Roberto de Candia, forzado a una actuación vulgar, y Elena Belfiore, insuficiente
Rossina, en «El barbero de Sevilla» de Rossini.
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Si no era la idea o la concepción escénica, entonces se va por mal camino. Cuando el texto habla de tutor, pupila, tinta y pluma para escribir cartas, entre otras referencias directas en uso en la época, y en escena se observan automóviles, teléfonos, hippies, bomberos, etc. o se hace mención a la rapidez en que bajarán por la escalera del balcón y los tres protagonistas del trío están ya en la calle, algo raro pasa.
Este intento de comedia descartable, con escenarios esquemáticos y movimientos bailables que van desde contorsiones a lo Ricky Martin (los del barítono Un director de rutina,
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