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¿Y dónde está la sutileza?
Manuel Alexandre y José Luis López Vázquez salvan con oficio un par de escenas de «¿Y tú quién eres?», especie de institucional telenovelado sobre el Alzheimer que no convence a nadie.
A diferencia de Juan José Campanella y Sarah Polley que insertaron el tema del Alzheimer como parte importante de tramas más complejas en «El hijo de la novia» y «Lejos de ella» (con sendos capolavoros de Norma Aleandro y Julie Christie), el español Antonio Mercero optó por hacer una especie de institucional sobre la enfermedad. Un institucional telenovelado, para más precisión, empezando por el título.
Como en los institucionales (y en los teleteatros) «¿Y tú quién eres?» empieza ya con el solemne discurso que le asesta a sus padres Ana, la virtuosa hija mayor de la adinerada familia Rivero, cuando le informan que, como el abuelo Ricardo está mostrando signos de desvarío, lo van a dejar en un geriátrico especializado en lugar de llevarlo con ellos de vacaciones a San Sebastián. Sigue con los discursos de la enfermera y el médico del asilo sobre cómo tratar a este tipo de pacientes y la paulatina «concientización» de Ana, quien llevada por esos discursos pero, sobre todo por el amor que siente por su abuelo, decide abandonar los estudios para dedicarse a cuidarlo full time como corresponde. Cuando el padre le asesta el correspondiente discurso de desacuerdo, ella le retruca con otro discurso bienpensante. Y así sucesivamente.
En el medio, hay unas escenas entre Ricardo y su compañero de cuarto Andrés que, gracias al oficio de Manuel Alexandre y José López Vázquez, transmiten algo de la credibilidad, la simpatía y la emoción que Mercero intenta provocar en vano por otras vías (como cuando quiere meter humor a la fuerza). Hay también el despuntar de un amor entre la nieta y el médico imposible de creer. Por mucho que se esfuercen los jóvenes intérpretes Cristina Brondo y Monti Castiñeiras, nadie puede decir con naturalidad parrafadas que parecen copiadas directamente de un vademécum o de un manual de ayuda al familiar en problemas. Ni hablar de los llamados telefónicos del resto de la familia pasándola en grande en una playa en la que sólo falta música pop para explicitar todavía más la frivolidad de esta gente cuyo interés por el pobre viejo es ostensiblemente «pour la galerie».
Hablando de música, la banda sonora también reserva unos ¡chán! de película de terror para cada momento en que Ricardo cae en una ausencia. Por si fuera poco, Mercero le hace decir al protagonista en esos mismos momentos «¿Dónde estoy?» «¿Cómo me llamo?» y, desde luego, el tan temido «¿Y tú quién eres?».


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