29 de octubre 2012 - 00:00

Wainrot: “Esta danza es energía y fuego”

En los ensayos de «Flamma Flamma-Réquiem del fuego», del compositor belga Nicholas Lens, con coreografía de Mauricio Wainrot.
En los ensayos de «Flamma Flamma-Réquiem del fuego», del compositor belga Nicholas Lens, con coreografía de Mauricio Wainrot.
El Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín estrenará el 9 de noviembre, en la Sala Martín Coronado, una nueva coreografía de su director Mauricio Wainrot, titulada «Flamma Flamma». La música pertenece al oratorio «Flamma Flamma-Réquiem del fuego» (1994) del compositor belga Nicholas Lens, obra aclamada no sólo por su intensa carga emocional, sino por haber contribuido a romper la tradicional división entre música «seria» y música popular.

Wainrot cita al crítico Fred Flaxman, quien la definió como una audaz síntesis entre «el concepto occidental espiritual de una misa de réquiem, con ritos y ceremonias de la muerte de culturas no occidentales». Según el coreógrafo es una combinación de «música clásica contemporánea con música étnica y otra más masiva como el rock». La escenografía y el vestuario son de Graciela Galán y la iluminación de Eli Sirlin y Alejandro Le Roux. Dialogamos con él:

Periodista: Hace tiempo que no estrenaba.

Mauricio Wainrot: Suelo hacer una, dos y hasta tres por año. Pero en 2011, debido a pérdidas familiares, problemas de salud y un presupuesto muy bajo, fue el primer año en toda mi carrera que no estrené nada. Privilegié invitar a tres coreógrafos argentinos, Mabel Dai Chee Chian, Ana María Stekelman y Elizaberth de Chapeaurouge. Y este año invité más coreógrafos que nunca: Carlos Casella, Gustavo Lesgart, Pablo Rotemberg, Ana Garat y Gabriela Prado.

P.: ¿Y cómo llegó a «Flamma Flamma»?

M.W.: En realidad, estuvo esperando diez años. En 2001, yo era coreógrafo residente del Ballet Real de Bélgica y recién había estrenado «Las ocho

estaciones». Fue entonces cuando Carlos Gallardo -mi escenógrafo, vestuarista y compañero de vida- encontró esta música maravillosa que él luego escuchaba en su atelier de artista plástico. Varias veces hablamos de este proyecto, pero en 2008 Carlos murió y yo no pude continuar.

P.: ¿La obra cuenta alguna historia?

M.W.: Sí, pero yo no la tomé. No me resultó tan interesante como su música. Trabajé con mi propia historia, como hice anteriormente con «La consagración de la primavera». Otros coreógrafos hicieron cosas insólitas con esa obra de Stravinsky: Paul Taylor la convirtió en una historia de detectives, por ejemplo. En cambio, mis trabajos son más abstractos, como en «Carmina Burana» de Carl Orff, donde no conté una historia, pero aun así la obra tiene una sugerencia fuerte.

P.: «Flamma Flamma» alude al fuego.

M.W.: Para mí esa referencia está relacionada con el Fuego creador que cada uno tiene. No está personificado en ningún bailarín, pero está presente en casi todas las escenas.

P.: ¿Cómo reflejó el espíritu tribal de este oratorio?

M.W.: Es muy rica en melodías, ritmos y sugerencias. Tiene climas dramáticos y escenas muy bailadas, y éstas incluyen danzas tribales. Hay muchos dúos, tríos, quintetos, solos y cuadros grupales. Hay mucha energía. Los coreógrafos invitados trabajan con grupos de 10 ó 12 bailarines; en cambio, yo siempre meto a toda la compañía. Son 30 bailarines -16 chicas y 14 varones- y eso suma esa energía en el escenario.

P.: ¿Eso tiene que ver con la obra?

M.W.:
Sí, y con que hace mucho que no estreno una obra de este calibre. Desde «La tempestad», hace 5 años.

P.: Usted relacionó «Flamma Flamma» con «Carmina Burana», uno de sus trabajos coreográficos más elogiados.

M.W.: También la puedo asociar a «Travesías», una obra que hice con música étnica y folklórica, relacionada con la tierra. «Flamma Flamma» es mucho más intensa y dramática, y también más intelectual. Aquí se escuchan orquestas inmensas, coros y seis voces lírícas, como la de un bajo que suena con densidad y que contrasta con unas voces femeninas, muy agudas y nasales, que cantan en alguna lengua africana. Otras parecen búlgaras.

P.: ¿Se va a estrenar «El mesías» en México?

M.W.: Sí. El 18 de noviembre en el Palacio de Bellas Artes con la Compañía Nacional de México. Es equivalente al ballet del Colón, pero ellos tienen más de cien bailarines. Ya trabajamos juntos en dos ocasiones y los montajes son un poco más lentos porque no están acostumbrados a un vocabulario contemporáneo. Es como si yo pretendiese montar una obra clásica con nuestro Ballet Contemporáneo, tendría que prepararlos con más tiempo. En Europa, algunas compañías están acostumbradas a pasar de lo contemporáneo a lo clásico y viceversa, pero las compañías latinoamericanas no, y en esto incluyo al ballet de Santiago de Chile y al de nuestro Teatro Colón.

Entrevista de Patricia Espinosa

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