28 de marzo 2008 - 00:00

"Bailé hasta danza del vientre para filmar"

"Hay más autos", fue la primera observación de la directora Alice Nellis, de vuelta en Argentina, donde en el 2001 trajo una comedia de resonancias políticas. Ahora trajo «Secretos», relato femenino con otro tipo de resonancias, que abrió anoche, en el Gaumont, una Semana de Cine Checo integrada asimismo por la comedia «Botellas retornables», de Jan Svérak, «Grand Hotel», de David Ondricek, « Insanía», del experimentalista Jan Svankmajer, «Una noche en la ciudad», del animador Jan Balej, «El duende», comedia grotesca de Tomás Borrel, e «Historias de una locura común», de Petr Zelenka.

Charlamos con Alice Nellis. oprimidos. Quizá ahora estemos mejor, sintiendo que actuamos, y negociamos, de igual a igual. Ambos países hacemos muchas cosas juntos. Y ambos pueblos somos igual de haraganes.

Periodista: Usted causó acá cierta sensación en el 2001.

Alice Nellis: La causó el film, «Ene Bene», una sátira donde alguien manipula los votos por razones puramente personales, pero provocó toda una discusión política, por cosas que estaban pasando acá. La gente se quedó discutiendo entre las butacas más de una hora. Mi segundo film, «Výlet», tiene menos excusa política, aunque plantea el tema de la separación con los eslovacos, que afecta a muchas familias con parientes de ambos lados. Entiendo que aquí ganó un premio Fipresci, pero nadie me lo hizo llegar.

P.: ¿Por qué se separaron?

A.N.: Nosotros no queríamos, pero ciertos grupos eslovenos se sentían

P.: Volviendo al cine: ¿por qué, con «Secretos», se interesó en la crisis de una mujer de 50? Usted es todavía mucho más joven.

A.N.: Gracias por el cumplido, pero ya voy para los 40. Igual supongo que la crisis de mi personaje se puede tener a cualquier edad, cuando se plantea el sentido de su vida, sin una religión, un motivo de lucha, o un deseo de maternidad que te sostenga. La mujer de mi película está materialmente cubierta, ya tiene una hija grande, no quiere tener otra, y no siente que su vida esté tan clara como cuando era niña. No me parezco demasiado: yo quería tener un hijo, lo terminé adoptando, y amo mi trabajo, que es cine y dirección de teatro. Por suerte no hago televisión, que me obligaría a trabajar los siete días de la semana, pero hubo un tiempo en que, para conseguir plata, hacía cualquier cosa.

P.: ¿Por ejemplo?

A.N.:
Cuando casi nadie sabía de internet, ni yo tampoco, diseñé la página web oficial de mi país. También fui redactora publicitaria, traductora, flautista, y hacía la danza del vientre en las fiestas de cumpleaños.

P.: ¿La danza del vientre?

A.N.:
Le diré que en proporción ganaba tanto como dirigiendo un documental.

P.: Volviendo el tiempo atrás. ¿Cómo fue vivir en los últimos años del comunismo?

A.N.: Normal. Crecimos sabiendo que jamás debíamos repetir en el colegio lo que se decía dentro de casa, pero eso lo veíamos como normal. Para nuestros padres esos años fueron más duros, porque añoraban el escaso tiempo de libertad que significó la Primavera de Praga. Es curioso: aunque pasaron menos de 20 años, hoy la generación que sigue a la mía no tiene mayor idea de aquello, y confunde al comunismo con la II Guerra Mundial. Nacieron antes del '89, pero, claro, a esa edad nadie distingue de qué régimen son sus pañales.

Entrevista de Paraná Sendrós

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