29 de noviembre 2005 - 00:00

"Es difícil aceptar a una boxeadora"

Michanié: «Las feministas no toleran a una boxeadora. Y muchos europeos siguen viendoa este deporte por mujeres como un show de feria, denigrante, vulgar y de apuestas clandestinas».
Michanié: «Las feministas no toleran a una boxeadora. Y muchos europeos siguen viendo a este deporte por mujeres como un show de feria, denigrante, vulgar y de apuestas clandestinas».
La «Tigresa» Marcela Acuña es protagonista de un documental que acaba de filmarse, donde también aparecen otras figuras notables del boxeo femenino internacional. La directora es la experta Matilde Michanié, que se confiesa perpleja ante la reacción de las feministas. Dialogamos con ella.

Periodista
: ¿Se trata de una coproducción?

Matilde Michanié: Sí, entre la alemana Sur Films, dirigido por una uruguaya excelente, a la que debí convencer, porque en Europa hay mucho prejuicio sobre el boxeo femenino, la argentina Morocha Films, y el Incaa, que no tardó en apoyar el proyecto. Igual tardó en concretarse.


P.:
¿Cómo empezó todo?

M.M.: Yo había visto el documental sobre Cassius Clay «Cuando éramos reyes», con fascinantes comentarios de Norman Mailer, cuando una amiga me hizo llegar una nota sobre Marcela Acuña, que recién empezaba su carrera. Me interesó su historia personal, es decir lo que debió batallar por su afición deportiva tanto como por su relación afectiva con Ramón Chaparro. Se conocen desde que ella tenía 7 años y él, que le lleva como 20, enseñaba artes marciales. Creo que a los 16 le dio su primer hijo y a los 18 el segundo. Después empezó a boxear, con él de manager. El se dedica a ella sola, en una relación muy particular, de mucho soporte emocional. Como debía hacer un documental en Paraguay, aproveché a conocerla en su propia tierra de Formosa, y le propuse rodar sobre ella, que todavía no era campeona mundial, ni siquiera estaba segura de mantener sus sueños. Desde entonces ha crecido mucho, y eso es lo que hemos registrado.


P.:
¿Y ahora?

M.M.: Acá ya terminé. Ahora debo entrevistar a la inglesa Barbara Buttrick, una pionera de 76 años. De chica jugaba al fútbol en un potrero. Un día le dicen que se limpie los botines con un diario antes de entrar a la casa, y en el diario ve la foto de la boxeadora, Polly Burns. Ahí decide su futuro. Hace peleas callejeras, incluso con hombres. Consigue un entrenador, que luego será su marido. Deja de pelear cuando queda embarazada, pero sigue luchando por el bienestar de sus colegas. Hoy preside la WIBF (Women International Boxing Federation). ¿Sabe que recién en 1994 Inglaterra legalizó la práctica del boxeo femenino amateur? También entrevistaré a Regina Halmich, ícono del boxeo europeo, que sale en tapas de «Play Boy», posa en ropa interior y tiene su propia línea de cosméticos. Usa bien a su favor eso de objeto sexual que muchos ven en las boxeadoras. Y revierte el clisé de machona que tantas de ellas soportan, y contra el cual se obligan a remarcar su femineidad.


P.:
¿Pero una mujer bonita no teme que le rompan la cara?

M.M.: No le pegan tanto. De 50 peleas, perdió una sola. La idea es dar un panorama general, descubriendo contrastes y parecidos. Por ejemplo, parecería que allá todo es más fácil. Pero los europeos todavía ven el boxeo femenino como un espectáculo de feria, denigrante, vulgar, de apuestas clandestinas o sitios pornográficos. Los perturba la desnudez, mientras que aquí se aprecia mejor la faz deportiva. Un día lo aceptarán mundialmente como disciplina olímpica, igual que al boxeo masculino.


P.:
Supongo que las feministas estarán orgullosas.

M.M.: ¡Todo lo contrario! Son muy prejuiciosas. Lo ven como una regresión. Una de ellas inclusive llegó a decir por televisión que eso de agarrarse a trompadas se dejaba para las mujeres del Tercer Mundo.


P.:
Aparentemente, el documental no será solo de deporte.

M.M.: No, esto es como una metáfora de cualquier lucha por los ideales, contra los prejuicios del medio, comprobando además que a cualquier persona distinta la aceptan solo cuando resulta exitosa, sea hombre o mujer. Nada nuevo, como se ve. Pero sobre todo es una historia de amor. La Tigresa Acuña no sería lo que es, sin él. Para resistir en ese mundo, hay que tener un hombre al lado. Hay que tener alguien como él, porque lo que él hace es ayudarla a ser lo que ella quiere, y ella se alimenta de la confianza que él le tiene. Seguramente muchos lo verán como un cafisho. Personalmente yo fui con una idea, y ahora tengo otra. Eso es lo bueno del documental, cuando uno realmente logra acercarse a las personas.


P.:
Usted a veces se acercó demasiado, tratando con marginales para la televisión alemana.

M.M.: Pero tuve suerte, o era medio loca. En todo caso, nunca trato de sacarles lo que no me quieren dar.


P.:
¿Las boxeadoras son agresivas?

M.M.: Al contrario. Nunca vi que hicieran alarde de sus fuerzas, ni que fanfarronearan. La mayoría son introvertidas, sin llegar a tímidas. Solo que desean brillar a su manera, y a veces luchan contra la oposición familiar, inclusive las de bajo nivel social, que son las menos. Tampoco las vi marcadas por el destino o algo parecido. Por ejemplo, supe de una sola que venía de padres golpeadores. Pero no quiero hacer una regla, ni un estudio sociológico. Yo solo quiero hacer historias de vidas. Y la de Marcela Acuña, además, tiene final feliz.


Entrevista de Paraná Sendrós

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