8 de octubre 2008 - 00:00

El arte del buen cargoso puede llevar a best seller

El escritorcordobés diceque firmó sulibro como «H.Lanvers»porque «en unaspecto somosuna coloniacultural de lospaísescentrales, ypor esocreemos quesólo losanglosajonespuedenescribir sobreAfrica».
El escritor cordobés dice que firmó su libro como «H. Lanvers» porque «en un aspecto somos una colonia cultural de los países centrales, y por eso creemos que sólo los anglosajones pueden escribir sobre Africa».
Córdoba - La aparición de H. Lanvers, un desconocido competidor de Wilbur Smith, fue una de las sorpresas del año, sobre todo a partir del momento en que comenzó a trepar en las listas de los libros más vendidos con su novela «Africa, hombres como dioses». Poco duró la intriga, un cordobés dueño de un instituto de estudios, médico de profesión y amante de los deportes de riesgo, Hernán Silva Lanvers, se hizo responsable de la obra. Dialogamos con él.

Periodista: ¿Lo sorprendió que cinco años después de la primera edición, su novela «Africa, hombres como dioses» se convirtiera en best seller?

Hernán S. Lanvers: Hubo una publicación muy chica acá en Córdoba, que llegó a tener seis ediciones. Pensé que después de eso me iban a llamar de una editorial grande para publicarla, como le pasó a Cristina Bajo, otra escritora cordobesa, que también salió por primera vez en Ediciones del Boulevard. Pero, a mí no me llamó nadie. Le pregunté a mi editor qué hacía. Me dijo: «A mí, tu libro me gusta, si hubieras nacido en Estados Unidos, hoy hubieras podido llegar a ser otro Wilbur Smith, pero naciste en la Argentina, así que resignate».

P.: ¿Y usted qué hizo?

H.S.L: No me resigné. Bombardeé a todos los directivos de la editorial Sudamericana con ejemplares de mi libro. Me dijeron que hasta le habían llegado ejemplares a los guardias de seguridad. En una nota les pedí que le dedicaran unos minutos a mi libro, porque si no, les iba a seguir enviando mensualmente otro ejemplar durante los próximos cinco años. Me cuentan que un directivo dijo: que alguien lo lea porque si no este hombre de Córdoba nos va a volver locos a todos. Uno de los que lo leyeron fue un tal Luis Chitarroni, y parece que le gustó porque hizo que me llamaran. Y ahí empezó todo. Me convocaron a Buenos Aires y firmé un contrato por la obra. Me dijeron que iban a hacer un buen lanzamiento de 3.000 ejemplares. Pasó un tiempo y de pronto me llega un mail en donde me dicen que el libro se está vendiendo muy bien.

P.: Usted, feliz de la vida.

H.S.L.:
No había visto el libro, que no había llegado a Córdoba. Me voy a Buenos Aires. Llego un domingo por la mañana, y me voy al shopping que tenía más cerca, para poder ver el libro. Yo pensaba que estaría en una mesa. Cuando lo vi llamé a mi novia. «¿Y está en la vidriera?», me pregunta. «No está en la vidriera, es la vidriera, la ocupa por completo», le digo. Después veo que el libro dice que tiene una tirada de doce mil ejemplares, otra sorpresa.

P.: ¿Qué cuenta en «Africa, hombres como dioses»?

H.S.L.: Trata de Africa en 1820. Y tiene dos personajes centrales, un inglés, Tom Grant, llega a Sudáfrica, y Shaka Zulu, un africano que transforma una tribu de 300 personas, donde él vivía, en un imperio con un millón de habitantes y un ejército de 250 mil hombres. A Shaka Zulu lo llamaban «el Napoleón negro» porque creó un sistema de combates y una estrategia que cambió la forma de hacer la guerra en toda el Africa negra. Los ingleses se pudieron dar cuenta con quién se estaban enfrentado cuando los zulúes le infligieron la peor derrota que tuvo el imperio británico en su historia de conflictos coloniales. Dicen que la reina Victoria lo corría por los pasillos a Disraeli, su primer ministro, preguntándole «¿
Quiénes son estos zulúes que humillan a nuestros generales y ponen de rodillas en un solo día al más grande de los imperios?». No podía creer que hubieran liquidado diez batallones de ingleses en un día. Trato del conflicto de esas dos culturas.

P.: ¿Cómo se le ocurrió ese tema?

H.S.L.: Me gusta leer al sudafricano Wilbur Smith, que escribe exclusivamente sobre Africa, un país y una cultura que a mí me gustan mucho. Y él publica cada dos años. Busqué algo parecido, y me encontré con un clásico, Henry Rider Haggard, que tiene unos ocho libros, que ya leí. También leo mucha literatura liviana, best sellers, como Sidney Sheldon o Robin Cook. Entonces se me ocurrió escribir un libro como los que me gusta leer a mí. Un novela que lea cinco minutos y me entretenga y me dé ganas de seguir leyéndola. El lector tiene el derecho a aburrirse y a tirar el libro si no le complace.

P.: ¿Por qué eligió como protagonista un inglés, un blanco?

H.S.L.: Porque uno inevitablemente es blanco. Por más que a mí me gusta mucho la cultura negra, las mujeres negras, el Africa, no podía cambiar de identidad. Pero si la mitad de mi libro está dedicado al blanco Tom Grant, la otra mitad es del negro Shaka Zulu, y sus tres amigos que se convierten en sus generales. Si elegí un inglés es porque en esa época en Africa no había más que ingleses y holandeses, los boers. Y lo boers son más racistas. El inglés si bien no se integra tanto, porque se sienten como una raza aparte, respeta más a los negros. Tom Grant tiene un grupo de seis amigos escoceses que lo acompañan, entre ellos Simon, un gigante rubio, personaje secundario pero muy importante para la trama.

P.: ¿Usted conocía Africa?

H.S.L.:
He viajado mucho, invierto en eso. A Africa he ido ocho veces. Me gusta escalar montañas. En Africa escalé el monte Kilimanjaro, el monte Kenia y esta Navidad voy al encuentro del más alto del desierto de Sahara. Y voy siempre en solitario, es decir sólo acompañado por guías nativos. Durante quince días convivo con ellos. Antes de la novela «Africa, hombres como dioses», escribí una «Guía Médica para escalar el Kilimanjaro». Cuando yo subí tuve que ir con libros en inglés, así fue que pensé en hacer un texto en español, de unas 160 páginas donde agregué notas de cómo adaptarse a las alturas en la montaña aislada más alta del mundo.

P.: ¿Le ha ayudado en sus viajes por Africa el ser médico?

H.S.L.: Yo no trabajo como médico. Cuando era estudiante, para superar mi pobreza, me puse a dar clases y descubrí que era bueno para eso, que de un alumno en un mes pasé a tener setenta. Cuando me recibí tenía un instituto donde daba clases a 300 chicos. Mi alternativa fue hacer mi carrera como médico o seguir con esa actividad que se había convertido en redituable. Uno hace su vida en función de sus carencias. Yo quería ser médico, pero lo que no quería es ser pobre.

P.: ¿Qué escribe ahora?

H.S.L.:
La continuación, la segunda parte, porque esta historia la he pensado como una trilogía. Pero estoy muy metido en la promoción personal de mi obra, porque una editorial grande, como el sello que me publica, tiene como mínimo trescientos hijos al año y no se puede dedicar a todos, y para mí, hasta el momento, éste es mi hijo único. Pero estoy entusiasmado, mi libro viene apareciendo desde hace tiempo entre los más vendidos.

P.: ¿Usted piensa que si su novela hubiera aparecido con su nombre, Hernán Silva o Hernán Silva Lanvers, la repercusión hubiera sido la misma que con el enigmático y británico autor H. Lanvers?

H.S.L.: Creo que no, que en algún aspecto nosotros somos una colonia cultural de los países centrales, como Estados Unidos, Inglaterra y el oeste de Europa. Es así como vemos que sólo los anglosajones pueden escribir sobre Africa. Ellos pueden, han podido, venir a la Argentina y escribir sobre nuestro país, pero sería muy difícil que si yo me llamara Juan Espinosa, Alfredo Varela o Hernán Silva que la gente creyera que tengo autoridad para escribir sobre Africa. En mi vida habitual siempre me han llamado Lanvers, por mi segundo apellido, que es más difícil pero tambien más fácil de recordar.

Entrevista de Máximo Soto

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