• En «Sin código» de «Canal 13», Adrián Suar ya interpretó a un samurai, a John Travolta, a un rugbier, y sólo faltaba que ahora atravesara la etapa «amanerada», generada por un disparo que le rozó los genitales y derivó en un desorden hormonal (ya cuando lo hacía Hugo Arana en «Matrimonios y algo más», hace veinte años, era antiguo). Tan es así que convocó al relacionista público y personaje «de la noche» Oggi Junco para que condujera cual Roberto Giordano un desfile en la pasarela. Terminaron conversando animadamente sobre sus condiciones sexuales compartidas. Se comprende por qué cae la tira de prime time del canal del monopolio.
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• El triunfo del club Boca Juniors el miércoles para campeonar en el torneo local calmó a enojados simpatizantes de ese club con los locutores y analistas televisivos que participaron en la transmisión de sus últimos partidos. El enojo comenzó con Fernando Niembro y Mariano Closs cuando el martes 6 transmitieron, desde México, el primer partido de la Copa Sudamericana contra «Los Pumas» de ese país, que se definirá este domingo. «Parecían mejicanos contra Boca», decían enojados adictos al club porteño. En verdad, daban la impresión de que ambos desearan que el equipo argentino perdiera. «Fíjese como critican a Schiavi -defensor de Boca- le adjudican jugar fuerte en los torneos locales cuando juega impecable, nunca lo echaron ni llegó a las 5 amarillas (en el torneo reunió sólo 3) siendo última instancia». Para colmo tras las críticas de Niembro y Closs el mismo jugador le dio con un rodillazo, poco ortodoxo dicho sea de paso, un empate más que valioso a su equipo. En Closs ¿será porque ya no está de entrenador de Boca Carlos Bianchi que estuvo a un paso de ser su suegro?
• En Niembro ya se sabe que se lo considera más un hábil conductor televisivo de shows de fútbol que buen analista de un partido y en todo los programas de bloopers se pasan sus críticas iracundas primero al entrenador de la selección, José Pekerman cuando lo designaron, y sus halagos despues. «Por supuesto si le va mal a la selección nacional de fútbol, en Alemania en junio, reflotará la primera parte. Y si le va bien la segunda», agregan los que no lo quieren. A Niembro, sin embargo, se le reconoce que no es frío comentarista, atemorizado por presunta pérdida de objetividad, cuando una jugada o un jugador se ven como excepcionales de cualquier equipo. Su conocida frase «¡qué jugador!» gusta a quienes ven fútbol porque le quita frialdad -como antes hacía Victor Hugo Morales con su famoso «ta,ta,ta,ta...¡gol!, y porque no discrimina por camiseta cuando algo lo entusiasma.
• El enojo de los boquenses se extendió este miércoles pasado al veterano comentarista Macaya Márquez, un hombre que ya hace años poco le aporta a los televidentes con sus comentarios demasiado obvios sin agregar más que de lo que vieron y su famosa acotación de que cada vez que hay un gol normalmente en él no es mérito del autor sino «falla de la defensa». El miércoles pasado también estuvo demasiado duro con Boca -aquí el narrador del partido fue totalmente neutral, eso sí- y caía un poco en la ingenuidad al quejarse porque no se veía buen fútbol, cuando raramente se ve -excepto Brasil- en finales con jugadores tensos donde se dirime un primer puesto y campeonato. Aquel Marcelo Araujo, que desacartonaba la transmisión de TV de cualquier partido -más valioso cuando controló sus malas palabras- ganará dinero en juicios laborales, pero se perdió la gloria (hoy vegeta en «Canal 7» en programas sin público). Y la gente que ve fútbol por TV lo extraña.
• Marley volvió con «Por el mundo», el programa con el que viaja junto a modelos y vedettes para comer bichos y lanzar risotadas por nada. El debut fue junto a Florencia de la V en Los Angeles y en lugar de mostrarle algún lugar pintoresco al televidente, sólo siguió festejando cada torpeza que cometía. Fue obvia la búsqueda desesperada por el chiste, que sólo genera bloopers forzados.
• Una locuaz Mirtha Legrand recibió al grupo electro-pop «Miranda» en «América» y, muy intrigada, lanzó la primera pregunta: «¿Son gays?». Visiblemente sorprendidos pero entre risas, respondieron acorde a su rigurosa estrategia de marketing: «Nos confunden y no nos molesta».
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