4 de septiembre 2007 - 00:00

"Los policiales, por desgracia, no tienen fronteras"

Jorge Algora:«Eraimposiblecontar estahistoria desdeel punto devista delasesino. Poreso, tomamosel de una desus víctimas».
Jorge Algora: «Era imposible contar esta historia desde el punto de vista del asesino. Por eso, tomamos el de una de sus víctimas».
"En la película se respira lo argentino, pero la temática es universal. Los policiales, por desgracia, son universales". Así justifica el cineasta español Jorge Algora, más allá de los marcos de la coproducción, su interés por haber llevado a la pantalla la historia del célebre criminal infantil Cayetano Santos Godino, más famoso en la crónica policial como «el Petiso Orejudo».

Algora, que presentó fragmentos de su film el año pasado en el festival Pantalla Pinamar, está nuevamente en Buenos Aires para acompañar el estreno del film «El niño de barro», como llamó a su película. Santos Godino comenzó a los 10 años con sus asesinatos y torturas a niños hasta que fue detenido seis años más tarde.

Desde entonces pasó 32 años encerrado en la cárcel de Ushuaia, donde -según se presume- murió asesinado a golpes por otros reclusos. «Godino es un personaje que está unido a una época de leyenda de Buenos Aires; esos tiempos de esplendor, de inmigración, como los que ahora vivimos en España», dice Algora, para lamentar a continuación: «las circunstancias no cambiaron mucho. La violencia en la infancia y la violencia en la juventud se veían ya reflejados en los crímenes de Godino». Dialogamos con él.

Periodista: ¿Es posible contar esta historia?

Jorge Algora: Imposible, al menos desde el punto de vista de ese enfermo. Por eso hicimos una pirueta en el aire. Nuestro protagonista no es el asesino, sino Mateo, una de sus víctimas. Cuando era pequeño, Cayetano lo tiró contra un fardo de alambre de púas, y quién sabe qué más iba a hacerle si por casualidad no pasaba un policía.

Cayetano salió huyendo. De algún modo, ese chico, extremadamente sensible, quedó mentalmente ligado al asesino. Los psicólogos dicen que cosas así pueden ocurrir. Yo me tomo, entonces, una licencia telepática, que me permite sugerir los crímenes a través de las pesadillas de Mateo. Nunca mostramos explícitamente las escenas más duras. Además, hemos trabajado con chicos.

P.: ¿Cómo hicieron con ellos?

J.A.: Contactamos psicólogos infantiles especialistas en juegos y dramatizaciones. Los chicos vivieron sus personajes desde un costado lúdico. Claro que debían gritar de espanto, pero lo hacían como un juego. Les encantaba andar vestidos de época, y correr por todas partes. Una vez terminado el rodaje, hicimos, por las dudas, varios chequeos periódicos, para ver cómo estaban. La psicóloga me dijo que están todos bien.

P.: ¿Cómo dio con el protagonista?

J.A.: Se llama Juan Ciancio, y es muy gracioso lo que él mismo cuenta: «No buscaban un chico como yo, pero me fui quedando, el director me cayó bien, y decidí hacer la película». Es muy decidido, distinto del niño débil que compone, abrazado a la madre que interpreta Maribel Verdú.

P.: Así cualquiera se abraza. ¿Y quién hace de Orejudo?

J.A.: No debería develar si aparece o no en la película. Le digo que en el reparto están Chete Lera, Abel Ayala, César Bordón, Emilio Bardi y muchos otros artistas argentinos y españoles.

P.: ¿Cómo se originó la coproducción?

J.A.: Con otros dos compañeros de Arte Dramático, Susana Maceiras y Carlos Iglesias. El primer contacto fue en el Al-Invest, el encuentro anual que organiza el Incaa para que gente de ambos continentes se conozca e inicie algún negocio. Ahí conocimos al argentino Cristian Busquier, autor del guión original. También, a otros jóvenes, con quienes ya hicimos un par de documentales. Cuando volvimos, para una Semana de Cine Gallego, aproveché a visitar el Museo de la Policía Federal Argentina y recabar mucha informaciónhistórica, pues la historia transcurre hace casi un siglo atrás. Y así seguimos. Fue una larga preparación.

P.: Para lograr un thriller psicológico, de violencia familiar, y además de época.

J.A.: Gracias a la directora de arte Mariela Ripodas, en San Antonio de Areco recreamos el Buenos Aires suburbano de 1912. El trabajo era enorme, y, aunque para los costos standard no es una producción excesiva, a nosotros, como somos una empresa chica, nos resultó carísima, porque tiene muchos escenarios, niños, animales, extras, ropas, una calesita de las de antes, tiradas por caballos viejos, que encontramos desarmadaen La Plata, etc., pero en Areco se vive de un modo tan relajado que todo nos resultó llevadero.

P.: ¿Qué imagen le queda del asesino?

J.A.: Hay algo que me interesa destacar. Cayetano fue un niño problemático, que creció en un medio familiar violento. El estuvo cuatro años internado en un instituto de salud mental de Marcos Paz. Cuando salió de ahí, empezó a matar. La institución no lo había curado, y el entorno familiar lo enfermaba. Después, su familia se desentendió de él, totalmente. El resto es conocido. Hay muchos estudios de psicología, psiquiatría, y criminalística referidos a este caso.

Entrevista de Paraná Sendrós

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