Una muestra del nuevo cambio radical en la obra de Kirin.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
En 1991 presentó en Van Riel sus obsesivas escrituras automáticas con las que cubría toda la tela, signos desconocidos -quizás más de 60-una suerte de jeroglífico que el artista confiesa no saber cómo llegó hasta él. Los objetos que acompañaban la muestra y que realizó durante varios años, también de una rigurosidad formal admirable, tenían su raíz en el pensamiento mágico medieval y los conocimientos de medicina, música y astrología.
Dejá tu comentario