba en el planeta K.
De hecho, Picolotti pasa a integrar una larga lista de albertistas que cayeron en desgracia tras la fuga de quien fue su jefe: Alberto Abad de la AFIP y Héctor Capaccioli de la Superintendencia de Seguros son los casos emblemáticos de la desalbertización.
Aunque la última página de la novela Picolotti comenzó a redactarse hace 15 días, el final se lo puso ayer por la tarde Sergio Massa cuando la convocó a Balcarce 50 para notificarle, en nombre de la Presidente, que debía dejar su oficina.
Se trató, además, de un triunfo propio de Massa: apenas asumió como sucesor de Alberto Fernández, el ministro planificó una serie de movidas en el elenco oficial que arrancaban con Guillermo Moreno y se cerraban, en un plano inferior, con Picolotti.
Tres meses atrás, incluso, se mencionó a un dirigente marplatense, Marcelo Artime, cercano al titular de la ANSeS, Amado Boudou, como el postulante de Massa para ocupar la Secretaría de Ambiente. Se produjo la salida, pero no el ingreso deseado: al final, va Bibiloni.
Dos hechos, en el revuelo general, aparecen como elementos que explican la renuncia forzada de la funcionaria. Uno, explicitado por la Casa Rosada, daba cuenta del avance de la causa que se abrió sobre supuestos manejos irregulares de la secretaria.
Esas presuntas desprolijidades -que pusieron en la mira al hermano de la secretaria, Juan Picolotti- no bastaron más de un año atrás para expulsarla del gobierno. Por entonces, claro, estaba Alberto Fernández, que atribuyó la denuncia a venganzas de un grupo empresario.
Otro argumento, menos feliz para el gobierno, se refiere a la resistencia de Picolotti al veto a la Ley de Glaciares que firmó Cristina de Kirchner. Nunca lo hizo público, pero atribuyó esa jugada a la presión de gobernadores del PJ y del secretario de Minería, Jorge Mayoral.
Picolotti venía rumiando la bronca por ese veto, inédito tratándose de un proyecto que a pesar de haber surgido de legisladores de la oposición había contado con el auspicio de la Secretaría de Ambiente.
Tras el veto presidencial, Cristina de Kirchner le mandó decir, a modo de consuelo, que el rechazo era para diseñar un «mejor proyecto», que, además, esté «consensuado» con las provincias. Por eso, Picolotti apuntó a la presión de los gobernadores.
Tiró, de soslayo, un dato incendiario que supone que mandatarios del PJ pusieron como condición para acompañar proyectos clave del gobierno que se vete el proyecto de glaciares.
Fue el cierre de un ciclo accidentado: la Casa Rosada, en tiempos de Kirchner presidente, la rescató de la lucha ambiental para ponerla al frente de una secretaría creada ad hoc, en medio de la crisis por las pasteras con Uruguay y Gualeguaychú.
Pero a poco de andar, Picolotti quedó fuera de esa agenda y el tema pasteras fue exclusivo del área. Se concentró, entonces, en la aventura del Riachuelo, y se quiso poner al frente de una cruzada histórica, que ayer quedó trunca.

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