En lo que va del año el Banco Central (BCRA) viene pagando más de $6.500 millones por día de intereses. No hace falta decir cuántas cosas se pueden hacer con dicha suma. Tampoco se le puede caer al Presidente, pandemia mediante, por su promesa de campaña sobre los destinos de las Letras de liquidez del BCRA (Leliq). Pero la cifra sí da una idea del descalabro monetario que sigue imperando, amén del fiscal y cambiario. Lo cierto es que al igual que en Nueva York los estadounidenses tienen un cartel, “The National Debt Clock”, que va contabilizando diariamente la evolución de la deuda pública y cuánto representa por familia, en la City porteña o en la Plaza de Mayo, podría haber un reloj, o más bien, un taxímetro que mostrara los intereses que devenga la deuda remunerada del BCRA. Es que al cabo de casi los primeros 9 meses del año, el BCRA acumula un devengamiento de intereses de casi $1,7 billones, esto equivale a un 42% de la base monetaria.
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Ocurre que el stock de la deuda remunerada del BCRA, compuesta principalmente por Leliq y Pases, ya supera los $8 billones, lo que es un 200% de la base monetaria. Semejante masa de deuda ahora está corriendo a una tasa de interés nominan del 75% anual. De modo que, si llegara a permanecer en este nivel, solo en el último trimestre los intereses serían aproximadamente $1,6 billones más. Así en el año totalizarían más de $3 billones. El tema es que tras dos años de pandemia y pospandemia, en 2022 el BCRA arrancó con un stock de deuda remunerada de más de $4,75 billones, entre Leliq, Pases y otras Letras y Notas. Esta deuda estaba sujeta a una tasa de interés del 38 y 32% nominal anual respectivamente.
De esta manera el taxímetro mensual de los intereses marcaba más de $116.000 millones. Pero no solo la deuda fue creciendo, de la mano de las distintas intervenciones del BCRA, por ejemplo en el mercado de bonos, de futuros de dólar y otras más, ahora como la del dólar soja, sino también vía la asistencia al Tesoro. Así pues, el stock de deuda remunerada del Central trepó al cabo del primer semestre a más de $6,763 billones. Pero simultáneamente el BCRA fue, por ese entonces, ajustando gradualmente las tasas de interés que pasaron a niveles de 52% y 40,5% para Leliq y Pases respectivamente.
Ya entrado en el segundo semestre, mientras los ruidos políticos y económicos se exacerbaban junto con los cambios de ministros, la deuda pasó a fines de agosto a más de $7,11 billones y las tasas al 69,5% y 64,5% anual respectivamente. Según el último dato disponible del BCRA, el stock de deuda ya supera los $8,35 billones al día 22. Pero las tasas a las que ahora están pactadas estas acreencias son del 75% y 70% anual respectivamente.
Perspectiva
Quizás estos montos suenen irrelevantes, por ejemplo en términos del PBI, dado que vienen representando aproximadamente un 3% del PBI. Sin embargo, si se toma una perspectiva más amplia es casi equivalente a la meta de déficit primario pactada con el Fondo Monetario (FMI). Además, estos fondos que el BCRA, recapitaliza principalmente con la entrega de más deuda a los bancos, no es más ni menos que una oferta de crédito inmovilizada.
Es decir, la contraparte de esta deuda en fundamentalmente los depósitos de familias, empresas e incluso del sector público. De modo que podría haberse canalizado hacia el crédito privado. Pero claro el temor a una mayor escalada inflacionaria no dejó más remedio al BCRA presidido por Miguel Pesce a aspirar todo el sobrante de pesos emitidos y encapsularlos en Pases y Leliq. En algún momento habrá que desactivar esto, por el momento, no luce a la vista ninguna salida pronta. Pero tarde o temprano, algún funcionario deberá hacerse cargo y sanear el balance del BCRA. Por ahora parece que nadie quiere cortar el cable rojo y el taxímetro de los intereses sigue funcionando 24 x 7.
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