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11 de abril 2007 - 00:00

A los 90 años, "La cumparsita" sigue rodeada de misterio

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El presidente de la Cámara de Diputados bonaerense, Ismael Passaglia, entrega el libro conmemorativo a China Zorrilla, Mariano Mores y Osvaldo Miranda.
Curiosa historia la de «La cumparsita», el tango de todos los tangos, el que más versiones y grabaciones tiene, el que se identifica como la más emblemática de las canciones argentinas. Por estos días -más precisamente en la semana del 16 al 22 de abril-, se celebrando los 90 años de existencia de la canción de acuerdo con lo decidido por la Cámara de Diputados del Uruguay. En la Argentina también hay festejos y recuerdos varios.

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Anteanoche se presentó en la Casa de la Provincia de Buenos Aires el libro «La cumparsita 90 años. El himno del Río de la Plata», editado gracias a un auspicio de la Cámara de Diputados bonaerense. Habrá conciertos-celebración el sábado 21 de abril en Bragado -ciudad de nacimiento de Enrique P. Maroni- con la orquesta de Mariano Mores, y el domingo 22 en Chivilcoy -lugar donde nació Pascual Contursi-con la agrupación de Beba Pugliese. El martes 24, la Orquesta del Tango de la Ciudad tocará en la Esquina Homero Manzi después de la proyección de un video sobre esta pieza producido por el SECYT. Y además del apoyo oficial que llegó para la producción y edición del libro, todos estos actos cuentan con el auspicio del Ateneo Porteño del Tango.

Sin embargo, ni «La cumparsita» nació como un tango, ni fue en abril, ni sucedió en 1917, ni fue creado en la Argentina, ni ha sido siempre unánime su aceptación. Mientras Francisco Canaro escribió que «...tiene la particular virtud de que la estructura de su música se presta maravillosamente a ser enriquecida por orquestaciones de mayor vuelo, todo le viene bien a 'La cumparsita': armonías para violines, variaciones de bandoneones y otros importantes instrumentos, además de otros atrayentes efectos musicales, que los orquestadores y directores aprovechan hábilmente para lucimiento de su respectivo conjunto». Pero Astor Piazzolla, con su afán por las controversias, llegó a decir que era «lo más espantosamente pobre del mundo».

Su historia, o al menos las distintas versiones sobre las que discuten los «tangólogos», señala que la melodía de sus dos primeras partes fue escrita -o, en rigor, creada- por el uruguayo Gerardo Matos Rodríguez entre 1915 y 1916 para la comparsa de carnaval de ese último año, organizada por la Federación de Estudiantes del Uruguay.

También hay bastante certeza respecto de que la primera grabación por el grupo de Roberto Firpo habría sucedido ese mismo año. Aunque hay otras tres versiones tempranas, ya en 1917: la de Juan Maglio «Pacho», la de Alonso Minotto y la del trío Cobián-Fresedo-Roccatagliatta. También es de 1916 -en una edición de la casa Arista y Lena de Montevideo- la primera publicación de la partitura, que sólo se habría editado en Buenos Aires al año siguiente, en este caso por la editorial Breyer Hermanos.

Volviendo a la creación de Matos Rodríguez, se dice que fue el pianista Carlos Warren quien colaboró en darle forma a la partitura, y que fue Firpo quien la completó agregándole la tercera parte -el «trío»- del que carecía. Tanto, que Firpo intentó sumarse como autor, cosa a la que el por entonces joven Matos Rodríguez se negó.

Nacida entonces como marcha de carnaval, incompleto para lo que era la forma tripartita de la Guardia Vieja -ya en la Guardia Nueva se estandarizarían los tangos en dos secciones-, la pieza quedó unos cuantos años en el olvido. Eso fue hasta 1924 cuando, sin pedir autorización al compositor, los argentinos Pascual Contursi y Enrique Pedro Maroni le agregaron una letra -escrita en su primera parte sobre el contracanto y no sobre la melodía principal-, la rebautizaron «Si supieras» y la incluyeron en el sainete «Un programa de cabaret», estrenado en el viejo Teatro Apolo, para que la cantara Juan Ferrari.

Claro que la verdadera trascendencia llegó cuando la grabó Carlos Gardel en 1924 en Buenos Aires, y cuatro años más tarde en Barcelona. Estos cambios -la inclusión de una letra, las modificaciones en su estructura melódica- enfurecieron a Matos Rodríguez. El mismo le puso otro texto, que sumó a la edición de la partitura en 1926 -aquella que comienza «La cumparsa /de miserias sin fin desfila...», prácticamente desconocida por el gran público- y comenzó una larga batalla legal para quitar del medio las palabras de Contursi y Maroni.

Esto no fue posible porque el resultado artísticoera bueno y porque ya se había instalado con fuerza en las audiencias de entonces. Y vino el contraataque. En 1932, ya con Contursi fallecido, su viuda y Maroni comenzaron un pleito para que se les reconocieran los derechos por la letra. La solución llegó muchos más tarde.

Francisco Canaro, presidente de SADAIC, emitió su laudo arbitral al que se habían sometido las partes, quedando zanjadas las cuestiones referentes a los porcentajes por derechos de ejecución, fonomecánicos y de inclusión en películas. Y también se determinó que en las futuras ediciones deberían registrarse las dos letras referidas, con exclusión de las de cualquier otro autor.

Este último párrafo tiene que ver con que existenunas cuantas otras letras que nunca llegaron a popularizarse: una del uruguayo Alejandro Del Campo de 1926, otra de Augusto Mario Delfino -que algunos historiadores consideran en verdad la primera letra escrita-, y otra -en inglés- escrita por Olga Paul editada en 1937 en Nueva York con el título «The masked one».

Nacida como marcha instrumental carnavalescaen Montevideo, duramente criticada por Piazzolla -quien sin embargo la grabó varias veces-, con una letra -la más conocida-introducida a la fuerza, popularizada en la Argentina y en el mundo por Carlos Gardel (para muchos, otro uruguayo), primitiva en su estructura musical, «La cumparsita» tendría algo más de 91 años.

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