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5 de agosto 2024 - 14:25

Miguel Angel Rodríguez, un padre detenido en su cueva de recuerdos

Reestrenan "Quieto", con Rodríguez y Manuela Amosa, dirigidos por Francisco Lumerman. El actor terminó de rodar las series "Barrabrava" y El boxeador".

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La segunda temporada de "Quieto" podrá verse desde el viernes en Nün. 

“La cultura está averiada, y se está haciendo difícil expandirla con teatro y giras, por los costos. Pero hay que seguir, con fe en que la cultura vuelva a ocupar el lugar que merece”, dice Miguel Angel Rodríguez, quien vuelve con “Quieto”, de Florencia Natfulewicz, dirigida por Francisco Lumerman.

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La obra vuelve el viernes tras una primera temporada exitosa en en Nun, los viernes a las 21 y sábados a las 18, con actuación de Rodríguez y Manuela Amosa. Cuenta la historia de un padre en su sillón y una hija que vuelve a rescatarlo de su cueva de recuerdos. Conversamos con Miguel Angel Rodríguez, quien el año pasado estuvo en “Edmond” y terminó de rodar dos series, “Barrabrava” y “El boxeador”.

Periodista: ¿Qué te atrajo de la obra para querer interpretar a ese padre?

Miguel Angel Rodríguez: Ni bien la leí me encantó, es un efecto primario muy importante en cuanto se lee un libro que te puede proteger de esa forma y te convence de todo. Es un desafío hacer un personaje de mayor edad a la mía, que transita momentos difíciles, es decir el final de la vida, tiene muchas aristas. Renzo es un tipo que me inspira y me recuerda a personas que pasaron por mi vida, mis abuelos, mi padre con 94 años y si bien no es el papel de mi viejo, me gustó este tipacho. Me permitió ir a lugares que me conmueven, me gustan y atraviesan, desde cómo encarar una conversación con la hija, los diferentes pensamientos, cómo era todo antes y cómo es ahora, ella intentando hacer algo por el padre que cree que es de una forma. Este personaje me atrajo por todos lados, componerlo desde lo físico, desde este lugarcito de escenografía pequeña, que es su mundo, tan solo y tan acompañado a la vez.

P.: ¿Cómo son este padre y esta hija?

M.A.R.: Ella está casada, tiene dos hijos, un mundo con obligaciones y compromisos, con una dinámica en su vida contraria a la de Renzo, quien tiene una postura que deja que las cosas y la vida pasen. Está abrumado por la muerte de su mujer, y ella de tanto en tanto lo visita pero en esta oportunidad desata situaciones y problemas por estas dos vidas tan diferentes. Ella se encuentra sin su mamá, él sin su mujer, que era todo para él. Tampoco quiere que se ocupen de él, que lo molesten, que lo vayan a ver. Renzo hizo todo y le deja la vida a su hija y a su hijo para que sigan, es tosco, en su forma de pensar, de ser, en como aborda las situaciones, en su sillón y en su mundo. Esta relación tan particular atraviesa al público.

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Miguel Angel Rodríguez y Manuela Amosa son el padre y la hija de "Quieto".

P.: Debutaste en el circuito independiente luego de hacerlo el año pasado en el oficial con “Edmond”, ¿cómo se dio?

M.A.R.: Me pegó la historia y dije sí, luego del gran momento de “Edmond” en el Alvear en una sala enorme, y de filmar “El boxeador” para Disney. Esta obra cayó como anillo al dedo porque ensayaba paralelamente a estar terminando el rodaje. Y aunque fue muy buena la respuesta del público en Nun tuvimos que cortar porque tuve que filmar la segunda temporada de “Barrabrava” así que tenía muchas ganas de volver a esta obra que disfruto muchísimo. Nunca se sabe como irá el teatro, no por ser una sala grande estará llena, el teatro tiene ese misterio. Tampoco había estado en el San Martín con ese formato de 2 meses de ensayos y 3 de función, con un director francés, cosas nuevas que llegan y son bienvenidas.

P.: ¿Qué se disfruta más, el teatro, el cine o las series?

M.A.R.: El teatro como forma de expresión para el artista tiene algo fascinante, es la verdad y realidad de tener al público ahí. El vivo, el desafío, el actor desnudándose y entregándose, recorriendo otros mares, otra forma de flotar en este trabajo. Permite muchas cosas. Se ensaya como no se hace en tele ni cine, en teatro se arma con el equipo. En esta obra fue un trabajo artesanal de todos los días que nos permitió jugar a algo muy lindo que solo el teatro permite, hasta que llega la escenografía, la luz, el vestuario, la música y todo se arma. El independiente lo permite un poco más. Las series que hice son películas largas que habilitan otra actuación, como el cine, desde otro lugar, la exposición es otra. El director tiene muy claro lo que quiere y uno se entrega. El producto final se ve a los dos años, a diferencia del teatro, y acostumbrado a tantos años de TV, con un resultado rápido. Me gusta ver el producto terminado antes. Hoy hay otro lenguaje y formas de trabajar con las series.

P.: ¿Cómo ves al teatro y la cultura hoy?

M.A.R.: Me pasa como con la pandemia, me había asustado con la sensación de que se terminaba todo, fue duro y volvió en fade, retomó, llenó y me sentí muy feliz. Ahora con el cambio en el país tenía otra vez esa sensación y sin embargo el teatro se pone de pie y sigue, la calle Corrientes y también el independiente se llenan. Por suerte el público consume mucho teatro. La cultura está averiada, este es un país que alimenta otros ámbitos con cultura en el interior y exterior, y se está haciendo difícil expandir cultura con teatro y giras, por costos. El productor también debe recaudar lo que invierte. Vuelvo de Grecia e Italia que son mentores del teatro y Argentina siempre está muy bien vista. Es interesante seguir y retomar, tengo fe de que vuelva a retomar la cultura y ocupe el lugar que merece.

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