Un momento de «Las mantenidas sin sueños», de Vera Fogwill, que
al fin puede estrenarse después de cuatro años.
«Las mantenidas sin sueños» (Arg., 2004, habl. en esp.); Dir.: V. Fogwill, M. Desalvo; Guión: V. Fogwill; Int.: L. Snieg, V. Fogwill, M. Busnelli, E. Díaz, M. Maestro, G. Pauls, E. Berenguer, J. Krakov, N. Condito.
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Superado, al cabo de cuatro años, el problema judicial con un estafador francés que se había apropiado del negativo, llega finalmente a las salas comerciales esta obra, que, por suerte, sigue siendo fresca, realmente buena, y bastante graciosa. Durante esos tres años, con una única copia, recorrió festivales y se cansó de ganar premios, 23 en total, incluyendo uno para la actriz, dos para la pequeña coprotagonista, y tres del público para la película.
También en esos cuatro años sus responsables, Vera Fogwill y Martín Desalvo, siguieron progresando. El, como director de «Amas de casa desesperadas» en Colombia y otros países. Ella, solo como actriz, aunque quizá pronto repita la experiencia de guionista y directora. La nena, Lucía Snieg, debe haber crecido un montón. Y en festivales fueron apareciendo varias otras películas con asunto similar, pero ninguna salió mejor que ésta.
El asunto, de reconocible actualidad, nos muestra una familia disfuncional con hija a cargo de la casa, madre soltera haragana, etc. (era la mejor del colegio, pero hoy carece de motivaciones), y personas mayores que se entrometen y/o cargan el fardo, a veces mal, a veces bien. La culpa es de la sociedad, dicen unos. Que cada quien haga su vida, dicen otros. Se arregla con una buena patada, o cortando los víveres, dicen los terceros, desde más afuera. La película sabe equilibrar las cosas: todos tienen su parte de razón, y cada uno está parcialmente equivocado, e inhabilitado para tirar la primera piedra. Y, aunque en el fondo esto sea un drama, cada momento tiene, también, su costado risueño, y todo conduce a un final, digamos, feliz, que abre caminos nuevos, no solo para la nena.
Igual que el título, que juega con el lugar común, la confusión inicial de términos, y la construcción inhabitual de la frase, el relato juega con diversas situaciones fácilmente reconocibles entre nosotros, y muestra la confusión de papeles familiares, donde los mayores son poco confiables, y hasta ridículos, pero, por suerte, siguen siendo queribles. Y son queribles también para el público, lo cual marca, además, la diferencia entre esta comedia y muchas otras películas sobre el mismo tema.
Buena historia, entonces, de Vera Fogwill, y también buena dirección, y muy agradable elenco, integrado por ella, la entonces chiquita Lucía Snieg, que se roba la película, las venerables Mirta Busnelli, Edda Díaz y Elsa Berenguer (a cuya memoria se dedica la obra), Mia Maestro, como una ex compañera con otro sustento, y, como padre de la criatura, Gastón Pauls.
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