17 de noviembre 2010 - 00:00

“Ya no se pueden hacer novelas asexuadas como las de Salgari”

Para el escritor hispano-mexicano, «llega un momento en que se dice: tengo la libertad, mis lectores me acompañan, no tengo por qué quedarme anclado en la novela policial, en la biografía o en la novela histórica».
Para el escritor hispano-mexicano, «llega un momento en que se dice: tengo la libertad, mis lectores me acompañan, no tengo por qué quedarme anclado en la novela policial, en la biografía o en la novela histórica».
El asturiano-mexicano Paco Ignacio Taibo II es considerado el creador de la nueva novela negra en español, género literario que lo llevó a ganar tres veces el Internacional Dashiell Hammett, entre otros muchos premios. Director de la famosa Semana Negra de Gijón dedicada a la novela policial, «que este año tuvo más de un millón de asistentes», según comenta, «y donde fue muy impactante la presencia argentina; sus autores ganaron 6 grandes premios. La potencia literaria argentina fue uno de los acontecimientos». Paco Ignacio Taibo II lleva escritas más de 40 obras, entre las que está su biografía «Ernesto Guevara, también conocido como el Che», considerada la más leída en el mundo. En un nuevo giro de su narrativa, con su libro «El retorno de Los Tigres de la Malasia», publicado por Planeta, retoma la novela de aventuras desde una perspectiva actual. En su breve visita a Buenos Aires, dialogamos con él.

Periodista: ¿Por qué escribir «El retorno de Los Tigres de la Malasia» le llevó 12 años?

Paco Ignacio Taibo II: Porque es un libro de cocina lenta. Hay libros de cocina rápida porque están claros, el período de tiempos que tardan es el que lleva escribirlos. Éste no. Iba acumulando pedacitos. Recogía recuerdos de mis lecturas de infancia, notas, un diálogo, durante once años fui acumulando textos y tenía unas ciento y tantas páginas. Manuscritos muy raros, llenos de pedazos sueltos. No encontraba el tono. Cuando se hace un libro así se corre el peligro de irse al pastiche muy fácil, de irse a la parodia, y no era eso lo que buscaba, todo lo contrario. Ni un pastiche ni una parodia. Qué va. La parodia es un género de salida, no de entrada. Quería épica pura y dura. Aventuras. Por eso tardé en encontrar el tono que me gustara. Y de pronto, cuando lo encontré, rematé el libro en cinco meses. once años para escribir cien páginas y cinco meses para las doscientas cincuenta restantes.

P.: Usted que se ha destacado en la biografía histórica actual y la novela policial, ¿pasa a la novela de aventuras porque siente suyas las formas de la novela popular?

P.I.T.: No tenga ninguna duda. Llega un momento en que se dice: tengo la libertad, mis lectores me acompañan en las aventuras en las que voy, no tengo por qué quedarme anclado en la novela policial, en la biografía o en la novela histórica, vamos a probar otra aventura y a ver qué pasa, un poco por provocar. Soy un provocador. Me atraía meterme en ese desafío. En la novela de aventuras como género popular conectaba dos sensaciones. Una de infancia, de los libros que me emocionaron y me divirtieron. Las historias de piratas, Sandokán y el Yáñez de Salgari. Y por otro lado me atraía el reto de cómo traer eso al Siglo XXI, cómo se moderniza. Escribí un Salgari, es cierto, pero un Salgari de Paco Taibo. Hay elementos que pedí prestados a Salgari, a Karl May, a Kipling, pero es mi versión y busca traer la novela de aventuras al lector de nuestros días. Quise decirle al joven, al adolescente que está leyendo novelas de aventuras muy light, para mi gusto muy descafeinadas, ven para aquí, ésta es la verdadera. Y al que hoy tiene 50 o 60 años, que gozó en su día leyendo novelas de aventuras, decirle: eso puede repetirse, no es parte de tu pasado. Ese fue el juego, intentar muchas cosas a un tiempo.

P.: ¿Por qué eligió como modelo a Emilio Salgari?

P.I.T.: Porque era «el escritor» de mi infancia.

P.: Y Salgari tiene, además, un vida caótica, de semimiseria, que acaba en la locura y el suicidio.

P.I.T.: Absolutamente novelesca. Lunático, buen ciclista, y buen duelista. Escribió sobre el planeta entero. Decía que había estado en la India, y nunca llegó más allá de la Liguria. Pero la decisión central que me hizo partir de Salgari es que las de Sandokán y Yáñez de Gómara eran mis novelas. De todas las que leí en la infancia eran la que de verdad me habían enloquecido de felicidad. Entonces me dije: ahí está, eso es.

P.: ¿Por qué en sus «Tigres de la Malasia» participan Darwin, Engels, Kipling?

P.I.T.: Y el Doctor Moriarty, el más malo de los malos.

P.: Moriarty viene del policial, de enfrentar a Sherlock Holmes.

P.I.T.: Yo me doy licencias, robo de donde quiero [Se ríe]. Pertenece al universo de lecturas de infancia al que apelé.¿Qué había ahí? ¿Qué era lo que más me gustaba? Para mi sorpresa, cuando pido prestado al Doctor Moriarty para construir el «Club de la Serpiente», el grupo de adelantados imperiales que quieren comerse todo y crean la conspiración en la que se ven envueltos los dos Tigres, descubro que Moriarty es un nombre, no tiene nada detrás. Conan Doyle no trabajó el personaje. Es una mención de dos líneas sobre «la telaraña del crimen». y no más que eso. No hay descripciones físicas, no hay historias, es una imagen nada más. Como no tenía nada para trabajar sobre Moriarty, tuve que inventármelo. Pedí prestado un nombre, y un mito, el del archienemigo. Me divertí rehaciendo a Moriarty, dándole una etapa de juventud y una muerte prematura. La verdad es que, si las cosas son como son en mi novela, no conoció a Sherlock Holmes.

P.: Usted que reescribe a Salgari, ¿cree que aún tiene lectores?

P.I.T.: Creo que no. En México hubo un intento de hacer una colección juvenil de sus novelas, y fracasó. Y me preocupaba que, a raíz de este libro, hubiera un retorno a Salgari, porque van a quedar decepcionados. El Salgari que leyeron no es el que van a leer. Aquel Salgari sigue siendo para niños más que para adolescentes. Es a veces muy kistch, muy naïf. Maravilloso a ratos por la forma en que trata las aventuras, pero sus libros están repletos de diálogos innecesarios. Trabaja dentro de las convenciones de lo que era la literatura para jóvenes de esa época: sin sexo, sin malas palabras. Con un montón de virtudes, sin duda. Una extraordinaria imaginación, buenas descripciones de paisajes, creación de atmósferas muy potentes, pero poca densidad en los personajes, parlamentos innecesarios, ausencia de elipsis. Todo corre en la misma línea. No hay preocupación formal por el lenguaje. Salgari me ha planteado problemas muy simples. ¿Cómo Yáñez puede ir al abordaje de una nave pirata gritando: cáspita? Dirá: la de su madre, mierda, a por ellos. Había que poner eso, e introducir el sexo. No se pueden hacer novelas asexuadas como las hacía Salgari. Entiendo por qué las hacía, los límites del personaje, pero otra es la historia.

P.: ¿Por qué su biografía de Guevara es una de las más leídas?

P.I.T.: Ahora sale una nueva edición, corregida y aumentada. Con 100 páginas más y 453 fotos, porque, a diferencia de las novelas, los libros de historias están vivos y hay que irlos revisando cuando se acumula información extra que ameriten cambios. En este caso tenía mucho material que me parecíó interesante incorporar. Hasta ahora mi «Che» lleva vendidos algo más de un millón de ejemplares en 28 países.

P.: ¿Cuál es la clave para que tenga tantos lectores?

P.I.T.: Supongo que porque es ecuánime, muy justa con el Che, conmigo mismo y con los lectores. Intenté escapar de cualquier intento de hagiografía o biografía edulcorada, pero a la vez no intenté escapar de la magia del personaje. Es indudable que es una biografía de Guevara escrita por alguien que siente una extraordinaria afinidad por el Comandante. Es la figura de mi adolescencia, de mi juventud, el tipo que dijo que había que jugarse por América Latina. Aciertos y errores colocados en el contexto de la historia. Guevara no es un manual para que se lea ni una camiseta para que se lleve puesta, es un personaje, vivió y había que contar cómo.

P.: ¿Qué está escribiendo después de «Los Tigres»?

P.I.T.: No lo se. Tengo unos 10 proyectos empezados. Coqueteo con todos. Escribo 2 líneas en uno, 3 en otro, releo. Tengo en mi casa dos oficinas. Una para la historia y otra para la ficción. Cambiar de ambiente me permite distintos trabajos. Fue así: mi hija se casó y me quedó un cuarto libre. Mi oficina estuvo siempre en la entrada de la casa. Mientras escribía atendía al que llegara. El cuarto que era de mi hija está aislado, en el piso de arriba. Tener dos oficinas me llevó a tener proyectos simultáneos. Siempre he trabajado con muchas historias a la vez, hasta que una me dice: ya estoy lista, vamos, como ocurrió con «Los Tigres». Tengo una novela policial que lleva cien páginas, y muy avanzada una investigación sobre la verdadera historia de la Batalla del Álamo, tantas veces llevada al cine estadounidenses, sólo tengo que sentarme a redactarla. Una de las dos saldrá muy pronto.

Entrevista de Máximo Soto

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