11 de abril 2006 - 00:00
El hogar, concepto clave en la obra de Antoniadis
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«Pretérito
pluscuamperfecto
» (1,50 x
1,50), acrílico
sobre tela y
laca de
Carolina
Antoniadis
(2005).
Al contemplar sus telas, el espectador también se transforma en un habitante pasajero, en un visitante de esas casas-estado-de-ánimo. Antoniadis extendió sus representaciones a otros elementos domésticos, «Torta de bodas masculina» o «Torta de bodas femenina», tienen una visible intención erótica. Las tortas de bodas son casas y tienen pisos en altura (la palabra casamiento viene de casa); y su consistencia, como la de todo pastel, es blanda, y dulce, como una alusión popular al hogar; y que la mujer corte una torta es, en nuestras sociedades actuales, una reafirmación de su papel como dueña de casa.No sólo pintó las tortas, también las elaboró con la minuciosidad de una repostera, atenta al relieve de las cremas, a la configuración de los pisos y a las imágenes de los adornos.
Ambas pinturas se continúan con una tercera: «A falta de pan», en la que nos muestra una mesa donde abundan los pasteles y otras comidas salvo, como indica el título, el pan. La referencia es social y a la vez poética: por su alusión a la riqueza -sugerida por los dulces que ocupan la mesa-, en contraste con la pobreza -la falta de pan. También es representativo y simbólico por la dimensión humana, la ausencia del pan, que inició la tradición desde el maná mosaico.
Con múltiples alusiones e implicancias «Problemas de género» es uno de sus simulacros de tapicerías barrocas o telas estampadas, llenas de arabescos e imágenes que suponen seres humanos, animales, plantas, vestidos. La obra nos remite a todos los sentidos posibles del término género: hombremujer; producto textil; pintura de una escena de costumbres, representaciones de la vida cotidiana.
La tela pone de manifiesto todos esos sentidos: el soporte del lienzo y su modo de pintar, así como su interés por materializar las costumbres. En la exploración de lo cotidiano, Antoniadis acentuó lo decorativo y lo convirtió en un recurso capaz de representar al mundo de hoy. Las obras que expone dan testimonio de sus agudas observaciones sobre la condición femenina, la sociedad, el consumismo, las apariencias, los nuevos mitos y ritos de lo trivial.
El célebre arquitecto austriaco Adolf Loos (1870-1933), agudo precursor del racionalismo, cuestionó en sus escritos la ornamentación. En 1908 escandalizó a sus colegas al proclamar: «El ornato es un delito». Sin embargo todo no es decorativo ni debe serlo, pero como escribió Baudrillard, el elixir de la vida, afanosamente buscado por los alquimistas, ha sido descubierto en la segunda mitad del siglo XX: todos queremos ser eternamente jóvenes, como las figuras de Kimono, que parecen tomadas de un aviso de la década del 50.
Las «figuritas repetidas» es una metáfora argentina que utiliza Antoniadis en sus decenas de cabezas, objetos dispares, animales multiplicados, seres imaginarios, símbolos heráldicos. Para pensar en lo que dicen sus alegorías, los títulos de sus telas son elocuentes en sí mismos: «Perdido en la selva circular», «Lujo asiático», «Relaciones peligrosas», «Deseo elíptico», «Almas gemelas», «Elegancia», «Pudor», «Presente imperfecto», «Modo potencial». Son dos buenas muestras de una calificada artista de la mediana generación.




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