Casi podría decirse que la película es un excelente ejemplo para ver y desmenuzar en una escuela de cine. El único problema es que también la debe ver el público, y posiblemente el entusiasmo no sea, en ese caso, similar al de los futuros cineastas. Tanta técnica y tanta cita pueden llegar a ser obstáculos y no incentivos para disfrutar una película, y el interés inicial, en ese mismo sentido, también corre el riesgo de transformarse en sopor.
Porque la historia, y sobre todo sus escenas iniciales real-mente fuertes, no dejan de ser atractivas.
Siempre han procedido así hasta que, una desafortunada noche, la dosis que aplica Al es excesiva, y el hombre se les muere. Ese es su primer asesinato, el principio de sus sospechas recíprocas, y también el debut en el chantaje: cuando se llevan la valija del muerto descubren, en su interior, un video que compromete a un conocido rugbier mientras tiene sexo con un menor.
A partir de allí, la fuga por el desierto, la doble persecución (policías y chantajeado), el barroquismo de estilo y, consecuentemente, la saturación y el paulatino desinterés por la acumulación de cadáveres y suspicacias. Como escribió una vez un señero crítico alemán: «A veces más, es menos», y como dijo «Les Luthiers»: «Ay, no te compliques».
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