Orquesta Sinfónica Nacional. Dir.: P. I. Calderón. Solistas: D. Volonté, S. de la Rosa, P. Díaz Bruno, A. Meerapfel. Coro Polifónico Nacional. Dir. R. Luvini. Coro Nacional de Niños. Dir. V. G. de Teseo (Teatro Nacional Cervantes, 26/3).
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El concierto con entrada gratuita que la Orquesta Sinfónica Nacional ofreció en el Teatro Nacional Cervantes el miércoles, casi a modo de apertura de la temporada 2008 por la magnitud de los organismos y artistas convocados, reunió en las puertas de sala de la calle Libertad a una verdadera multitud.
Era lógico. El tenor Darío Volonté juntoa otros calificados cantantes solistas, el Coro Polifónico Nacional, el Coro Nacional de Niños y la maltratada Orquesta Sinfónica Nacional, que parece haber cambiado su relación con las autoridades nacionales, despertaron una ansiedad que, otra vez, las fallas de organización y de criterio junto a la eterna falta de respeto por el público, provocaron un caos inexplicable (e inexplicado), que recién pudo ser sofocado 40 minutos después de la hora anunciada para el comienzo. La hora inicial era 20.30 y la batuta se levantó a las 21.10. Durante todo ese tiempo, músicos y coreutas en el escenario y algunos espectadores en la platea esperaron pacientemente en la sala para que entrara el resto.
En el concierto de fin de temporada de diciembre de 2007 lo dijimos. El Teatro Nacional Cervantes es el ámbito más adecuado para una orquesta nacional que no tiene sede. El marco estético no podría ser mejor aunque las condiciones acústicas no son óptimas (son peores algunos templos, la Bolsa de Comercio, etc., donde toca habitualmente el organismo. En el Auditorio de Belgrano hay que pagar alquiler).
Con una amplificación moderada se puede corregir el desequilibrio acústico que presenta el lugar para un concierto sinfónico, pero no debe hacerse lo de esta vez, que tuvo una amplificación exagerada. Así un concierto en vivo casi no se justifica. Es como escuchar una grabación y se dejan de apreciar las condiciones naturales de los instrumentos y las voces.
A partir de esas premisas se juzga el programa: un homenaje a Giacomo Puccini que incluyó fragmentos operísticos (vocales e instrumentales) de « Tosca», «Manon Lescaut» y «Turandot». Muy en forma cantó Darío Volonté, con lirismo y potencia dramática según lo exigió el repertorio. Bien Soledad de la Rosa en «In quelle trine morbide» («Manon») y con falta de carácter en «Vissi dárte» («Tosca»). Estupendo el final de esta primera parte con un Volonté impetuoso en «Nessun Dorma», acompañado por la Orquesta y los coros en una síntesis espectacular y emotiva, todos dirigidos por el experimentado Calderón. El público entusiasmado adelantó sus aplausos antes del final de la magnífica ópera de Puccini, tragándose el agudo conclusivo del gran tenor argentino.
El Coro Polifónico Nacional con dirección de Luvini, el Coro de Niños y la Sinfónica con su titular cerraron la jornada con una cuidadosa y por momentos impresionante versión de «Carmina Burana» de Carl Orff, que contó con las excelentes voces solistas de Soledad de la Rosa, Alejandro Meerapfel y Pehuén Díaz Bruno, un contratenor para tener muy en cuenta.
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