«Pared MADI», escultura de aluminio pintado de Martín Blaszco, parte de una muestra que también incluye oleos, collage y dibujos, todos con el dinamismo que caracterizan al artista de 88 años.
Para tener una idea de cuándo apareció Martín Blaszko (Berlín, 1920) en el panorama artístico argentino se puede leer -o releer- «El Arte Concreto en la Argentina en la década del 40» de Nelly Perazzo, la primera exhaustiva investigación sobre este movimiento. En ella, la autora señala, entre otras cosas, que «las vanguardias de la década del 40 con su potente cuota de novedad no estaban unificadas. Maldonado lideraba la Asociación de Arte Concreto Invención y el Grupo Madí compuesto por Kosice, Arden Quin, Rhod Rothfus, Martín Blaszko, entre otros, que después de 10 años se escindiría».
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MADI adquirió renombre nacional e internacional, sus búsquedas alternaban lo lúdico, la fantasía, lo inventivo y su objetivo, según Blaszko, era «crear un arte que ayudara a la gente a escapar del caos de sus instintos». Hoy, confiesa el artista, esto no es posible.
Aún se discute el origen de la palabra. ¿Son letras de los nombres CarMelo ArDen QuIn? ¿Es una abreviatura de Materialismo Dialéctico? o ¿a lo mejor se refiere a Madrid?. Como todo esto es ya historia, lo importante es centrarse en la actual exposición de este vital artista de 88 años, efusivo, inquieto, nervioso e impaciente que se impresionó por la claridad, la frialdad y el rigor de ejecución de Arden Quin, «el equilibrio que necesitaba».
Se ha señalado que después de MADI, su obra se desdibuja y con excepción de una monografía de 1981, prácticamente se lo olvida. Sin embargo, su tarea ha sido prolífica y ha estado presente en importantes muestras nacionales e internacionales, entre ellas, «Latin American Artists of the XX Century» (MOMA, Nueva York), Sevilla, Centre Pompidou (París), Museo Ludwig (Alemania), la Feria de Arte de Basilea (1990) o la instalación de «El Canto del Pájaro que vuela en las Colinas» en Utsugushi-Ge-Hara Open Air Museum (Japón, 1991). En 1996 estuvo representado en el Centro Reina Sofía de Madrid y recientemente en el MADI Museum de Dallas. En la exposición en la Galería Laura Haber (Juncal 885) hay obras como «Pórtico» de 1949 y 1953, bronces, formas horizontales, abiertas, delgadas, que se entrecruzan, ritmo dinámico, de continuo movimiento. En «Torre MADI», de 1948, explora la verticalidad, introduce el concepto de bipolaridad: desde dos polos opuestos poner dos fuerzas antagónicas. «Homenaje a los Andes» ( 1969), «Hacia una Ilusión»(19679, «Lo eterno femenino» (1966), corresponden al concepto de masa pesada, contundente, cerrada. Se ve cómo el artista va y viene por distintos momentos de la escultura, sobre todo las que acabamos de mencionar, cuando Blaszko redescubre a Rodin.
En los 80 trabaja con aluminio pintado, lo que le permite elevar planos livianos que a su vez se entrecruzan, «Júbilo» (1976) y se proyectan al espacio que en otros casos es atravesado. Vale citar al artista respecto al tema de la monumentalidad: «Esto no es una cuestión de altura sino de organización interna de las formas y las sensaciones que el artista refleja en la escultura». Por otro lado, Blaszco siempre pensó la escultura para ser emplazada en el ámbito público: «Yo no veo la escultura en el ámbito de un museo; la gente tiene sed de integrarse; de comprometerse corporalmente».
La muestra incluye óleos, collage, dibujos, todos con el dinamismo y el ritmo de su quehacer escultórico.
En 1960 Germaine Derbecq, directora de la mítica Galería Lirolay, escribió que su fe en la escultura le fue revelada, iluminó su camino y a la que se entregó en cuerpo y alma con la serenidad del estado de gracia, palabras que hoy reafirman la validez de la obra de este gran artista. Clausura el 3 de junio.
A veces no queda más remedio que apelar a ciertas expresiones muy transitadas por la crítica de arte, entre ellas, pintura de cámara, delicadeza del trazo, levedad en la ejecución, el artista apenas posa el pincel sobre la tela, su obra revela un espíritu calmo, se trata del placer de pintar.
Todo esto puede aplicarse a la pintura de Adriana Gibello, que realiza su primera muestra individual en la galería de arte Alejandro Bustillo del Banco Nación (Rivadavia 325 P.B. Hall Principal). Aunque el término hoy pueda parecer anticuado, la pintura de Gibello es exquisita, un entramado de líneas en la que se generan ritmos diversos en el espacio, la artista señala que es «casi un bordado sobre la tela» y en cuanto a su imagen , se la puede calificar como una geometría estilizada, sutil, con fondos velados y un manejo colorístico que sólo pueden lograr algunos artistas inspirados.
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