«La calcomanía»; de René Magritte, uno de los artistas del
siglo XX más revalorizados por los coleccionistas.
René Magritte fue el más importante artista belga de la historia. Su personal obra es hoy una de las más buscadas en el mercado de arte internacional, y así es normal que sus cuadros dupliquen los precios de base en las subastas; en los últimos años, éstos han crecido a un ritmo de 33% anual. Cerca de cincuenta de sus obras se venden en mercado público, y los valores de las pinturas fluctúan entre 300 mil y 4 millones de dólares, aunque cuando aparece alguna obra excepcional se han pagado más de diez millones.
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Magritte no fue un virtuoso del pincel, ni su pintura era técnicamente de gran valor: fueron sus ideas y su forma de representarlas lo que lo hicieron un artista único, un hombre de gran inteligencia. Solía definirse de esta manera: «no soy un artista sino un hombre que piensa».
Nacido en 1898, recién cuando conoció la obra de Giorgio De Chirico (tenía entonces 25 años) encontró su camino en el arte metafísico, y luego de conocer la obra del otro extraordinario belga, que fue Paul Delvaux, se dedicó de lleno al surrealismo, que marcó con fuego su obra desde la primera exposición realizada en 1927.
Pocas son las grandes muestras que se han realizado de sus obras. Hubo una muy importante en Bruselas, otra en la Fundación March en Madrid, y más recientemente la realizada en el Jeu de Paume de París, hace ya tres años. Magritte es de los artistas más revalorizados por la crítica y los coleccionistas en la última década. La explicación hay que buscarla en la simpleza de su mensaje, en la forma cargada de humor de manifestar las contradicciones que se nos presentan en nuestra vida.
No ha tenido seguidores en el arte de los argentinos pese a que, simultáneamente a sus primeras exposiciones, surgía entre nosotros el grupo Orion con las mismas inquietudes surreales. Hoy el contenido de su mensaje está desarrollado en la obra de Ernesto Bertani y de otros artistas, que observan con mirada crítica aquello que nos rodea.
Cuando falleció en Bruselas, el 15 de agosto de 1967, su obra no tenía una gran consideración entre sus contemporáneos; inclusive era criticado por una serie de objetos que había realizado a manera de esculturas, reproduciendo algunas de sus obras. Hoy hasta estas «reproducciones de sus obras» se venden en cerca de 70 mil dólares. Junto con Dalí, Tanguy y Ernst, son los representantes del surrealismo que, sin duda, le quitan el sueño a todos los coleccionistas.
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