Varios elementos concurrieron a la emancipación del dibujo: el uso del papel, que se generaliza a comienzos del siglo XV (en sustitución de la tablilla de cera y el pergamino), el empleo de instrumentos como el carboncillo, la sanguina y la tiza, que acrecientan las posibilidades gráficas del dibujo, sumándose a la pluma (animal o vegetal) y a las puntas de plata y de plomo; la mejora de las tintas; y el recurso de la aguada más la utilización de pinceles.
La independencia del dibujo, que se irradia desde la Toscana hacia toda Italia y toda Europa, se desenvuelve a lo largo del XVI, hasta el punto de que llega a ser considerado el fundamento de las artes visuales y la arquitectura: es
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