4 de septiembre 2007 - 00:00
"Los policiales, por desgracia, no tienen fronteras"
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Jorge Algora:
«Era
imposible
contar esta
historia desde
el punto de
vista del
asesino. Por
eso, tomamos
el de una de
sus víctimas».
P.: ¿Cómo hicieron con ellos?
J.A.: Contactamos psicólogos infantiles especialistas en juegos y dramatizaciones. Los chicos vivieron sus personajes desde un costado lúdico. Claro que debían gritar de espanto, pero lo hacían como un juego. Les encantaba andar vestidos de época, y correr por todas partes. Una vez terminado el rodaje, hicimos, por las dudas, varios chequeos periódicos, para ver cómo estaban. La psicóloga me dijo que están todos bien.
P.: ¿Cómo dio con el protagonista?
J.A.: Se llama Juan Ciancio, y es muy gracioso lo que él mismo cuenta: «No buscaban un chico como yo, pero me fui quedando, el director me cayó bien, y decidí hacer la película». Es muy decidido, distinto del niño débil que compone, abrazado a la madre que interpreta Maribel Verdú.
P.: Así cualquiera se abraza. ¿Y quién hace de Orejudo?
J.A.: No debería develar si aparece o no en la película. Le digo que en el reparto están Chete Lera, Abel Ayala, César Bordón, Emilio Bardi y muchos otros artistas argentinos y españoles.
P.: ¿Cómo se originó la coproducción?
J.A.: Con otros dos compañeros de Arte Dramático, Susana Maceiras y Carlos Iglesias. El primer contacto fue en el Al-Invest, el encuentro anual que organiza el Incaa para que gente de ambos continentes se conozca e inicie algún negocio. Ahí conocimos al argentino Cristian Busquier, autor del guión original. También, a otros jóvenes, con quienes ya hicimos un par de documentales. Cuando volvimos, para una Semana de Cine Gallego, aproveché a visitar el Museo de la Policía Federal Argentina y recabar mucha informaciónhistórica, pues la historia transcurre hace casi un siglo atrás. Y así seguimos. Fue una larga preparación.
P.: Para lograr un thriller psicológico, de violencia familiar, y además de época.
J.A.: Gracias a la directora de arte Mariela Ripodas, en San Antonio de Areco recreamos el Buenos Aires suburbano de 1912. El trabajo era enorme, y, aunque para los costos standard no es una producción excesiva, a nosotros, como somos una empresa chica, nos resultó carísima, porque tiene muchos escenarios, niños, animales, extras, ropas, una calesita de las de antes, tiradas por caballos viejos, que encontramos desarmadaen La Plata, etc., pero en Areco se vive de un modo tan relajado que todo nos resultó llevadero.
P.: ¿Qué imagen le queda del asesino?
J.A.: Hay algo que me interesa destacar. Cayetano fue un niño problemático, que creció en un medio familiar violento. El estuvo cuatro años internado en un instituto de salud mental de Marcos Paz. Cuando salió de ahí, empezó a matar. La institución no lo había curado, y el entorno familiar lo enfermaba. Después, su familia se desentendió de él, totalmente. El resto es conocido. Hay muchos estudios de psicología, psiquiatría, y criminalística referidos a este caso.
Entrevista de Paraná Sendrós



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