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2 de octubre 2026 - 16:23

Julia Coria: "El programa literario argentino acerca de la última dictadura está comido por el testimonio"

La escritora presenta A través del universo, una novela ambientada en 1977 que combina ficción, cartas familiares e intriga para reconstruir los silencios, las ausencias y los enigmas de la última dictadura.

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 Julia Coria presenta "A través del universo", novela que combina ficción, cartas familiares e intriga sobre la última dictadura.

1977. Jorge Rafael Videla, presidente de la Junta de Gobierno, pariente del intendente de Pueblo Chico, visitara la Fiesta del Alfajor para la elección de su Reina, algo que tiene movilizada a toda su gente. Por la ausencia de los obreros calificados, el intendente, y dueño de la fábrica que es el eje de Pueblo Chico, les pide a las monjas del Convento que los reemplacen. A la vez, hay un grupo que la situación resulta perfecta para realizar un atentado al Comandante en Jefe de la dictadura. Con una extraordinaria pericia narrativa, con la intriga y tensión de un policial que convierte al lector en investigador, en “A través del universo” (Tusquets), Julia Coria despliega una versión ficcional que remite a momentos de la dictadura, a temas de la apropiación y de la identidad. Hija de desaparecidos, la socióloga, autora de elogiadas novelas, cuentos y ensayos, entrega una novela que es a la vez emocionante y vindicativa. Dialogamos con ella.

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Periodista: Luego de más de cuarenta años de estudios, investigaciones, ensayos, películas, cuentos y relatos sobre la dictadura, ¿qué la llevó a revelar una historia inexistente?

Julia Coria: ¿De dónde sale eso que cuento? De que yo no sé nada de la desaparición de mis padres ni de lo previo, su militancia. Ya que los han dejado sin tantas cosas, yo no quería dejarlos sin historia. Entones inventé una historia épica que hablara de ellos, que no son ellos, están sus nombres y algunas características, que son las cosas que cuenta mi mamá en las cartas que aparecen en la novela, pero que no son ellos. Para escribir esta historia me documenté muchísimo. Leí durante años unas setenta novelas, cuentos y ensayos sobre la dictadura. Además, asistí y declaré en los juicios de lesa humanidad en la mega causa sobre El Vesubio. Me instruí. Y con toda esa información pude armar una operación y una dinámica que en principio resulta creíble. Hay reseñas que hablan de autoficción o que Julia revela una parte de la historia argentina. Esto me halaga un montón, aunque en la novela, en la primera página una nota dice: “esta novela es una ficción”. Aun así, se buscan referencias en la realidad. Un periodista muy conocido, al terminar de leerla, me llamó y me dijo: July, no conocía tu historia. Le expliqué que esta no es mi historia. Esas cosas me alegran muchísimo.

P.: En “A través del universo” ¿usa la ficción, con resonancias de hechos reales, para iluminar de una manera nueva, intrigante y conmovedora lo ocurrido durante la dictadura?

J.C.: El programa literario argentino acerca de la última dictadura está absolutamente comido por el testimonio. No lo digo críticamente, es una característica. Si bien tenemos grandes ficciones “Dos veces junio” (de Martín Kohan), “Una muchacha muy bella” (de Julián López), “La respiración violenta del mundo” (de Ángela Pradelli), pero es clara la prevalencia del testimonio, y eso tiene que ver con la importancia que el testimonio ha tenido

Y tiene en nuestro país para la búsqueda de la justicia. Tenemos el lujo de tener juicios por delitos de lesa humanidad como casi ningún otro país del mundo. El programa literario español acerca de la Guerra Civil se sirve de la ficción para iluminar hechos que no han sido juzgados y condenados, por eso el testimonio no tiene la preminencia que tuvo en la Argentina. Por supuesto hay novelas testimoniales y biográficas espectaculares. Sabemos que los mecanismos de la ficción para provocar emoción son insuperables. Yo quedé muy asociada a la literatura del yo, y a la autoficción, por mi libro “Todo nos sale bien”. Después me llamaron para escribir un ensayo sobre mi experiencia personal, que es “El ombligo del mundo”. Acaso todo eso hace que haya quienes cuando terminan de leer “A través del universo” digan: ah, esta es la historia de Julia.

P.: Los obreros ausentes y las monjas supliéndolos, Videla llegando al Fiesta del Alfajor y los intentos de atentado, provocan resonancia que dan verosimilitud a la historia…

J.C.: Cuando leo literatura sobre la dictadura encuentro que en vez de responsable se dice jefe, en vez de conducción la jerarquía o la cúpula, o agrupación en vez de la organización, y se me desdibuja lo que contienen. Mi libro busca reponer el habla de esa época.

P.: Junto a esto el narrador elude decir ciertas cosas…

J.C.: Es alguien que elude decir lo que ocurre realmente con la llegada de Videla y usa eufemismos. Hay tres líneas narrativas. La primera: un pueblo donde todos están muy involucrados con la preparación de los festejos del aniversario de la fábrica, de la que viven todos, en la que según el narrador dada la “ausencia“ de obreros calificados el intendente y dueño de la fábrica recurre a las monjas del convento. En ese clima festivo, vital, y de pronto comienzan a colarse cosas oscuras: “ausencias”, 1977, Videla. El lector espero que puede reponer aquello que el narrador elude. Por ejemplo, ya al comienzo, de una monjita el intendente dice: ah, la huérfana. La tercera línea narrativa, la más escurridiza, la compone cartas de una chica de ese momento, con pequeños relatos sobre personas que aparecen en esas cartas, en las que en cincuenta años después se van encontrando pistas sobre un secreto que su amiga, desaparecida, no pudo decirle y que en las últimas veinte páginas se revela.

La autora distingue su obra ficcional de la literatura testimonial predominante sobre el período.

P.: Esas cartas familiares suman intrigas que llevan al lector a convertirse en investigador…

J.C.: Hay algo que me interesaba instalar: el ruido acerca de las verdades vinculadas con la dictadura, y sobre todo con el tipo de verdades que van a tener que buscar los personajes. Quien tiene alguna experiencia con el tema sabe que todo es enigma. Los cuerpos de los desaparecidos están ocultos. La posibilidad de construir verdad en los testimonios esta mediada por la dificultad de que los guerrilleros y los militantes de base usaban nombres de guerra, y los represores usaban seudónimos. Todo es confusión. Me interesaba reproducir ese ruido que impide escuchar esa verdad que los personajes van a buscar.

P.: ¿En las cartas hay algo íntimo, personal?

J.C.: Si bien esta historia no tiene nada que ver con mi historia, todas las cartas salen de la que mi madre le mandó a su prima de Estados Unidos, y que mi tía después me dio. Me gustaba usar ese material real para crear una historia ficticia. Historia que comencé a escribir en 2019, aunque la versión final no tiene una página escrita antes de abril del año pasado, fueron años de descartar borradores. Me halaga que algunos digan que el libro tiene algo de Manuel Puig, que no es solo servirse de los materiales sino hacer de la historia chiquita, microscópica, del personaje marginal a la historia grande, y hacer de eso el centro de la historia. Cómo dialoga lo real con lo emotivo, con lo cursi. El momento en que un alumno, que de ahí en adelante llamaran Pajarito, recoge del césped un pajarito y quiere alimentarlo, sus compañeros se ríen de él, pero su maestra no, ella le dice que se lo dé, que lo va a llevar a un nido para que la mamá lo cuide. En un momento tuve la fantasía de hacer que el operativo, el atentado, funcionara y mataran a Videla, y me dije esto no va, no es creíble, después supimos que la muerte real de Videla es literariamente insuperable, en un relato es inverosímil porque es demasiado, y ahí está la realidad haciendo su magia.

P.: ¿Ahora en qué está?

J.C.: En la página cinco de una novela nueva, y cuando llego a la página treinta me meto en un submundo paralelo que me encanta.

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