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2 de noviembre 2006 - 00:00

Interesa el documental "Lo que hay que decir"

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El documental de Pablo Nisenson muestra la vida cotidiana en dos centros de recuperación de drogas y, como es institucional, todo luce bien, pero nada parece engañoso.
«Lo que hay que decir» (Argentina, 2006, habl. en español). Guión y dir.: Pablo Nisenson. Documental.

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Ofrece un buen aliciente a quienes luchan contra la droga, este documental institucional sobre la vida cotidiana en la Comunidad Terapéutica «Programa Asumir» y en el hogar de niños y jóvenes «El refugio de Jesús», ambos en las afueras de Bariloche. Por supuesto, como es institucional, todo luce bien, pero -aunque seguramente se obviaron ciertos aspectos negativos, y aunque se nota que el diálogo de cada escena fue previamente pautado- nada parece engañoso. Al contrario, se aprecia claramente el compromiso de los internos con su recuperación.

El documental muestra sus quehaceres habituales, la camaradería que se forma y que les permite alentarse mutuamente, el entusiasmo full-time del director, el apoyo de proveedores y funcionarios municipales, la recuperación de lazos familiares. Es tocante ver que algunos jóvenes internos también son padres de familia, y miran las fotos de sus chicos antes de acostarse, rezando para que Dios les ayude a tener fuerzas. El trabajo, la oración, los ejercicios de autopresentación (que combinan autovaloración y autocrítica), los deseos manifestados por cada uno frente al paisaje y junto al grupo, y, a la hora de la cena, el hábito de «compartir los sentimientos positivos» que disfrutaron durante el día, son las actividades curativas que acá se registran. Debe haber otras, pero éstas son las que se muestran. Como se muestra, también, la indiferencia de la gente cuando dos de los internos salen a repartir folletos por la ciudad, y sólo una turista extranjera se detiene a escucharlos.

El relato se concentra en un joven al que vemos subiendo un cerro hasta llegar a la cumbre, el director, un chico de la calle que de tanto esnifar durante años tiene problemas de memoria (lo llevarán al Garrahan) y una veinteañera que charla con sus padres la posibilidad de ir reintegrándose al mundo exterior, entendiendo que ya tiene fuerzas para ello. Todo suena inocente, casi diríamos feliz, como una luz que contrasta naturalmente con la oscuridad del comienzo, donde se oyen fragmentos de unas charlas en que algunos cuentan cómo era su vida anterior.

Son fragmentos pequeñísimos, pero alcanzan para dar una idea de la palabra infierno. Es lógico, entonces, que el resto del documental quiera decirnos otra cosa, más importante y menos apreciada.

P.S.

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