3 de agosto 2006 - 00:00

Divertido show del dúo cordobés "Los modernos"

«Brevedesconciertobreve» es unlogradoespectáculocómico en elque losexcelentesAlejandroOrlando y PedroPaiva saben seringeniosos sinintelectualismosy populares sincaer en lagrosería.
«Breve desconcierto breve» es un logrado espectáculo cómico en el que los excelentes Alejandro Orlando y Pedro Paiva saben ser ingeniosos sin intelectualismos y populares sin caer en la grosería.
«Breve desconcierto breve» por el dúo «Los modernos». Libro: P. Paiva. Int.: P. Paiva y A. Orlando (Maipo Club.)

El año pasado recibieron una de las ovaciones más estruendosas del Festival Internacional de Teatro del Mercosur, donde presentaron su tercer espectáculo «Un antes y un después». El público de Córdoba adora a este dúo cómico que arrancó en 2002 en bares y pequeñas salas de esa ciudad y terminó agotando localidades en teatros de envergadura.

Esta es la primera vez que «Los modernos» hacen temporada en Buenos Aires, sin contar una fugaz presentación en La Trastienda, hace tres años con este mismo show, antes de partir hacia Madrid y Barcelona, donde lograron también una rápida aceptación por parte del público y de la crítica que los premió en varias ocasiones.

Todo esto obedece a varias razones: la eficacia de sus textos que destilan ingenio sin perder sabor popular; el estupendo desempeño actoral de Alejandro Orlando y Pedro Paiva (también autor de los textos) y la estructura del show que simula ser una conferencia mechada con canciones a capella e historias muy divertidas, como la que muestra a Graham Bell instalando sus tres primeras líneas telefónicas o la versión de «Caperucita Roja» traducida a un sucedáneo del esperanto.

Paiva juega con las palabras como lo haría un poeta surrealista, pero en lugar de componer «cadáveres exquisitos» uniendo palabras al azar busca llamar la atención sobre las trampas y obviedades del lenguaje. Su modo de indagar en el habla cotidiana denuncia convencionalismos, sin que por ello las palabras pierdan su misterio y fascinación.

Al principio cuesta un poco tomarle el ritmo al espectáculo que se inicia con una especie de vertiginoso rap. Pero pasada la primera sorpresa, da gusto escuchar al dúo cantando «El mundo en 80 toallas» (sobre la mala costumbre de robar toallas de los hoteles) o verlos parodiar al mundillo flamenco. Su gran versatilidad les permite convertirse en filósofos, cantantes de protesta, científicos genetistas y hasta en «Reparadores de mujeres» (una ONG que protege las protege de «los lobos disfrazados de corderos»). El humor corrosivo del show se ubica en un saludable punto medio: nadie intelectualiza demasiado, ni tampoco hay lugar para la grosería. Lo más picante que puede llegar a escucharse durante el espectáculo es la definición de «lagrimear» («llorar a escondidas en los baños»).

«Breve desconcierto breve» exhibe un mecanismo de relojería y aunque todo está perfectamente sincronizado sus intérpretes saben ganarse la complicidad del público con su desenfado y simpatía.

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