23 de octubre 2008 - 00:00

Divertimento menor de los hermanos Coen

Brad Pitt y Frances McDormand en «Quémese despuésde leerse», un film en el que sólo por momentos (sobretodo cuando parodia el cine de espías) brilla el talento delos directores de «Fargo».
Brad Pitt y Frances McDormand en «Quémese después de leerse», un film en el que sólo por momentos (sobre todo cuando parodia el cine de espías) brilla el talento de los directores de «Fargo».
«Quémese después de leerse» (Burn after reading, EE.UU.-G. Bretaña-Francia, 2008, habl. en inglés). Dir.: Joel y Ethan Coen. Int.: G. Clooney, F. McDormand, B. Pitt, J. Malkovich, T. Swinton, R. Jenkins, D. Rasche.

Una de las mayores cualidades del cine de los autores de «Simplemente Sangre» es su estilo original e imprevisible, tanto en lo visual como en lo narrativo. Si el espectador puede percibir situaciones y personajes repetidos y cierto aire a déja vu, no es una buena señal. Pero claro, que sea un trabajo menor de los Coen no significa que no tenga momentos brillantes.

Con una complicada serie de enredos, el argumento enfrenta a dos personas comunes y no muy inteligentes con hombres de la CIA, que no por profesionales son menos estúpidos.

Frances McDormand y Brad Pitt son los dos empleados de un gimnasio que al encontrar presuntos archivos ultrasecretos intentan chantajear al ex agente de la CIA que los perdió (John Malkovich), un tipo desagradable cuya esposa lo engaña con un colega de los servicios, un mitómano encarnado por George Clooney.

Como a esto se agrega que casi todos los personajes engañan a sus parejas, o se quieren divorciar y contratan detectives, o tienen sexo con gente que conocen en internet, promediando la película todos terminan entablando relaciones de amor y odio con gente que no saben bien ni quiénes son, ni de dónde salieron, ni por qué demonios querrían matarse unos a otros..

La premisa es buena y cada tanto da lugar a esas explosiones de talento que el espectadorespera de una película de los Coen. Sólo que hay escenas que suenan demasiado familiares, como si fueran versiones aceleradas de films muy superiores como « Fargo» o «El Gran Lebowsky».

Un detalle interesante es entender la importancia que tiene la ausencia del director de fotografía Roger Deakins, hombre esencial de estos codirectores que, además, escriben, producen y compaginan sus films. La estética de «Quémese después de leerse» es menos imaginativa y elaborada que de costumbre.

El mayor atractivo visual y narrativo aparece en los pasajes que funcionan como parodia del cine de espías, un género al que aún los Coen no se acercaron mucho. Cuando hacen foco sobre estos expertos en inteligencia y seguridad, el humor surrealista y los diálogos insólitos alcanzan su mejor nivel. Por ejemplo, dos hombres de alto rango de la CIA intentan analizar las intrigas kafkianas que deberían solucionar. Un detalle raro: el actor que interpreta a uno de estos espías casi se roba la película, y no es otro que David Rasche, el legendario Martillo Hammer de la TV.

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