27 de junio 2012 - 00:00

Washington apuesta al bajo perfil

Washington - Estados Unidos se acerca con cuidado al Gobierno egipcio del presidente recién electo Mohamed Mursi, mientras responsables estadounidenses prevén una relación más complicada y menos predecible con la nación árabe.

El candidato de la Hermandad Musulmana fue proclamado el domingo como el primer presidente egipcio democráticamente electo, un año y medio después de que las fuertes protestas callejeras derrocaran al aliado estadounidense Hosni Mubarak.

A pesar del pasado islamista de Mursi, la confirmación de su elección dio un respiro al Gobierno del presidente Barack Obama, que temía que los militares no aceptaran su victoria y provocaran nuevamente el caos en Egipto. Por su parte el mandatario electo también brindó más tranquilidad tras alegar que será un líder para todos los egipcios y que honrará el tratado de paz firmado con Israel. Egipto es uno de los dos países árabes -el otro es Jordania- que hizo la paz con el Estado hebreo a través de un tratado bilateral firmado en 1979.

«Ha venido haciendo las declaraciones correctas a nivel privado y luego se lo ve diciendo las cosas correctas públicamente», afirmó la portavoz del Departamento de Estado Victoria Nuland a la prensa.

«Por lo que ahora cuando asuma y comience a trabajar, precisará poner en práctica esas promesas», agregó.

Estados Unidos ha apoyado a Mubarak durante los 30 años que se mantuvo en el poder, pero con este nuevo escenario analistas estiman que Washington deberá enfocarse en varios aspectos, incluyendo los militares que deben restringir el poder de acción de Mursi.

Obama se comunicó telefónicamente el domingo con Mursi y lo llamó a trabajar juntos «en la base del respeto mutuo». También conversó con el vencido en las urnas, Ahmed Shafiq, último primer ministro de Mubarak, y le solicitó a apoyar el proceso democrático.

Pero en línea con la postura asumida durante las protestas pro-democracia de la «primavera árabe», Obama intentó permanecer al margen para evitar acusaciones de injerencia estadounidense.

Sin embargo, tras bambalinas la administración Obama se mantuvo activa. El secretario de Defensa, Leon Panetta, telefoneó dos veces la pasada semana al jefe del Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas (CSFA), el mariscal Husein Tantaui, para solicitarle su apoyo a las elecciones, señaló el portavoz del Pentágono, George Little.

El general Martin Dempsey, jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas, conversó con su par egipcio, el teniente general Sami Hafez Anan, antes y después del anuncio de los resultados, dijo Little.

«La administración Obama se ha mantenido bastante en silencio en términos de lo que afirma o no, y creo que hubo cierta sabiduría allí», dijo Brian Katulis, del Center for American Progress, al destacar que «la posición pública a veces tiene impactos impredecibles».

Katulis destacó que las relaciones con Egipto pueden llevar la misma dirección que los lazos entre Estados Unidos y Turquía, donde el primer ministro Recep Tayyip Erdogan tiene un pasado islamista pero ha trabajado con Washington en asuntos que incluyen a Irak, Afganistán y Siria.

«No siempre se estará de acuerdo en algunos temas clave, sobre los que intentaremos continuar trabajando juntos», destacó.

Sin embargo, la administración Obama ha presionado a Egipto en varios puntos desde que Mubarak fue derrocado, incluyendo la persuasión a los líderes interinos para la liberación de 13 empleados de ONG, incluyendo seis estadounidenses, acusados de haber interferido en los asuntos políticos del país.

La secretaria de Estado, Hillary Clinton, también ha criticado con fuerza a los líderes militares egipcios por el trato que reciben las mujeres en el país, luego que se conociera un video en el que soldados rasgaron las ropas y golpearon a mujeres que portaban velo durante las manifestaciones.

No obstante, en marzo Clinton abrió el camino para reanudar la ayuda militar anual por 1.300 millones de dólares a Egipto, luego de que se cumplieran las condiciones impuestas por el Congreso.

Para el exdiplomático estadounidense Charles Dunne, analista del Instituto para Medio Oriente y director de los programas de Medio Oriente y Africa del Norte de la fundación Freedom House, afirmó que el Gobierno estadounidense podría hacer más para promover la democracia.

«Nos hemos metido en problemas constantemente por apoyar a Mubarak en la región. Eso no ha ayudado a nuestra reputación en Egipto y tampoco en otros lugares, y temo que eso no haya cambiado mucho tras la aprobación de esa ayuda militar», afirmó.

Los legisladores estadounidenses se apresuraron a demostrar su intención de trabajar junto al nuevo Gobierno egipcio.

Agencia AFP

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