26 de septiembre 2012 - 00:00

Virginia Woolf, con la mirada de una argentina

Irene Chikiar Bauer: «Virginia Woolf me llevó a Victoria Ocampo. Es notable cómo la gran escritora puede hacer descubrir a alguien del propio país que no se conoce y sobre quien hay muchos prejuicios».
Irene Chikiar Bauer: «Virginia Woolf me llevó a Victoria Ocampo. Es notable cómo la gran escritora puede hacer descubrir a alguien del propio país que no se conoce y sobre quien hay muchos prejuicios».
La británica Virginia Woolf, nacida como Adelina Virginia Stephen, fue figura fulgurante de la literatura del siglo XX. Deslumbró con su imaginación en las biografías ficcionales «Orlando», «Flush», «Robert Fry», novelas innovadoras por sus procedimientos narrativos como «Mrs. Dalloway» o «Las olas», ensayos como «Un cuarto propio» por el que se la considera pionera del feminismo. Su vida, ligada al Grupo Bloomsbury, donde estaban de Keynes a Wittgenstein, no ha dejado de fascinar. La investigadora argentina Irene Chikiar Bauer le ha dedicado la monumental biografía «Virginia Woolf. La vida por escrito», que acaba de publicar Taurus. Irene Chikiar Bauer es Master en Sociología de la Cultura por la universidad de San Luis, en la que es docente. Publicó ensayos sobre Cortázar, Felisberto Hernández, Juan L. Ortiz. Desde hacía tiempo venía elaborando una biografía de la escritora Eduarda Mansilla que abandonó durante 7 años para dedicarse por entero a la vida de Woolf. Dialogamos con ella.

Periodista: ¿Qué la llevó a investigar la vida de Virginia Woolf?

Irene Chikiar Bauer: De joven había leído sus libros «Un cuarto propio» y «Orlando» que me gustaron mucho. Me llamó la atención que esos textos resonaran en alguien de mi generación porque «Un cuarto propio» es de 1929 y me seguía diciendo cosas. Hace años en una librería de ofertas encontré un libro que trataba de la relación de Virginia y su hermana Vanesa Bell, que era pintora. Era un hermoso libro objeto que al leerlo me hizo volver no sólo a la obra de Virginia sino las biografías que sobre ella se habían escrito, y los estudios y ensayos sobre su obra. Encontré la biografía que escribió el sobrino de Virginia, Quentin Bell, a principios de los 70, y después «La medida de la vida» de Herbert Marder que toma los últimos 10 años de la vida. Por una cosa u otra no eran la biografía que quería leer, por lo menos en castellano, así que decidí ir a las fuentes. Busqué los textos autobiográficos, que no son muchos, y me dio ganas de empezar a escribir lo que iba viendo en las cartas y los diarios de ella. Empecé a trabajar con los textos en inglés, porque no había en castellano un trabajo que tomara en cuenta las obras que han aparecido desde la biografía de Bell. Retomé lo que dice Virginia de que cada generación tiene que volver a contar las cosas, y no quede una visión cristalizada para siempre.

P.: ¿Le interesaron las versiones de «Orlando» y «Las horas»?

I.C.B.: El primer enganche fue leer «Un cuarto propio» en la adolescencia, después «Orlando», y cuando vi esa novela en el cine me impactó. Me gustó muchísimo ver en 1997 la obra de Ellen Atkin «Vita y Virginia», con Leonor Benedetto y Elena Tasisto. Y si bien no me gustó tanto la película «Las horas» sobre todo la tercera parte, la de Nicole Kidman, la novela de Michael Cunningham, es muy buena.

P.: ¿Le importó la relación de Virginia Woolf la amistad con Victoria Ocampo, el que algunas de sus obras las haya traducido Jorge Luis Borges?

I.C.B.: Virginia me llevó a Victoria. Es notable como la gran escritora puede hacer descubrir a alguien del propio país que no se conoce y sobre quien hay muchos prejuicios. Victoria creó la revista y editorial Sur en 1931, en 1934 se encuentra con Virginia, y le pide publicar sus libros. Virginia le ofrece «Un cuarto propio», «Orlando» y «Al faro». Y además le dice: usted Victoria tiene que escribir sus memorias. Y acaso eso llevo a Victoria a escribir 10 tomos de testimonios y 3 de memorias.

P.: ¿Cuáles fueron sus hallazgos a medida que investigaba la vida de esa genial novelista, ensayista y editora británica?

I.C.B.: Encontré que todas las clasificaciones que la tenían estereotipada no me servían para nada. Que sufría crisis psiquiátricas, es verdad. Solo fueron graves 2 o 3, en especial la que la llevó al suicidio. Pero la mayor parte del tiempo fue una mujer hiper trabajadora, hiper productiva, muy vital, una lectora incansable. Estaba muy conectada con la amistad, con la familia, con la naturaleza, con su ciudad. Descubri una maestra. Esa que está en los diarios, las cartas, sus 6 tomos de ensayos. Ella publica a T.S. Eliot, tiene una relación especial con Joyce, con Katherine Mansfield. Es una persona inteligentísima que no vive en la torre de marfil y sólo le interesada en su escritura, sino que está intensamente conectada con muchísimos aspectos de la vida. Es una luchadora, alguien que supera las dificultades. Su primera gran dificultad fue la educación. Toda la vida lamentó no haber tenido acceso a la que tenía los varones porque era cara y las mujeres se quedaban en la casa, y si tenían suerte le contrataban una profesora para que pulieran sus maneras y poder ofrecerlas en el mercado del matrimonio, eso anota en un diario que hace con sus hermanos siendo joven. Virginia supera esos obstáculos convirtiéndose en una autodidacta impresionante. Y hasta usa sus crisis psíquicas como material para su escritura. De forma excepcional en «Mrs. Dalloway» contando a través de flujos de conciencia como esa mujer busca organizar una fiesta, y de Septimus, un obrero que regresó de la guerra con grandes crisis psicológicas. Una cumbre de maestría técnica y experimental. Fue llevada al cine protagonizada por Vanesa Redgrave. La obra de Virginia aparece como un proceso de metabolización de todas sus dificultades e incertidumbres, de cuestiones que no puede resolver en su vida, como sus indefiniciones en el terreno sexual, con su matrimonio. Todo esto lo va elaborando, y va dando obras literarias extraordinarias.

P.: Algunos de sus grandes aportes narrativos son poner de manifiesto la corriente de la conciencia, la intimidad del discurso interno, la lengua pluridimensional.

I.C.B.: Donde nada está fijado de ahora para siempre, donde todo implica ver las cosas desde muchos lugares y perspectivas. Nadie es dueño de la verdad en su literatura, ni el narrador ni los personajes. Mrs. Dalloway sostiene que no puede decir de nadie que es esto o aquello, como no puede decirlo de sí misma. Mi visión de Virginia Woolf parte de sus textos autobiográficos, sus cartas, sus diarios, la autobiografía de su marido, Leonard Woolf, la de su hermana, lo que dijeron de ella sus amigos. Y ese material lo leo en entrelíneas con su obra literaria, pero además buscando no dar una imagen cristalizada que diga Virginia Wolf es esto. No, Virginia Woolf es un enigma como lo somos todos para nosotros mismos, y el desafío es tratar de conocernos lo más posible.

P.: Hay etapas en la vida de Virginia Woolf en las que se suele recaer; su feminismo, la versiones e implicancias de haber sufrido abuso infantil, su relación con la poeta Vita Sackville-West , de la que se dice que quedó «Orlando» como «la mas larga y encantadora carta de amor de la literatura».

I.C.B.: Es una relación de una gran amistad, muy especial, de mucha intensidad, esto queda claro en la biografía. Vita se da cuenta que la relación no es buena para Virginia, y se aleja de la intimidad pero sin retirarse de la amistad. Esto se puede constatar en las cartas que Vita envía a su marido, Harold Nicolson, que era homosexual, con quien tenían dos hijos y un matrimonio abierto. En la carta que está en «Virginia Woolf. La vida por escrito» Vita le escribe a su marido: este terreno para Virginia es peligroso, no te preocupes yo me voy a ir retirando. Hubo intimidad entre ellas, pero no mucho tiempo.

P.: ¿Qué le produjo interés creciente en la investigación?

I.C.B.: Como ella va dando cuenta de sus procesos de escritura, como va gestando cada obra, como cada obra tiene aspectos autobiográficos, pero nunca son autorreferenciales sino que trata de servirse de lo que va viviendo sin hacer una literatura donde el yo sea transparente. Importa como capta la realidad desde múltiples perspectivas. La relación que tiene con el marido es una sociedad plena de afecto. Él que empezó escribiendo ficción al ver la obra de ella da un paso al costado y se dedica a la política y a la imprenta de los dos.

P.: ¿Encontró alguna explicación al suicidio de Virginia Woolf?

I.C.B.: No se si una explicación, pero traté de juntar todos los elementos. Lo que dijo la médica que la atendió, lo que dijo el marido, lo que dejó en sus diarios y cartas, y lo que otros después recordaron. Estaba viviendo en un momento de mucha angustia porque a un sobrino que había ido de voluntario a la Guerra Civil Española la familia le había recomendado que fuera como chofer de ambulancia porque era menos peligroso, y así de forma trágica murió. Eso trajo el recuerdo de un hermano que también muere joven y trágicamente. Su hermana que más la acompañaba estaba de duelo. Su marido muy metido en cuestiones políticas. Se creía que los nazis iban a invadir Inglaterra, y muchos ingleses planeaban su suicidio. Virginia entra en una crisis que cree que no va a poder superar esta vez, comienza a tener alucinaciones. Así toma esa trágica decisión.

P.: ¿En qué está trabajando ahora?

I.C.B.: En los textos autobiográficos de Victoria Ocampo, y en este momento los relaciono con los de Virginia Woolf. Creo que a ambas escritoras la gente las conoce sin conocerlas. A Virginia se la conoce desde el estereotipo, por fotos, por la obra de Albee «¿Quién le teme a Virginia Woolf?», como un icono cultural, y lo bueno sería que supieran realmente de ella.

Entrevista de Máximo Soto

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