Una de las desdichadas amigas de «El descenso», film de
buen suspenso hasta que aparecen unas horribles criaturas
que lo convierten en festín exclusivo para fans del terror.
«El descenso» (The descent, G. Bretaña, 2005, habl. en inglés). Guión y dir.: N. Marshall. Int.: S. Macdonald, N. Mendoza, A. Reid, S. Mulder, N. J. Noone.
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El gusto por la aventura de un grupo de amigas las precipita, casi sin pensarlo demasiado y con cierta carga de desaprensión, al interior de una cueva inexplorada en medio de los Montes Apalaches. Lo que pudo ser una simple diversión, un regodeo en los placeres del turismo de riesgo, se transforma en una angustiosa cuestión de supervivencia en las profundidades de la tierra, donde a la par de la búsqueda de una salida se produce un enfrentamiento entre ellas.
En medio de esta confrontación, van a descubrir en lo más hondo de la cueva una primitiva raza de humanoides, los «crawlers», criaturas horrorosas que las lleva a una nueva lucha por la supervivencia, aunque ahora con fuerzas extrañas de la naturaleza.
Antes, en una suerte de prólogo a este episodio que cambiará la vida de estas mujeres, se ve que todas emprendieron esta aventura para tratar de sacar a una de ellas de la profunda depresión en la que la había sumido una terrible pérdida familiar.
El film del británico Neil Marshall muestra su mejor faceta en el refinado trabajo visual debido a la estupenda fotografía de Sam McCurdy, que contrapone la imponencia de los bosques, las caídas de agua, los ríos torrentosos y las montañas, con la profunda oscuridad y rugosidad de las texturas que tapizan la cueva.
Este juego de exterior luminoso interior ominoso da el marco ideal a un relato de «suspense» de exquisitos efectos dramáticos. Estos dejan de tener la misma trascendencia cuando del terror cotidiano de la naturaleza en estado primitivo y el deterioro de las relaciones entre las amigas, envenenadas por el recelo mutuo y el sálvese quien pueda, Marshall pasa a jugar con el elemento sobrenatural a través de esas horribles criaturas afectas a la carne humana y animal, y de las que no se explica el origen.
Aún así la película respira tensión y fobia, por momentos de una fuerza arrolladora.
Quizá hasta podría hacerse una consideración bíblica de este «descenso», ya que frente a algunas culpas que salen a relucir entre el grupo femenino, el horror que sobreviene bien puede interpretarse como una caída en el infierno de estas mujeres que llevadas a una situación límite, actúan como animales tratando de salvar el pellejo.
No parece haber sido ésa, sin embargo, la intención de Neil Marshall al construir su film: según él mismo ha declarado, se divirtió permanentemente en el rodaje y la creación de los repugnantes «crawlers» lo llenó de placer. El mismo que sentirán, sin duda, los aficionados al cine de terror cuando vean «El descenso», que con su bajo presupuesto y con un cast casi desconocido, logrará sacudirlos en sus butacas.
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