17 de marzo 2008 - 00:00

Bob Dylan reafirmó su leyenda, pero los estadios no le sientan

Voz cada vez más aguardentosa, poesía y música emblemáticas: Bob Dylan volvió al país para dar un recital en un espacio que no condice con su estilo, un estadio de fútbol.
Voz cada vez más aguardentosa, poesía y música emblemáticas: Bob Dylan volvió al país para dar un recital en un espacio que no condice con su estilo, un estadio de fútbol.
«Never Ending Tour». Actuación de Bob Dylan (voz, guitarra, teclados, armónica). Con Anthony Garnier (bajo, contrabajo), George Recile ( batería), Dennis Freeman (guitarras), Stuart Kimbal (guitarras) y Donald Herron ( violín, mandolina, steel, guitarra). (Estadio Vélez; 15 de marzo).

Cuando nadie imaginaba que eso era posible, Bob Dylan inventó una manera de comunicarse con los públicos del mundo bajo ese enorme paraguas que hoy llamamos «rock» a secas. Llevó poesía a lo masivo, se mantuvo en su estilo y en sus convicciones aun a contrapelo de lo que podían indicar las modas.

Pero Dylan es, básicamente, un artista para espacios pequeños; o, al menos, para la intimidad de un teatro. Su manera austera, su voz, cada vez más aguardentosa, sus letras, sus arreglos, que han sufrido una fuerte metamorfosis respecto de las versiones originales, obligan a una escucha atenta, concentrada, directa.

Un estadio, en cambio, invita al show, y como Dylan se niega precisamente a eso, el artista pierde con este ámbito obligado por los números. No hubo pantallas a los lados del escenario; la transmisión para las que estaban en el mangrullo de sonido fue pobre, el escenario tenía una sencillez que, en ese marco, sonaba a pobreza, y la distancia con el público -que no alcanzó ni de lejos a completar la capacidad de Vélez-, limitó el placer de muchos.

En ese aspecto radica el único punto débil para la grandeza de este artista que, una vez más, mostró que se puede ser consecuente. El «viejo y querido Bobby», como lo llamó Charly García, invitado para el cierre del telonero León Gieco, pasó por muchas de sus grandes canciones: «Rainy Day Women #12 & 35», «Lady, Lady, Lay», «Watching the River Flow», «Masters of War», «The Leevee's Gona Break», «Just Like a Woman», «Highway 61 Revisited», «Like a Rolling Stone», y unas cuantas más. Hizo rock and roll, country and western y baladas. Reformuló sus antiguas composiciones dejándolas lejos de sus primeras grabaciones. Tocó guitarra, teclados y armónica. Se respaldó en una banda -tan severa en su vestimenta como él- que sonó impecable.

Mantuvo su tono adusto sobre el escenario y sólo se limitó a cantar, sin artilugios, la lista de 15 temas. Y entregó tres bises que incluyeron (como un regalo para los porteños, puesto que no había estado en otros puntos de la gira) una nueva versión de «Blowin' in the Wind». Todo, como para asegurar «la leyenda».

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