26 de enero 2006 - 00:00

"Detective por error"

Los excelentes Samuel L. Jackson y Eugene Levy logran que «Detective por error» sea deesas películas que se ven amablemente en el cine y después no se pueden dejar pasar enel cable.
Los excelentes Samuel L. Jackson y Eugene Levy logran que «Detective por error» sea de esas películas que se ven amablemente en el cine y después no se pueden dejar pasar en el cable.
«Detective por error» («The Man», EE.UU., 2005, habl. en inglés) Dir.: L. Mayfield. Int.: S. L. Jackson, E. Levy, L. Goss, M. Ferrer, S. Essman. PM/13.

Este es el tipo de película que suele deshacerse por completo al ser reseñada, y que sin embargo, cuando llegue al cable, detendrá el zapping aun en su enésima repetición. No nay nada nuevo, pero entretiene.

Toda la película se basa en unir a dos personajes opuestos. Hay un policía negro de Detroit tan duro y malo como el mítico Shaft, decidido a todo para arrestar a unos despiadados traficantes de armas. Justo cuando está por infiltrar la organización criminal, un torpe y blanquísimo vendedor de productos odontológicos de Wisconsin es confundido por los delincuentes con el supuesto comprador de artillería pesada.

Dos buenos actores componiendo en serio sus personajes, aun en medio de un contexto totalmente standard y poco jugado como el de esta comedia policial, hacen la diferencia. Y tanto Samuel Jackson como Eugene Levy pareden haberse tomado con rigor y muy buen humor sus impresentables opuestos. Jackson es un tipo tan insensible que no lamenta en absoluto la muerte de su compañero corrupto a manos de los traficantes («si estaba sucio se lo merecía»). Levy es un verborrágico insoportable al que ofende el lenguaje blasfemo de un policía, que luego de dispararle en el trasero le ofrece salsa de soja como único desinfectante.

Es una pena que el director Les Mayfeld no haya introducido más escenas de acción propias del género, y que el guión -en el que increíblemente participó media docena de personas-no le haya dado más cabida a otro buen actor como Miguel Ferrer, en el papel del oficial de asuntos internos empecinado en demostrar que Jackson también es corrupto.

La incorrección política de los mejores chistes, interpretados a cara de piedra por dos excelentes comediantes hasta las más indignas y escatológicas consecuencias, ayuda a recomendar esta película que si en el cine puede verse amablemente, en el cable alcanzará dimensiones clásicas.

D.C.

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