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Virginia Tola: la “musica proibita” deleitó en italiano
La joven pero ya internacional soprano Virginia Tola abrió el sábado la temporada de Conciertos Pilar Golf.
Virginia Tola, la joven soprano argentina que viene desarrollando una carrera internacional (y a la que la actuación junto a Plácido Domingo en el Obelisco el año pasado le brindó además la posibilidad de ser conocida por el gran público), abrió el sábado pasado la temporada de Conciertos Pilar Golf, secundada por dos de los mejores músicos argentinos: el pianista Fernando Pérez y el guitarrista Víctor Villadangos.
La propuesta tuvo por título «Musica proibita», en honor a la célebre canción de Gastaldon que -al igual que el soneto que bastó para llevar a la inmortalidad a Félix Arvers- fue suficiente para hacer que el nombre de este compositor sea recordado aún hoy; el repertorio estuvo integrado mayoritariamente por canciones, con apenas un breve espacio para la ópera.
En la primera parte el clima fue subiendo muy paulatinamente su temperatura, partiendo de la bellísima y tenue canción «Azulao», del brasileño Jaime Ovalle, y transitando luego dos piezas en francés: la celebérrima «Plaisir damour» de Jean Paul Égide Martini y «Chanson de ladieu», de Paolo Tosti. Si las interpretaciones de Tola, artista sensible, inteligente y de gran musicalidad, fueron en todo momento concentradas y límpidas, fue evidente que su propia conexión con el italiano y -naturalmente- el español es mucho más fluida que con el portugués y francés: tanto en «Malia», del mismo Tosti, como en «Musica proibita», su expresividad pareció liberarse.
El bloque dedicado a la ópera se inició con el «Intermezzo» de «Manon Lescaut» de Puccini, tan sensiblemente vertido por ese gran poeta del piano que es Fernando Pérez, que casi fue posible olvidar de que se trataba de una reducción para teclado. De la misma ópera, Tola interpretó «In quelle trine morbide», seguida por «Ebben, ne andrò lontana» de «La Wally» de Catalani; ambas arias le brindaron aún mayores posibilidades de despliegue de su talento dramático.
La música hispanoamericana académica y popular abarcó la segunda parte, y en ella se pudo apreciar especialmente la capacidad de la soprano santafesina de adaptar el vibrato y el caudal de su voz privilegiada al carácter y el tono de cada pieza. Dos canciones encantadoras de Carlos López Buchardo, «Prendiditos de la mano» y «Si lo hallas», fueron seguidas por uno de los momentos más emocionantes del recital (tanto por la coincidencia con el centenario del nacimiento del compositor como por el hecho de que es también santafesino): la interpretación de «Pampampa» y «Pueblito, mi pueblo», de Carlos Guastavino. La maestría de Víctor Villadangos -quien se lució como solista en un fragmento de la «Sonatina» de Moreno Torroba- fue un punto de apoyo excelente para «Antonio Vargas Heredia» y «Ojos verdes», cantada por Tola de manera excepcional.
Con dos páginas de zarzuela firmadas por Asenjo Barbieri y Moreno Torroba (la «Canción de la Paloma» de «El barberillo de Lavapiés» y «Tres horas antes del día» de «La Marchenera») finalizó el programa previsto, que como la misma Tola subrayó, estuvo compuesto por obras que suelen ofrecerse como bis. Difícil tarea, entonces, la de elegir los «encores»; la selección recayó en la «Milonga calabacera» de Williams y «Estrellita» del mexicano Manuel Ponce, que el público, tal vez deseoso de más arias de ópera de las que Tola es grandiosa intérprete, recibió de todas maneras muy calurosamente.


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