17 de marzo 2008 - 00:00
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Una imagen del nuevo espectáculo «Hombre vertiente», que el argentino Pichón Baldinu presentará en España. Por ahora, no tiene previsto un estreno argentino.
P.B.: Ellos me despertaron, siempre los honraré, Puede haber trabajos mejores que otros, pero es una compañía que no ha dejado de probar lo que se le ha pasado por la cabeza. Siempre los celaba porque pensaba cuánto más fácil era trabajar con el apoyo del ayuntamiento de Barcelona,por ejemplo, pero podrían haberse aburguesado y no. La Fura sigue siendo una compañía, aunque trabaja por separado, arma por separado y se junta para girar. Uno de sus directores además hace óperas con puestas en escena monumentales, es un poquito amplio. La Fura inauguró el campo de la video proyección y arriesgó ideas poco comerciales, como la de comprar el barco que tiene gastos millonarios, pero lo hacen para navegar por el Mediterráneo y de paso mostrar el espectáculo. Son excéntricos. Son aventureros y los admiro, además fueron mis padrinos pero siento que les devolví algo porque lo aéreo lo tomaron de nosotros, fue influencia de La Negra.
P.: ¿Qué puede decir del show que se publicitó como el «desprendimiento de De la Guarda» y del que usted no formó parte, «Fuerzabruta»?
P.B.: No lo vi pero sé bien de dónde vienen las ideas porque se gestaron hace años conmigo. Sin embargo, por las imágenes que pude ver, siento que lo expresan mal, que generan confusión. Igualmente está bien que cada uno haga lo suyo y pueda seguir su rumbo. Todos trabajamos juntos hace mucho y el proceso fue muy largo. Había llegado el momento de abrirse, de hacer cada uno lo suyo, les pasa a todos, músicos, grupos de teatro, hicimos gira con De la Guarda y después cada uno siguió su rumbo.
P.: En cuánto a «Hombre vertiente», ¿es el primero que hace después de De la Guarda?
P.B.: Sí, y de alguna forma surge solitario porque siempre tuve sociedades artísticas y ahora no. Es un show donde era importante poder contar una historia, hablar del tema del agua y abordarlo, más que desde la óptica plástica y visual, desde una intención de que se comprendiera la historia, contarla de manera más directa. Siempre manejé un lenguaje abstracto donde no era importante tanto el mensaje o historia sino la conexión con las emociones. En este caso es importante seguir el relato de la historia y que quede claro, aunque eso no implica una propuesta lineal. Pero es hablado, hay textos, se basa en tres historias y es importante que el público se lleve el cuentito, lo que artísticamente es novedoso para mi. El espacio está integrado por un escenario muy grande y una arena donde se me permite trabajar e investigar. Meterme dentro de un escenario es algo que jamás abordé, salvo en la puesta de Tarzán que hice para Disney. Me enriqueció, pero en definitiva era el formato de musical.
P.: ¿Se cansó entonces de los espectáculos abstractos?
P.B.: Lo que quiero es que el espectador esté conectado con las emociones, como siempre, porque esa es mi línea, no me despego, no propongo acá algo completamente distinto. Sólo que no me quería repetir y partir de mismo lugar donde dejé con De la guarda. Hay un ejemplo claro que ilustra lo que busco: vino una tía a ver este espectáculo y me dijo que le había parecido bárbara la historia, así que si ella la entiende, muchos la entenderán. Esa gente vino a Villa Villa y la pasó bárbaro también, pero busco ahora hablarle en otro lenguaje.
P.: ¿Traerá el espectáculo a Buenos Aires?
P.B.: Actualmente, como está pensado, es un formato que dura 25 minutos y se muestra 6 veces al día, me gustaría mostrar acá esa misma versión pero a nivel comercial es inviable imponer un espectáculo de media hora, más allá de que a mi me parecería excelente que se pudieran ver espectáculos así de cortos, pues si es valioso, no importa la duración. Ocurre que para hacer algo masivo es difícil que el público quiera pagar una entrada por un show de 25 minutos. Si podemos hacer algo más grande, también implicaría invertir más tiempo de producción porque si en ocho meses desarrollamos lo que dura 25 minutos... para una hora y media hacen falta...haga la cuenta.
P.: ¿En esta clase de espectáculos se trabaja de igual modo tanto en la Argentina como en el mundo, o hay diferencias?
P.B.: Todo el desarrollo de mis trabajos fue en la Argentina, con técnicos y actores argentinos y de otros países. Donde el diseño de los vuelos y el lenguaje de aire es la Argentina. Después lo llevamos al exterior y me encontré con la realidad de trabajar en un mundo distinto como Broadway o Disney, con sus propios códigos,reglas y obviamente presupuestos.
P.: ¿Cuáles son esas reglas o códigos de los que habla?
P.B.: El mundo del musical norteamericano tiene una escala y el mío tiene otra. Hay que entender las reglas de cada uno. Sobre todo en cuanto a las escalas de producción que acá no podemos alcanzar pero al menos sí darnos el lujo de trabajar allá y tomarla prestada. Es como el Cirque du Soleil, una cosa es el que va de gira y otro el que se presenta en Las Vegas, con megaproducción incalculable. Son escalas muy distintas
Entrevista de Carolina Liponetzky


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