23 de noviembre 2000 - 00:00
Aburrida secuela de film de terror
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Subiéndose a la ola del terror teenager de «Scream», la primera «Leyenda urbana» había logrado una mezcla quizá no muy coherente, pero sí climática y entretenida. Luego del éxito de taquilla consiguiente, la secuela era inevitable, y el director John Ottman intentó ser original: su continuación casi no es una secuela, sino una excusa desvergonzada para que unos estudiantes de cine elaboren distintas escenas de asesinatos basados en mitos urbanos sin saber que un psicópata los está vigilando para exterminarlos.
Como una especie de Quentin Tarantino poco inspirado, Ottman intenta combinar homenajes cinéfilos mientras narra una trama muy poco atractiva. Los constantes afiches de clásicos del terror no sirven para levantar el nivel de la película, pero Ottman persevera para que cada fan del género pueda reconocer algún gag, alguna referencia a un personaje o película clásica o rara del cine de terror.
En el medio del caos, logra insertar alguna escena intensa, como la que tiene que ver con el mito de la persona que va a una disco y amanece en una bañera llena de hielo, operado y con un órgano menos. Pero las escenas de «cine dentro del cine» son muy obvias, y la mayoría de los actores jóvenes son incapaces de aportar algo de carácter al resultado final. La primera película incluía algunos veteranos del horror en el cast (Robert Englund, Brad Dourif), pero lamentablemente esta secuela no consiguió nombres tan interesantes para apuntalar sus artificiales referencias cinéfilas. Lo más rescatable es una banda sonora que incluye viejos temas de Max Steiner y que culmina con la inconfundible música de la serie de TV «Alfred Hitchcock Presenta».

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