21 de agosto 2007 - 00:00
Con Le Corbusier inaugura ampliación el Reina Sofía
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La colección Le Corbusier de Heidi Weber, que se está viendo
en Madrid, cuenta con la mayor cantidad de proyectos,
obra artística y gráfica del reconocido arquitecto después de
la fundación que lleva su nombre.
El arquitecto y artista, Charles Edouard Jeanneret (1887-1965), a partir de 1920, publica la revista «L'Esprit Nouveau», en París, donde vive, y empieza a firmar sus artículos -verdaderos manifiestoscon el seudónimo de Le Corbusier. Es el discurso que ha vertido en los muchos diseños y en las pocas pero brillantes obras realizadas (la magnífica Ville Savoye, de Poissy, comenzó a ser erigida precisamente en 1929).
«La arquitectura es un acto de voluntad consciente. Arquitecturar es poner en orden. ¿Poner en orden qué? Funciones y objetos. Ocupar el espacio con edificios y caminos. Crear receptáculos para abrigar al hombre y comunicaciones útiles para que los hombres se encuentren. Involucró solidariamente, desde luego, en una sola noción, a la arquitectura y el urbanismo. Arquitectura en todo, urbanismo en todo», sostuvo.
Los postulados del maestro suizo-francés subyugan e irritan a sus colegas de Europa y otras latitudes.
También a los de Buenos Aires donde llega el 1 de octubre de 1929. Es su primer viaje fuera de Europa, y esta visita a América se inicia por la Argentina, y luego aprovecha para conocer Montevideo, Asunción del Paraguay, Rio de Janeiro y San Pablo. La Asociación Amigos del Arte lo había invitado a ocupar su tribuna, con el auspicio de la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, donde da diez conferencias, del 3 al 19 de octubre, que el año siguiente reúne en un libro, con el título de «Precisiones». «Buenos Aires se me apareció como el lugar del urbanismo de la época contemporánea», dice. «Un día, bajo mi primera visión de la ciudad extendida al borde del río, construí la ciudad que podría ser Buenos Aires si un civismo ardoroso y una razón imperiosa suscitaran las energías necesarias. Sentí profundamente que esas energías iban a alzarse muy pronto, hasta tal punto ha sonado aquí la hora de la arquitectura».
En 1937, los arquitectos argentinos Juan Kurchan y Jorge Ferrari Hardoy visitan al maestro en su estudio parisiense de la Rue de Sèvres, y lo animan a trazar el Plan Director de Buenos Aires. Los diseños y documentos, esbozados en 1938-39, llegan a la Argentina en 1941, y se publican en 1947, casi veinte años después del deslumbramiento de Le Corbusier con la ciudad.
En esos casi veinte años transcurridos desde 1929, la ciudad había cambiado, y algunas de las ideas del proyecto del maestro suizo-francés se habían desarrollado. El Plan Director tuvo la virtud de suscitar la creación, a fines de 1947, de la oficina Estudio del Plan de Buenos Aires, en la Municipalidad, encabezada por Ferrari Hardoy, que venía a sustituir al organismo fundado por Carlos della Paolera, en 1932, lamentablemente disuelto en 1943.
La Argentina pudo además contar con la única obra de Le Corbusier levantada en la América Latina (hay otra de él en los Estados Unidos): es la Casa Curutchet, erigida en La Plata y terminada en 1954. Hoy es sede del Colegio de Arquitectos de esa ciudad. Por esto, no sólo por sus conferencias de 1929 y su Plan Director de 1938-39, la visita del maestro suizo-francés a Buenos Aires, ha sido un hito histórico digno de ser recordado.
Sobre todo en esta gran exhibición en las nuevas obras del Reina Sofía, dirigido primero por Juan Manuel Bonet, gran amigo de los pintores argentinos y de las viejas librerías de la calle Corrientes. El otro director fue el valenciano Tomás Llorens que luego pasó al museo Thyssen Bornemisza en el Paseo de la Castellana frente al Prado.


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