11 de noviembre 2008 - 00:00

"Dirigir escenas con caballos fue como sentirme John Ford"

Recordadopor suséxitos «Solosen lamadrugada»y«Asignaturapendiente»,José LuisGarci llegó aMar del Plataa presentarsu películaépica«Sangre demayo».
Recordado por sus éxitos «Solos en la madrugada» y «Asignatura pendiente», José Luis Garci llegó a Mar del Plata a presentar su película épica «Sangre de mayo».
Mar del Plata - Valió la pena ver en pantalla grande la nueva película de José Luis Garci, «Sangre de mayo», una obra de factura prodigiosa y fuerte dramatismo final, de esas cuyo costo está bien a la vista, y cada toma es un cuadro digno de figurar en el Museo del Prado. Sorprende además la parte de acción y masas, en un autor que hasta ahora únicamente había hecho obras intimistas, como «Solos en la madrugada», «Volver a empezar», y «Una historia de entonces». Dialogamos con él:

Periodista: ¿Cómo se metió en esto?

José Luis Garci: Las autoridades de Madrid querían hacer algo por el bicentenario del levantamiento popular contra los franceses, y les dije una sola palabra: «Galdós». Un escritor con un sentido del folletín cercano a Dickens, y un aliento épico a la altura de Tolstoi. Leer sus obras es como meterse en la máquina del tiempo y ver el mundo de entonces casi tal cual era. Propuse adaptar dos de sus «Episodios nacionales», esos donde el joven Gabriel se enreda con teatristas y condesas, salva a Inés de los tíos que la tenían de sirvienta, y justo acontecen el motín de Aranjuez y todo lo demás.

P.: Y usted salva las viejas artes del cine, no hizo nada en digital.

J.L.G.: ¿Usted vio el Coliseo nuevecito de «Gladiador»? Le falta una costra de vida. Nosotros hicimos 72 decorados corpóreos, al modo antiguo, de calles, mesones, interiores de palacios, con sus debidos muebles, adornos y tapices, la vieja Puerta del Sol, la de Cuchilleros, lo único real son las afueras del palacio de Aranjuez, el piso del Escorial, y el puente de piedra en Salamanca de Jarama, similar a los que hubo sobre el Manzanares. Y todo con apariencia de uso, las calles sucias, igual que las ropas, porque entonces faltaba higiene. Sin mencionar los caballos que ensuciaban a cada rato.

P.: Muy buena la carga de los mamelucos, mejor que la de Milos Forman en «Los fantasmas de Goya».

J.L.G.: Un director que me encanta. Nuestro presupuesto era la mitad del suyo, pero para mí era muchísimo, 15 millones de euros, todos puestos en pantalla. Y dirigir esas escenas con caballos, para mí, que admiro a John Ford, era como tener la bicicleta que mis padres nunca pudieron regalarme. Aunque creo que los caballos americanos son más obedientes que los europeos.

P.: ¿Y los técnicos y artistas?

J.L.G.: No me obedecen, trabajamos juntos. Técnicos como Gil Parrondo, Julián Mateos, Lourdes de Orduña son nombres mayores que me acompañan desde hace años, a quienes, desde «Luz de domingo», se ha sumado vuestro «Chango» Félix Monti, un fotógrafomaravilloso. Entre todos,ya trabajamos de memoria.Lo mismo, muchos actores que ya me son habituales, y acá respaldan a la pareja de jóvenes. Oficio y ganas, buena combinación donde todos se ayudan. Mire, las películas hay que prepararlas muy bien, y sólo después filmarlas. Y recordar siempre que ésta es una labor de conjunto. Yo soy solo el director y coguionista. Por eso, nunca he puesto «Un film de». No me creo un «autor».

P.: Igual se nota su visión crítica y melancólica del mundo, mayor que la de Galdós.

J.L.G.: Lo adaptamos sin complejos. Ya en «El abuelo» pusimos frases nuestras que suenan galdosianas, como «Yo sé, señora, que el amor es una catástrofe»; además, puesta en boca de Fernando Fernán Gómez, que fue un grande de España. Lo que creo es que en ambos films está el espíritu galdosiano, y su modo de mirar a la gente, con piedad de la buena, y con certeza. Creo que su dibujo más duro es cuando, después de la masacre, dos usureros revisan una lista de deudores, «a ver cuántos de éstos nos dejaron los franceses». P.: Son duras también algunas frases que por ahí se oyen, como «España es una nación enferma, porque las tribus que la habitamos no nos queremos» o «Que nos gusta espaventar y mover mucho las alas, pero no hay viento».

J.L.G.: El levantamiento inició la lucha por la independencia, dio lugar a la Constitución de Cádiz, y fue al mismo tiempo una afirmación del país y un retroceso, porque creyó en un rey felón, miserable, pero fue una gesta popular, hubo unos héroes que murieron y desconocemos. Aquí recreamos esos episodios de épica, de amistad, de dignidad, esas cosas tan difíciles de explicar, las mismas por las que acusaban a John Ford de fascista. Yo no soy nacionalista, soy español. Me pongo de pie cuando oigo el himno, y creo que quien no se pone de pie cuando oye el himnode su patria está enfermo. Lo mismo, si no respeta el himno de otro pueblo. Espero que esta obra sirva para recordar algunas páginas de historia. Por lo pronto, servirá para que los niños sepan cómo se vivía antes, cómo se hablaba, y qué comían, porque cada vez les enseñan menos.

P.: También por lo pronto, a usted lo acusan de clasicista.

J.L.G.: ¿Qué puedo decir? Soy de los pocos que ha leído a Joyce en el mundo, pero cuesta trabajo. En cambio Cervantes no me cuesta trabajo. Sigo el viejo cine de historias claras, sencillas, y en progresión. Y sé que este amor se paga con envidia. Bien, pues entonces, para seguir amando, yo pago y hasta doy propina.

P.: Sólo le faltó decir «Que se agachen a recogerla».

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