21 de agosto 2007 - 00:00

Con Le Corbusier inaugura ampliación el Reina Sofía

La colección Le Corbusier de Heidi Weber, que se está viendoen Madrid, cuenta con la mayor cantidad de proyectos,obra artística y gráfica del reconocido arquitecto después dela fundación que lleva su nombre.
La colección Le Corbusier de Heidi Weber, que se está viendo en Madrid, cuenta con la mayor cantidad de proyectos, obra artística y gráfica del reconocido arquitecto después de la fundación que lleva su nombre.
La exposición «Le Corbusier. Museo y colección de Heidi Weber» se presenta en el Museo Reina Sofía de Madrid, que acaba de inaugurar la ampliación realizada por el reconocido arquitecto francés Jean Nouvel.

La colección permanente del Museo Reina Sofía fue abierta al público por los Reyes de España en 1992. En 1986, ya se habían habilitado algunos espacios del todavía denominado Centro de Arte Reina Sofía, destinado sólo a actividades temporales. Pero el Museo se crea por Real Decreto, en 1988, ubicándose en el histórico edificio del antiguo Hospital General de Madrid, cuyo origen se remonta a 1566, cuando Felipe II concibe el proyecto de unificar los diferentes hospicios desperdigados por Madrid, y fija como objetivo principal, «la promoción, el conocimiento y el acceso al público del arte moderno y contemporáneo en sus diversas manifestaciones así como facilitar la comunicación social de las artes visuales».

La restauración del edificio -diseñado por Francisco Sabatinni en el siglo XVIII-, incluyó las dos torres de ascensores de vidrio y acero, diseñadas en colaboración con el arquitecto británico Ian Ritchie. En los últimos cuatro años, con la incorporación de tres edificios (25.000 metros cuadrados) diseñados por Nouvel, distinguido con el Gran Premio de Arquitectura de Francia por el conjunto de sus obras como el Instituto del Mundo Árabe de París, la Ópera de Lyon, las galerías Lafayette de Berlín y la Torre Agbar de Barcelona, entre otras.

Los nuevos edificios del Reina Sofía están ubicados alrededor de una plaza urbana, dominada por una gran escultura de Lichtenstein. Los tres cuerpos comprenden dos salas de exposición, dos auditorios, una biblioteca y un restaurante. «Es la primera torre con esta técnica que se construye en España y el testimonio de una estética de principios de siglo XXI», afirmó Nouvel.

La colección de Heidi Weber expuesta es la más completa, después de la Fundación Le Corbusier de París. Durante los últimos años de su vida, Le Corbusier mantuvo una estrecha amistad con Weber quien, desde 1959, produjo y comercializó los muebles diseñados en 1929 y organizó exposiciones con su obra artística y gráfica. La galerista suiza le encargó un centro de arte, la Maison de l'Homme o Centre Le Corbusier-Heidi Weber Museum de Zurich. La muestra incluye un sector dedicado a ese edificio, que fue la última obra de Le Corbusier y sintetiza sus concepciones arquitectónicas: el uso de materiales prefabricados, la construcción modular y la posibilidad de destinos alternativos para un mismo espacio.

Se exhibe «La caída de Barcelona», pintura de 1939, donada por Weber al Reina Sofía en 1987. El montaje, acorde con las concepciones corbusieranas, respeta la escala de espacios más íntimos y alturas menores a las comunes en los museos.

El arquitecto y artista, Charles Edouard Jeanneret (1887-1965), a partir de 1920, publica la revista «L'Esprit Nouveau», en París, donde vive, y empieza a firmar sus artículos -verdaderos manifiestoscon el seudónimo de Le Corbusier. Es el discurso que ha vertido en los muchos diseños y en las pocas pero brillantes obras realizadas (la magnífica Ville Savoye, de Poissy, comenzó a ser erigida precisamente en 1929).

«La arquitectura es un acto de voluntad consciente. Arquitecturar es poner en orden. ¿Poner en orden qué? Funciones y objetos. Ocupar el espacio con edificios y caminos. Crear receptáculos para abrigar al hombre y comunicaciones útiles para que los hombres se encuentren. Involucró solidariamente, desde luego, en una sola noción, a la arquitectura y el urbanismo. Arquitectura en todo, urbanismo en todo», sostuvo.

Los postulados del maestro suizo-francés subyugan e irritan a sus colegas de Europa y otras latitudes.

También a los de Buenos Aires donde llega el 1 de octubre de 1929. Es su primer viaje fuera de Europa, y esta visita a América se inicia por la Argentina, y luego aprovecha para conocer Montevideo, Asunción del Paraguay, Rio de Janeiro y San Pablo. La Asociación Amigos del Arte lo había invitado a ocupar su tribuna, con el auspicio de la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, donde da diez conferencias, del 3 al 19 de octubre, que el año siguiente reúne en un libro, con el título de «Precisiones». «Buenos Aires se me apareció como el lugar del urbanismo de la época contemporánea», dice. «Un día, bajo mi primera visión de la ciudad extendida al borde del río, construí la ciudad que podría ser Buenos Aires si un civismo ardoroso y una razón imperiosa suscitaran las energías necesarias. Sentí profundamente que esas energías iban a alzarse muy pronto, hasta tal punto ha sonado aquí la hora de la arquitectura».

En 1937, los arquitectos argentinos Juan Kurchan y Jorge Ferrari Hardoy visitan al maestro en su estudio parisiense de la Rue de Sèvres, y lo animan a trazar el Plan Director de Buenos Aires. Los diseños y documentos, esbozados en 1938-39, llegan a la Argentina en 1941, y se publican en 1947, casi veinte años después del deslumbramiento de Le Corbusier con la ciudad.

En esos casi veinte años transcurridos desde 1929, la ciudad había cambiado, y algunas de las ideas del proyecto del maestro suizo-francés se habían desarrollado. El Plan Director tuvo la virtud de suscitar la creación, a fines de 1947, de la oficina Estudio del Plan de Buenos Aires, en la Municipalidad, encabezada por Ferrari Hardoy, que venía a sustituir al organismo fundado por Carlos della Paolera, en 1932, lamentablemente disuelto en 1943.

La Argentina pudo además contar con la única obra de Le Corbusier levantada en la América Latina (hay otra de él en los Estados Unidos): es la Casa Curutchet, erigida en La Plata y terminada en 1954. Hoy es sede del Colegio de Arquitectos de esa ciudad. Por esto, no sólo por sus conferencias de 1929 y su Plan Director de 1938-39, la visita del maestro suizo-francés a Buenos Aires, ha sido un hito histórico digno de ser recordado.

Sobre todo en esta gran exhibición en las nuevas obras del Reina Sofía, dirigido primero por Juan Manuel Bonet, gran amigo de los pintores argentinos y de las viejas librerías de la calle Corrientes. El otro director fue el valenciano Tomás Llorens que luego pasó al museo Thyssen Bornemisza en el Paseo de la Castellana frente al Prado.

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