"El malabarismo moderno es fantasía y no solo técnica"

Espectáculos

Adicto a las computadoras desde los cinco años y con precoz destreza para los malabares -pese a haberse iniciado en esta disciplina recién a los 19 años- el francés Adrien Mondot logró desarrollar un sistema de malabarismo virtual con la ayuda de herramientas informáticas que le permiten desdibujar los límites de lo real.

En «Convergente 1.0», el espectáculo que ofrecerá hoy y mañana en el Teatro de la Comedia (Rodríguez Peña 1062), Mondot trabaja con tres pelotas, pero en el escenario lo rodean centenares de ellas, proyectadas sobre una pantalla transparente.

«Yo hago malabarismo minimalista», explica el artista. «Manejar muchas pelotas no es lo importante, sino lograr algo especial con ellas. El público ya no se sorprende con una técnica, es mejor provocar emociones, fantasías, sensaciones...». «Convergente 1.0» abunda en imágenes oníricas («son todas en blanco y negro» dice Mondot) y en situaciones de juego que algunos han asociado con las películas de Chaplin y de Buster Keaton.

Su protagonista simula caer dentro de un vaso en el que se está disolviendo una aspirina. Al llegar al fondo este personaje se encuentra con una violonchelista (Verónica Soboljevski), que con su arco y su digitación acompañará musicalmente cada uno de sus movimientos. Durante 55 minutos, el artista hace malabares con pelotas que van cambiando de funcionalidad. Por momentos son burbujas o delicados copos de nieve, o bien derivan en un acelerado ping pong.

El hombre juega con ellas y las manipula para crear figuras antropomórficas que de repente cobran vida y se le rebelan, tal como le sucedía a Mickey Mouse con las escobas en la película «Fantasía» de Walt Disney, al compás de «El aprendiz de hechicero» de Paul Dukas. Dialogamos con Mondot.

Periodista: Usted ha dicho que el punto de partida de este proyecto fue pensar: ¿qué quedaría de malabarismo si se eliminan las pelotas?

Adrien Mondot: El punto de inicio fue el tema de la soledad, que es refugio del malabarista y del informático. Para mí, lo interesante del malabarismo virtual es que permite que las pelotas queden liberadas de su función original y puedan convertirse en un soporte gráfico, aún coreográfico, con un resultado muy lúdico.

P.: ¿A qué edad se inició en la informática y en el malabarismo?

A.M.: Manejo computadoras desde los cinco años y luego trabajé en un laboratorio de informática hasta los 24. También desarrollé programas para varias instituciones culturales encargándome de problemas de anamorfosis generadas por la proyección de imágenes sobre superficies complejas. Recién a los 19 aprendí malabares, pero gracias a un fuerte entrenamiento avancé muy rápido. Todo lo que sé de malabarismo-contact lo aprendí yo solo. [Para explicar de qué se trata esta técnica, Mondot saca de su bolso una pelota de cristal y la hace rodar muy lentamente por todo su cuerpo, como si ésta cobrara vida propia o flotara en el aire].

P.: ¿Hace falta ser muy obsesivo, como corresponde a un técnico en informática?

A.M.: Así es. Los malabaristas y los informáticos somos igual de obsesivos y monomaníacos, trabajamos completamente solos, aplicamos paciencia y perseverancia en nuestras tareas y nos comportamos de manera un poco autista. Por otro lado, los malabares también tienen un costado muy matemático. Es una actividad más mental que de coordinación física.

P.: ¿Usted empezó como artista callejero?

A.M.: Así es, hacía shows los fines de semana y los lunes volvía al laboratorio de informática. Poco a poco fui encontrando la manera de trabajar con las dos cosas. Había cosas que sabía que no podía hacer en el mundo real pero que con la ayuda de la informática podían ser posibles.

P.: ¿Hacia donde apuntan sus investigaciones?

A.M.: Quiero seguir investigando en todo tipo de movimiento, en algo más relacionado con la danza. Probablemente, no trabaje más con pelotas. Me interesa incorporar otros objetos, inclusive virtuales.

P.: ¿Hay algún artista que usted tome como referente?

A.M.: Varios. Uno de los que más me impresionó fue Jérome Thomas. Su espectáculo «Extraballe», de 1990, era increíble. El fue el primero en hacer espectáculos de una hora y media sólo con malabares, cuando las rutinas no pasaban de 7 minutos. Antes de él era imposible que un malabarista trabajara en un teatro.

P.: ¿No cree que la compañía canadiense Cirque du soleil también contribuyó a que las técnicas circenses adquiriesen una mayor teatralidad?

A.M.: No lo creo. Esa compañía tiene una visión muy tradicional del circo, trabajan con números muy espectaculares y efectistas. En realidad, se oponen al desarrollo de una mirada más artística y contemporánea de esas disciplinas. Para mí es como un blockbuster americano.

P.: ¿Vino a dar clases a Buenos Aires?

A.M.: Sí. Después de presentar mi espectáculo en Córdoba y en Mendoza di una clase para malabaristas principiantes en la escuela El Coreto y el próximo viernes doy otra. También tuve varios encuentros con los malabaristas callejeros de Plaza Francia. Hice malabares con ellos y compartimos experiencias. Realmente hay muy buenos malabaristas en la Argentina, casi más que en Francia.

Entrevista de Patricia Espinosa

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