29 de marzo 2009 - 19:55

«Agente Internacional»

Aunque la actuación de Clive Owen es sólida, a su justiciero le faltan matices; Armin Mueller-Stahl, en cambio, logra hacer creíble un personaje tan difícil como la tesis conspirativa del film.
Aunque la actuación de Clive Owen es sólida, a su justiciero le faltan matices; Armin Mueller-Stahl, en cambio, logra hacer creíble un personaje tan difícil como la tesis conspirativa del film.
«Agente Internacional» (The International, EE.UU.-G.Bretaña-Alemania, habl. en inglés). Dir.: T. Tykwer. Int.: C. Owen, N. Watts, A. Mueller-Stahl, U. Thomsen.
Más que la trama, atrapa la acción

Siempre hay algo que inventar aún en un género tan transitado como el thriller. En esta nueva película del director de «Corre Lola corre» el villano no es ni un narcotraficante, ni la mafia rusa, ni ningún archivillano al estilo James Bond. O pensándolo bien, quizá sí, ya que «Agente internacional» tiene como ente maligno a una entidad financiera, más precisamente, un banco.
Es un banco que hace negocios con armas fomentando los conflictos bélicos, los golpes de estado en naciones del tercer mundo, por no hablar de los asesinatos a candidatos políticos europeos o los asesinatos a granel de gente que sabe demasiado y podría llegar a hablar. Por supuesto estos asesinatos están disfrazados de accidentes raros, o realizados con venenos que no dejan prácticamente rastro alguno.
Justamente con uno de estos casos venenosos empieza esta película, que luego de la excelente escena inicial va desarrollando su intrincada trama con cierta frialdad. Por suerte el asunto se va calentando a medida que se acumulan los asesinatos y las escenas de acción y suspenso.
Clive Owen es un agente de Interpol decidido a desenmascarar las múltiples actividades ilegales del banco en cuestión y Naomi Watts es la fiscal neoyorquina que lo asiste en su investigación imposible, dificultada por todos los funcionarios corruptos comprados por el banco.
La primera mitad de la película describe sus pesquisas por medio Europa (Alemania, Francia, Luxemburgo), pero es en Italia donde la acción explota y el film se simplifica un poco, dando lugar al menos a una escena de acción memorable, un tiroteo especialmente violento en el Museo Guggenheim filmado con un ojo puesto en hacer jugar la arquitectura del lugar (esta escena por sí sola justifica el precio de la entrada).
La actuación de Clive Owen es sólida, pero lamentablemente el personaje no tiene matices muy interesantes, defecto que en cierto modo se le puede atribuir a toda la película, muy bien filmada pero un tanto desapasionada. Un acierto es el personaje de asesor de inteligencia del banco que compone con su talento habitual Armin Mueller-Stahl, quien logra humanizar y volver creíble un personaje tan difícil como toda la tesis conspirativa que alimenta una película interesante, pero con altibajos.

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