Sus mordaces aforismos ( Dada la extensión y virulencia de este atípico drama antibélico,
La primera parte evoca un campo de batalla, cubierto de barro y de cadáveres, del que emergen cinco individuos desnudos y mentalmente devastados. Acordeón en mano, procuran inter-pretar la tragedia que han vivido, pero sus instrumentos desafinan y su creciente atontamiento los asemeja a una banda de simios jugando con los muertos.
La segunda parte del espectáculo es mucho más rica conceptualmente y de mayor atractivo dramático. La acción se desarrolla en un espacio hermético, que remite a una cámara gesell y, más específicamente, a la casa de
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