En un contexto de apogeo de la producción de series y películas para plataformas, la Argentina vuelve a sumar un punto a favor con “El encargado” que debutó el fin de semana en Star + de Disney. Son muchos los factores que inciden en un resultado auspicioso: la autoría y dirección de Mariano Cohn y Gastón Duprat, a quienes se convocó para hacer lo que mejor saben: retratar con acidez y humor a un puñado de personajes de clase media alta porteña, tal como se vio en “El hombre de al lado” y “El artista”.
“El encargado”: Francella y Goity, otra vez el dúo perfecto
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En “El encargado”, que la plataforma estructuró en once capítulos de 25 minutos, el conflicto está centrado en dos arquetipos: así como en “El hombre de al lado” se enfrentaban un diseñador snob con un vendedor de autos “grasa”, aquí se traza una sátira exquisita entre los propietarios de un edificio de gente bien versus el encargado aparentemente bonachón que no hizo más que trabajar para ese consorcio durante treinta años y al que planean echar para construir en su vivienda una pileta.
El entramado de personajes es disfrutable, comenzando por Guillermo Francella como el portero, en una composición que lo muestra ambiguo y con múltiples máscaras.
Gabriel Goity como el presidente del consorcio, egocéntrico y avasallante, se convertirá en el Judas de Eliseo (Francella). De modo repentino, el encargado pasa de ser el salvador y arreglatodo a un enemigo interno y amenazante que conoce a la perfección los movimientos de los vecinos y puede usarlos para beneficio propio. Su plan maestro para que no le saquen su casa y evitar el despido deja expuesto un personaje lleno de matices: además de mentiroso y corrupto se muestra en su más íntima soledad. Es a la vez héroe y villano, mentiroso y solidario, pero nunca pierde de vista actuar según su conveniencia para sacar provecho.
Los conflictos de un consorcio de propietarios fueron abordados en varias oportunidades, desde la desopilante comedia negra “La comunidad” de Alex de la Iglesia hasta la obra teatral de Juan José Campanella, “¿Qué hacemos con Walter”, entre muchas otras. En “El encargado” queda expuesto el edificio como mosaico de gustos, deseos, temores, que el portero no quiere para sí y desprecia. Hay resentimiento en su mirada pero también atribuciones propias de un oficio como el de portero que no se replica en ningún otro país del mundo.
Francella está caracterizado con canas, joroba, barriga y desaliñado, es calificado por muchos como “rarito” o confianzudo y no comprenden sus motivos al rechazar una indemnización disponible de medio millón de dólares para mandarse a mudar. Sin embargo, la respuesta está acaso en el goce de complicar la vida de aquellos a quienes ayudó durante tres décadas.
Además de los dos sólidos antagonistas, son varios los personajes que vuelven disfrutable la serie: Darío Barassi como el responsable de seguridad; Gastón Cocchiarale como el asistente de portería; Pochi Ducasse como Doña Beba, la propietaria más antigua; Martín Seefeld como el sobrino de Doña Beba; Mirtha Busnelli como una artista plástica que fue una celebridad; Jorge D’Elía como un brigadier con arresto domiciliario que es el vecino más temido y Moro Anghileri como una niñera, entre otros.
Al hurgar en los motivos del protagonista para insistir en su plan maestro aparece su verdad: Eliseo se siente Dios en ese ámbito familiar y manipulable por él a su antojo. Si cambiara, perdería su vida, que podrá parecer lejana a la panacea pero es la que conoce y no está dispuesto a abandonar.

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