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Vivi Tellas: “Los no actores me cautivan por su fragilidad”
Vivi Tellas: una puesta basada en un «Manual de manifestaciones espiritistas» la llevó a trabajar con dos brujas profesionales.
Periodista: ¿Cómo encaró la búsqueda de manuales y por qué se decidió finalmente por el de las manifestaciones espiritistas?
Vivi Tellas: Hace tiempo venía pensando en que en mi próxima obra trabajaría con mediums y videntes. De hecho en mis últimas investigaciones había solicitado a mediums si se podían comunicar con los espíritus de John Cage y hasta mi propio padre para construir nuevas experiencias escénicas. Cuando me llamó el curador del Rojas para este proyecto le fui sincera: si encontraba un manual vinculado con ese tema agarraba la propuesta. Me llamó al día siguiente y ya había hallado el manual de las manifestaciones espiritistas.
P.: En la obra vuelve a emplear no actores y se vale de «brujas» profesionales.
V.T.: Correcto. Trabajo con dos brujas verdaderas, Carmen y Bárbara, que están todo el tiempo viviendo otras cosas, eso es rarísimo. Están conectadas permanentemente con otra realidad. Por suerte aceptaron exponerse. De modo que no sé cuánto tiempo se podrá hacer la obra, digo por la inestabilidad de las protagonistas. Está lo que se puede compartir y lo que no, lo que es privado en el sentido de lo biográfico y lo que se calla, desde la perspectiva de lo mágico.
P.: ¿Hay margen para la improvisación?
V.T.: No hay improvisación pero si bien saben que la escena es de una manera y hay cosas muy marcadas, no hay un «palabra por palabra» riguroso.
P.: Su anterior proyecto, «Biodrama» ya estaba signado por la tendencia de volcar «lo real» al escenario, usted había puesto en escena a su mamá y a su tía.
V.T.: Sí, diseñé el proyecto Biodrama cuando empecé a dirigir el teatro Sarmiento, donde la consigna era que los directores pusieran una persona viva en la trama de la obra y muchos se inclinaron por autobiografías escénicas, en su mayoría protagonizadas por actores. Mi trabajo siempre apuntó a cómo algunos micromundos pueden parecerse al teatro o son pasibles de ser teatralizados.
P.: Más tarde usted profundizó esta propuesta en Proyecto Archivos, donde siguió llevando no actores a escena.
V.T.: Sí, subí al escenario a mi madre con mi tía, a tres filósofos de la Universidad de Buenos Aires y a Edgardo Cozarinsky, que protagonizó un proyecto junto a su médico. También junté a tres personas que daban lecciones de manejo, a guías turísticas y a dos DJ. Esto tiene que ver con lo que hago yo en mi vida; si me encuentro, donde fuese, con una escena teatral, me da curiosidad y trato hacer una obra. No creo que todo pueda ser teatro pero son mundos que casi siempre tienen algo de teatro.
P.: ¿Qué balance hace de las grandes obras que salieron de Biodrama, como «Nunca estuviste tan adorable» de Javier Daulte, que hasta tuvo versión cinematográfica?
V.T.: Fue una especie de concepto y marco de trabajo que se fue desparramando y ahora hay muchos directores de teatro que están revisando esa forma. Casi un lenguaje teatral en sí mismo.
P.: También existió Necrodrama, ¿fue un proyecto suyo?
V.T.: No fue algo mío pero claramente es el revés de Biodrama y hay una inspiración. Pero no me puse a investigar de qué se trataba.
P.: En sus comienzos, con el «Teatro malo», tomaba de Argentores obras que no se habían representado por lo mal escritas que estaban y las ponía en escena hasta con errores de ortografía. ¿Cómo se le ocurrió?
V.T.: Tengo una fascinación con el error, porque me da la sensación de que generará una noción nueva. El ciclo consistía en obras mal escritas pero con mucha fuerza expresiva. Me estaba recibiendo en la carrera de arte dramático y empecé con esos textos. Allí comenzó mi trabajo e interés en personas que no son actores, que también me cautivan desde su fragilidad y poca solvencia. Como no están formadas en arte abundan en inocencia y fragilidad.
Entrevista de Carolina Liponetzky


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