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16 de junio 2026 - 12:14

El teatro que contaba historias sobre casamientos hoy cuenta historias sobre rupturas: "Cena con amigos" y "El estado de la unión"

¿Cómo seguir siendo la misma persona después de veinte años compartiendo la vida con alguien? Coinciden dos obras teatrales que abordan la separación en parejas de entre cuarenta y cincuenta años, "Cena con amigos" y "El estado de la unión", en el Border y Picadero respectivamente.

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"Cena con amigos" se presenta en el Teatro Border. 

Coinciden en cartel dos obras teatrales que abordan la separación en parejas de entre cuarenta y cincuenta años, de autores extranjeros y con notables puntos de contacto en el tono, los vínculos y los conflictos. Se trata de “Cena con amigos”, escrita por el dramaturgo estadounidense Donald Margulies, ganadora del Premio Pulitzer, uno de los más prestigiosos del teatro estadounidense.

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Dirigida por Mela Lenoir y Maru Lamarca en el teatro Border, el eje de la obra está puesto en cómo el divorcio de una pareja afecta no solo al matrimonio sino a sus amigos de toda una vida de andanzas y crianza, lo que los obliga, sin querer, a mirarse al espejo y replantearse su propia existencia en todos los niveles, desde lo sexual, pasando por la crianza y la aplastante rutina a la hora de elegirse a diario.

"El Estado de la Unión", protagonizada por Eleonora Wexler y Gonzalo Heredia en el Teatro Picadero, fue escrita por el escritor británico Nick Hornby, autor de la novela “Alta fidelidad” y fue adaptada por Andrea Garrote (quien también la dirige) y Heredia. La obra muestra diferentes momentos de la pareja en crisis en sus encuentros previos a la sesión de terapia y conforme avanza la trama se devela por qué quienes alguna vez se quisieron llegaron a convertirse en extraños alejados por un abismo que parece irreversible.

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"El estado de la unión" se presenta en el Picadero.

Mientras en “Cena con amigos” ese inquietante juego de espejos entre las parejas centrales opera como resorte de análisis por oposición, es gracias al afuera que ambos matrimonios logran acercarse a una reflexión para salir de la negación. En cambio en “El estado de la unión” es la terapia la que oficia como mecanismo catártico para quitar velos y permitirse un trabajo que parece funcionar de cara a una solución luminosa. En tanto ese afuera de otras parejas también aparece pero sin estar encarnada en personajes sino por la proyección que los protagonistas hacen de todas esas parejas de amigos, conocidos o desconocidos a los que aspiran a llegar o defenestran. El clásico: distraerse con los otros, vivir en la queja y aturdirse con el afuera para no mirar hacia adentro.

En ambas obras las diferentes escenas avanzan mostrando momentos clave en la construcción de esos vínculos y arcos de personajes, desde infidelidades a perdón, desde victimización a psicopateo, pero también ternura con momentos poéticos y emotivos.

En “Cena con amigos” las escenas se conectan mediante una puesta en la que los actores construyen diferentes espacios gracias a unos bloques escenográficos móviles con los que arman una mesa, sillas, sillones, una cama y más, dotando de un plus a un texto certero y actuaciones notables de Sofía Roviralta, Juan Denari, Bruno Pedicone y Carolina Babich. Hay múltiples momentos hilarantes y muy celebrados por la platea, gracias a rasgos de personalidad tan reconocibles como intolerables.

Lo más interesante de “Cena con amigos” está en los vínculos de los cuatro: además de cada pareja y su verdad íntima, la apariencia hacia el afuera inclusive con sus amigos, el qué dirán, qué contar y lo no dicho, las charlas femeninas entre amigas y las masculinas entre amigos, lo que sobreviene en revelaciones y conflictos que acaso terminen en la ruptura de esa amistad.

En ambas obras se advierte el gran trabajo de adaptación para que una obra extranjera no pierda gracia, vigencia y si bien no faltan los conflictos universales como todos los mencionados, varios rasgos podrían resultar disonantes en la Argentina actual. Sin embargo, fue cuestión de traerla con inteligencia al presente y darle absoluta actualidad.

En “El estado de la unión” las diferentes escenas, desde el comienzo de la terapia hasta un alta cercano, está construida en el mismo espacio, un bar, donde se van acumulando discusiones, risas, vasos de tragos, traumas, charlas sobre cómo los ven los otros y un deseo profundo de salvar la pareja con juegos que abren la fantasíapropuestos por la terapeuta . La química entre los protagonistas Heredia y Wexler es innegable y disfrutable a pleno. La música que une las escenas es hermosa, propia de los ´90, donde no faltan The Cure con Friday I´m in love, Blur con Tender, David Bowie con Modern love, entre otras del rock alternativo de la década en que fue escrita la obra.

En síntesis, ambas obras sobre las separaciones en la franja de los 40 a 50 años concentran muchos de los conflictos que más interesan al teatro contemporáneo: identidad, deseo, rutina, tiempo perdido, crianza de los hijos, envejecimiento y reinvención personal.

Desde el punto de vista dramático, es una edad especialmente fértil porque los personajes ya tienen una historia construida. No están enamorándose por primera vez ni comenzando la vida adulta; tienen décadas de decisiones encima. Cuando una pareja se rompe a los 45 años, no sólo se termina una relación: se pone en crisis una casa, una familia, amistades, proyectos y la imagen que cada uno tenía de sí mismo.

Por eso obras como “Cena con amigos”, “El estado de la unión”, o incluso muchas comedias argentinas recientes como “El divorcio” o “La mentira” utilizan la separación como disparador para hablar de algo más amplio: qué pasa cuando la vida que se imaginaba ya no coincide con la que se vive.

Ver personajes atravesando problemas similares genera identificación inmediata y en el público mayor que es el asiduo asistente al teatro, acaso represente algo de lo que vivieron en el pasado o lo que atraviesan sus hijos.

También cambió la mirada cultural. Durante mucho tiempo el teatro contaba historias sobre casamientos; hoy cuenta historias sobre rupturas. El matrimonio dejó de verse como el final feliz y pasó a ser el punto de partida para nuevas preguntas. Una separación ya no es necesariamente una tragedia: puede ser una liberación, una crisis existencial o una oportunidad de transformación.

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