18 de noviembre 2005 - 00:00

Clásico de un Spielberg naïf

Steven Spielberg y el protagonista (humano) de «E.T.»,cuando su visión de lo alienígena era mucho más inocenteque la de su oscurísima «Guerra de los mundos».
Steven Spielberg y el protagonista (humano) de «E.T.», cuando su visión de lo alienígena era mucho más inocente que la de su oscurísima «Guerra de los mundos».
En el mundo del cine muchas veces aparece una especie de dialéctica, que se puede dar entre actores, entre directores e incluso entre películas. El tema de la invasión extraterrestre, por ejemplo, es uno de los más transitados en el campo de las expresiones artísticas, y ha recorrido el espinel mediático que va desde la literatura -pasando por los cómics y la radio- hasta llegar al cine, y en esa dialéctica a la que hacíamos referencia, a «Encuentros cercanos del tercer tipo» de Steven Spielberg, le siguió «Alien, el octavo pasajero» de Ridley Scott, ambas con concepciones de lo alienígena diametralmente opuestas. La respuesta al trabajo de Scott llegó con «Starman», de John Carpenter y con una nueva exploración spielbergeriana del tema: «E.T.». En este film, Spielberg expone una anécdota que tiene que ver con la aceptación de lo diferente, y lo hace desde el mundo y la mirada infantiles, a las que refuerza con su particular manera de enfocar gran parte de la película: los adultos casi no participan y, la mayoría de los planos que los involucran, los muestran de la cintura hacia abajo. Esta estructurase mantiene hasta que esos mismos adultos irrumpen, arrolladoramente, en ese mundo casi mágico en el que conviven los niños protagonistas y el extraterrestre que intenta regresar a su casa. La referencia permanente a los valores familiares no es nueva en el trabajo de Spielberg, y es recurrente en su obra que ese núcleo funcione como contención última ante la adversidad o lo extraordinario. Lo curioso es que con el paso de los años, la visión naive del director frente al tema extraterrestre haya cambiado tan radicalmente, y que de sus grandes éxitos de los '80 haya oscurecido tanto su mirada con la truculenta «Guerra de los mundos».

H.M.

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