23 de marzo 2010 - 00:00

Zapatillas chinas: medida que golpea a sectores populares

El cierre de importaciones de calzado chino tendrá el efecto (llamativo para un Gobierno que pregona «la distribución del ingreso») de que los sectores populares se verán privados de acceder a zapatos y zapatillas baratos, y en sentido inverso los de mayor poder adquisitivo podrán comprar las últimas novedades de «high tech», los más caros del mercado.

¿Qué dicen los empresarios locales, principales beneficiarios de esta nueva medida proteccionista? Peor es nada. Es la postura asumida tanto por los fabricantes «argentinos» (la mayoría de ellos son en realidad filiales de sus casas matrices brasileñas) de zapatillas como por los importadores, ante la medida dictada por el Ministerio de Industria fijando un precio mínimo a los pares importados desde China.

Así, Capcica (la cámara que agrupa a marcas como Adidas, Distrinando, FILA, Grimoldi, Nike, Perchet, Sports & Adventure, Reebok, etc.), que fabrican pero también importan pares, dijo que la medida «permitirá expandir el sector, que podrá fabricar 5 millones de pares anuales que antes se importaban de China».

También la principal fabricante local de calzado, Alpargatas -controlada por el grupo brasileño Camargo Correa- dijo a través de un vocero que «la medida es importante desde el momento que termina con el problema de la importación de calzado subfacturado»; agregó el portavoz que están «buscando alternativas para evitar que el valor establecido como derecho se traduzca en la falta de oferta en algún segmento del calzado deportivo que, por cuestiones de escala, era necesario complementar con productos traídos del exterior».

La restricción impuesta por la ministra Débora Giorgi tiene el llamado efecto «Hood Robin», al penalizar la importación de los pares más baratos, o sea los que utiliza la población de menores ingresos. El piso fijado por el Gobierno es de u$s 13,38 valor FOB (unos $ 55), lo que se traducirá en un precio al público no inferior a los $ 150; cualquier par que ingrese al país por debajo de ese valor deberá pagar un impuesto equivalente a la diferencia.

Alto valor

En sentido inverso, la resolución abre las puertas a la importación de calzado de alta tecnología, cuyo valor no baja de los $ 400. Esto último es obviamente razonable, dado que las grandes marcas que elaboran calzado especial para practicar deportes (sea de alta competencia o para atletas de fin de semana) sólo los fabrican en un puñado de plantas en el mundo.

Esas plantas suelen estar en China por más de una razón: volumen de producción, incentivos fiscales, costos laborales ínfimos y cercanía con los proveedores de materias primas que -por las mismas causas- también están radicados en ese país.

La resolución de Giorgi cerró además una investigación sobre prácticas de dumping iniciada por la Cámara Argentina del Calzado, que reclamaba la prohibición lisa y llana de importar calzado desde China, aún el tipo de zapatillas que jamás podrían fabricarse localmente.

Según la CAPCIC, hasta ahora se importaban desde China cinco millones de pares de zapatillas por año, que ahora deberían ser elaborados por las industrias del país. De hecho, todas las marcas internacionales radicadas en la Argentina fueron tercerizando en plantas locales la producción de sus productos más simples, como el calzado vulcanizado (capellada de lona y suela de plástico) o las líneas más populares.

El año pasado, el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, intervino el mercado impidiendo no sólo la llegada de pares terminados sino también de partes que no se hacen en el país, lo que causó casi una parálisis en el sector. Desde hace algunos meses la intervención de Industria provocó la apertura de estas importaciones, y también de productos terminados.

Según datos de Capcica, la producción local de zapatillas creció un 70% respecto de hace tres años, con un total -entre zapatillas y zapatos- de 148 millones de pares vendidos por año. Nada se dice de la calidad de productos en precios de la fabricación local. El consumo per cápita está cercano a los cuatro pares anuales. De esa cifra el año pasado llegaron desde China 6,3 millones de pares; ahora, la medida provocará que esa cantidad caiga a menos de 1,5 millón, según estiman los empresarios del sector. El «gap» será llenado entonces por los productores locales, no necesariamente a precios que los compradores de menores recursos podrán afrontar.

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