7 de mayo 2014 - 00:00

Visión lacónica de “la Gran Guerra”

Visión lacónica de “la Gran Guerra”
Jean Echenoz, "14" (Barcelona, Anagrama, 2014, 98 págs.).

Se está cumpliendo un siglo de "La Gran Guerra", la Primera Guerra Mundial, la primera guerra tecnológica, la que utilizó armamentos nunca vistos antes, aviones, barcos y bombas. Armamentos que la Segunda Guerra Mundial no hizo más que ampliar en el horror. ¿Cómo volver a contar de la Guerra del 14 luego de lo que contaran Henri Barbusse, Stefan Zweig, Curzio Malaparte, Louis-Ferdinand Celine? Cómo realizar hoy "una aproximación a la gran carnicería", fue lo que se planteó Jean Echenoz, el escritor francés al que se suele definir por la elegancia de su lacónico estilo.

En un pasaje de su novela escribe: "habiéndose descrito mil veces, puede ser que no valga la pena demorarse más en esa ópera sórdida y pestilente. Puede ser, incluso, que no sea útil ni pertinente comparar la guerra a una ópera, y menos aún si, como es, es grandiosa, enfática, excesiva, llena de esperas penosas que hacen mucho ruido, y a menudo, a la larga, son bastante aburridas". Elige entonces un estilo minimalista, distante, concentrado. Le da la brevedad de una nouvelle que es como mirar desde la ventanilla de un tren que parte de una ciudad feliz, pasa por un campo de batalla y concluye en una ciudad abrumada que busca salir de la tragedia que ha ocurrido.

Echenoz ha confesado que la fórmula la encontró en un diario que había llevado un tío abuelo de su mujer, que estuvo movilizado los cuatro años de la guerra. "Era un diario muy púdico, parecía escrito por un censor". Y eso lo hacía más terrible. Desde esa perspectiva, Echenoz se lanza a contar la guerra a partir de un muchacho de 23 años, Anthime, que al regreso de un paseo en bicicleta, se entera de que Francia entró en guerra. Y allá va con su hermano Charles y tres amigos de juntarse a beber y a pescar. Patéticamente la partida hacia la guerra es dicharachera. Y en Nantes queda Blanche, la novia de Charles, a la que Anthime ama en secreto.

Con una escritura marcada por la levedad se va sabiendo cómo ese grupo de amigos van pasando de las ropas pulcras al barro de las trincheras, a la falta de comida, a la lucha tanto contra los piojos y las ratas como con el enemigo, a sentirse intoxicados por el gas, a la angustia de las ausencias, a la explosiones, las osadías y las muertes. El lector es arrastrado por imágenes que llevan a recordar películas como "Lucien Lacombe" de Louis Malle o "Jules y Jim" de François Truffaut. Es que en más de un sentido Echenoz es un escritor muy francés. Hay en "14" finalmente un halo romántico que envuelve el destino de la historia, y que sería demasiado predecible, si no fuera por un elemento clave, acaso lacaniano, el de "el miembro faltante", que enriquece la historia, y que debe develar el lector. "14" debería servir además de incitación a leer la magnífica trilogía de "biografías imaginadas" formada por "Ravel" (sobre el músico Maurice Ravel), "Correr" (sobre el atleta Emil Zátopek) y "Relámpagos" (sobre el científico Nikola Testa).

M.S.