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27 de junio 2018 - 00:00

Mario Sabato: “La realidad, como quiero que haya sucedido”

El cineasta encontró en Facebook el espacio ideal para probar estos textos, y la reacción en presente del lector.

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Mario Sabato. “Facebook me llevó a trabajar en el formato de cuento breve. Lo que decía la gente me llevó a corregir, a cuidar el tono coloquial”.
ía" (Waldhuter), donde mezcla el universo familiar, la circunstancia de ser el hijo de un escritor famoso, rodeado de gente famosa; la madre protectora, los amigos, su etapa como cineasta y la gente que conoció. Sabato ha realizado quince películas entre las que se destaca "El poder de las tinieblas".

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Periodista: ¿"La imposible melancolía" es una memoria fragmentaria, instantáneas de su pasado, una mirada lateral de la historia reciente?

Mario Sabato: Es algo de eso. En ningún momento pretendí hacer una autobiografía porque, empezando por mí, a nadie le iba a interesar en lo más mínimo. Son relatos de vida en los que fui testigo o protagonista. Por momentos es la realidad como quiero que haya sucedido. No me preocupa la verdad histórica. No me entretuve en ser prolijo con nombres y fechas. En muchos relatos aparecen hechos absolutamente inverosímiles, y son totalmente reales.

P.: Hay sorpresas, como que lo convocaran a filmar el que terminaría siendo el último discurso de Perón desde el balcón de la Casa Rosada.

M.S.: Para mí fue una sorpresa. En 1974 el Secretario de Información Pública me convocó para filmar el acto del 1° de Mayo. Le dije que los llamara a Pino Solanas, a Leonardo Favio, que son peronistas, que yo no lo era. "Justamente por eso te llamo", me dijo. Temía, y así fue, que fuera el último discurso de Perón, y no quería que fuera usado por alguna de las facciones del peronismo. "Viste que el General dijo que los peronistas somos como gatos que parece que se pelean pero están haciendo gatitos; ahora no estamos haciendo gatitos". Ese relato es rigurosamente histórico en sus datos esenciales, como que a Aníbal Di Salvo le pusieran un chumbo en la cabeza para que no filmara a gente de la plaza, o que Perón no podía dejar de salirnos fuera de foco, y el final del hundimiento de aquellos negativos.

P.: Pasemos a una broma con Sergio Renán, que también figura en el libro.

M.S.: Nos juntábamos en el Florida Garden. Una mesa de gente conocida. Quien nos mirara de lejos pensaría que hablábamos de temas trascendentes. Un día vino mi hija a traerme unos papeles y se sentó a esa mesa de hombres. Hablábamos de fútbol, de mujeres, de pilchas. Al irse me susurró: "gente grande hablando de boludeces", título de ese relato. Yo comentaba la molestia que me causaba la fibra de algodón de los calzoncillos hasta que había encontrado unos muy buenos en una sastrería que habían abierto ahí enfrente. Renán me dijo, para que no volviera nunca más sobre ese tema, andá y comprate una docena. Me acompañó. No se fabrican más esos slips, gruño el vendedor. Ante mi contrariedad, me explicó: son los Felinas, hay iguales para mujeres, vaya a una mercería y fíjese. Sergio me acompañó hasta una mercería y me empujó dentro. Estaba llena de clientas. A la vendedora, con la mejor voz de Romualdo Quiroga, le dije: Felinas. ¿De qué color?, me sorprendió. Sergio se reía. Le dije: ¿de qué color querías las Felinas, Sergio? A las mujeres se les cayó la mandíbula al verlo.

P.: Su libro comienza con un poema y concluye con otro, su carrera se inicia con el corto "El nacimiento de un libro" y acaba con el documental "Sabato, mi padre".

M.S.: Es que la vida, después de un tiempo, se hace circular. Cuando hice el documental sobre mi padre tenía sospecha de que no iba a filmar más, pero no era la pretensión de cerrar un círculo abierto 50 años antes con un cortito dedicado él. Luego pensé: es justo, está bien. En el medio estuvo "El poder de las tinieblas", sobre el "Informe sobre ciegos", pero esa es otra historia, tiene que ver con un momento profético marcado por mi padre, convertido en alegoría en 1979.

P.: ¿Hay un olvido de la obra de Ernesto Sabato?

M.S.: Cosas que duran un tiempo, y que es sobre todo cuestión de profesores de literatura. Pasó con Marechal, por peronista. Pasa con Cortázar. Con mi padre por envidia de su relación con la gente. Pasa con Mujica Láinez, de quien cuento varias anécdotas. Quién de los de mi generación no las tiene.

P.: ¿Su libro comenzó en textos que publicó en Facebook?

M.S.: Fue una experiencia fantástica. En cinco años sólo recibí dos comentarios de mala leche. Escribir en borrador y que tengas lectores que lo comenten es maravilloso. Es como cuando hacía cine que iba a ver cómo reaccionaba la gente y qué decía. Entendí que hoy la gente lee menos, que lee de otra manera, y que hay gente que no lee en la computadora sino en el celular. Eso me llevó a trabajar en el formato de cuento breve. Lo que decía la gente me llevó a corregir, a cuidar el tono coloquial, a seleccionar entre los que habían atraído más, y a descartar los que tenían algo de reiteración; al poner mi diálogo con Fellini, dejé de lado uno con Visconti y otro con René Clair. El libro está dividido en dos partes, la cercana, mi madre, mis amigos, mi padre, algunos hechos, y la otra, "Filmar era una fiesta", está dedicada al cine.

P.: ¿No le tienta volver al cine?

M.S.: No. Tardé en darme cuenta que el cine se había olvidado de mí, y ahí me empecé a olvidar del cine. Fue una separación en buenos términos.

P.: Después de éste libro, ¿qué?

M.S.: Lo que salga. Me estoy dando el lujo absoluto de hacer lo que quiero. Junto a mis padres entendí la absoluta incomodidad de la fama. Lo que más deseaba lo conseguí, me propuse ser feliz y lo soy.

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