9 de febrero 2005 - 00:00

EE.UU.: clásico del cine X desafía al nuevo puritanismo

Manifestantes religiosos protestan en 1972 en las puertas de uno de los cines que proyectaba «Garganta profunda».
Manifestantes religiosos protestan en 1972 en las puertas de uno de los cines que proyectaba «Garganta profunda».
Los Angeles (Reuters y ASN) - Un clásico del cine X, «Garganta Profunda» («Deep Throat»), la película de 1972 que en su momento provocó durísimas medidas del gobierno estadounidense contra la pornografía, además de manifestaciones de protesta de grupos religiosos, vuelve estos días a las pantallas al mismo tiempo que una nueva generación de legisladores emprende una renovada campaña moral. La información fue publicada anteayer en el diario especializado «Variety».

La razón de la reposición en salas de esta película tabú, que protagonizó la fallecida Linda Lovelace y hoy disponible en todos los formatos (video, DVD, etc.), se debe al estreno de un documental serio de investigación, «Inside Deep Throat» («Dentro de Garganta Profunda»), que después de su exhibición en el Festival de Sundance se estrenará el viernes en cines de Nueva York, Los Angeles, San Francisco y Boston. El film original se repondrá la semana siguiente.

«Garganta profunda»
fue rodada en seis días con un presupuesto de 25.000 dólares y recaudó más de 600 millones de dólares (sólo en el mercado legal). Esas cifras la convierten, tal como se afirma en el documental, en el film más exitoso de la historia del cine en la relación costo-beneficio. Pero «Garganta profunda», en su largo historial, también acredita otros récords: fue la primera película pornográfica oficialmente exhibida en el festival de Cannes, y también la primera en tener una crítica de cine en «The New York Times». Pero no todos los norteamericanos pudieron verla en 1972, ya que fue prohibida en 23 estados.

Entre las leyendas negras que recoge el documental, dirigido por los cineastas Fenton Bailey y Randy Barbato, el propio director Gerard Damiano sostiene que la película fue producida con «dinero de la mafia, ya que nadie de nosotros fue beneficiado con todo lo que recaudó». Nadie sabía, en realidad, para quién iban los beneficios de la película. «Semana tras semana», se oye decir en el documental «aparecían en los cines unos extaños señores con portafolio, que cargaban en efectivo el dinero de las entradas».

La dueña de la película es hoy la productora Arrow, con sede en Las Vegas, que comenzó el lunes a preparar 10 copias para su reestreno. Atentos al actual «aire de los tiempos» en los EE.UU., Arrow lanzará cinco de esas copias editadas, para que puedan recibir la calificación «R», que permite la admisión de espectadores por debajo de 17 años si van acompañados de un adulto. El documental, coproducido por Brian Grazer (el cineasta que ganó el Oscar por «Una mente brillante»), fue calificado como NC-17.

En este momento, en el Congreso norteamericano está a la espera de sanción una ley que incrementará las multas por emisión de material considerado « sucio» hasta los 500.000 dólares (el techo actual es de 32.500 dólares). Esa ley, inspirada en parte por el famoso incidente del pecho de Janet Jackson durante la ceremonia del Super Bowl el pasado año, es impulsada tanto por los republicanos como los demócratas.

En el momento de su estreno original, el entonces presidente Richard Nixon envió al FBI a cerrar algunos cines donde se proyectaba, y promovió medidas legales contra el director Damiano y los protagonistas Lovelace y Harry Reems. La malograda actriz, que ya poco después del estreno se lamentó de haber participado en el film y hasta llegó a decir que había sido perversamente inducida a realizarlo y que muchas de sus escenas fueron «violaciones», enfermó de cáncer pero su vida terminó en un accidente automovilístico en 2002.

Reems
, que en el film interpretaba al «doctor», es hoy un respetado agente inmobiliario. Su actuación en la película fue totalmente fortuita, ya que él era uno de los técnicos encargados de las luces, llamado a reemplazar de urgencia al que iba a ser al protagonista elegido, que «no funcionaba».

«Por muchos años mi vida se vio envuelta en causas penales. Muchos me usaron como el chivo expiatorio»,
se lamenta ahora Reems en el documental. Los procesos contra él se extendieron hasta 1976, cuando actores como Jack Nicholson y Warren Beatty, entre otros, salieron en su defensa, y terminó siendo sobreseído.

En el dcoumental, que tiene un relato en off de
Dennis Hopper, también aparecen testimonios actuales de celebridades como los escritores Gore Vidal, Norman Mailer, Erica Jong, Camille Paglia y el director John Waters.

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