“La leche de los sueños” es el lema de la 59° Bienal de Venecia, título tomado del libro infantil de Leonora Carrington en el que describe un mundo mágico donde la vida se reinventa constantemente a través de la imaginación, en la que se permite cambios, transformarse, convertirse en otro diferente de uno mismo.
Los artistas invitados, alrededor de 213 pertenecientes a 58 naciones, son principalmente mujeres y personas de género no binario que “relatarán” aventuras fantásticas y mostrarán seres híbridos. Está dividida en tres áreas temáticas: la representación del cuerpo y sus metamorfosis, la relación entre los individuos y las tecnologías o la conexión entre los cuerpos y la tierra, a través de situaciones gélidas que conllevan reflexiones sobre un futuro pos-humano.
La artista elegida por la Argentina, Mónica Heller (Buenos Aires, 1975) ha participado en la 1° edición del programa de la Universidad Torcuato Di Tella (2009), en el premio Itaú (2010), fue Primer Premio de la Fundación Andreani (2017). Ha participado en exposiciones colectivas e individuales tanto en Argentina como en Chile, Londres, San Pablo, Berlín.
Conocimos su obra en Muntref con motivo del Premio Braque (2019), una video animación 3D monocanal, “De la conciencia satelital al saber satelital”, cuyos personajes eran chanchitos dando una clase, un pato geométrico en forma de barco, un cisne negro. Autómatas que duermen en cuchetas. Por momentos una réplica del edificio de Inmigraciones, trámites de admisión o rechazo, deambulan por oficinas con vistas a Puerto Madero, escaleras que se interrumpen, una bola que nada en el río. Un futuro no muy lejano: siniestro y creíble.
Últimamente participó del Premio Klemm y su universo está compuesto de personajes antropomorfos que asumen roles adultos en relaciones complejas y también objetos en relación con el mundo simbólico de cuentos o fábulas. Toma elementos de dibujos animados, la pintura narrativa, el video game y el comic.
Durante los próximos 15 días puede verse en el Salón de los Frescos del Palacio San Martín, sede de la Cancillería, un anticipo del envío argentino que está muy relacionado con el lema de la bienal ya mencionado. “El origen de la sustancia importará la importancia del origen” bajo la curaduría de Alejo Ponce de León, consta de 15 video instalaciones multicanales, sonido envolvente, un montaje diseñado para el pabellón argentino en el Arsenal.
Lo expuesto son tres piezas de video animación en las que se mezclan el humor, lo absurdo, lo siniestro -personajes que se autoamamantan- así como un enorme globo ocular que recuerda una serie del artista neoyorkino Tony Oursler, además de otro video, el soliloquio de una paloma realizado por un software de inteligencia artificial.
Una nueva forma de percepción que en realidad se remonta a 1963 cuando Nam June Paik (Seúl, 1932, Miami, 2006) presentó aparatos de televisión y piezas de video interactivas en las que experimentó la relación del público con el medio. Después se convirtió en una expresión que alcanzó ribetes poéticos con Bill Viola, y otros conceptuales como Tony Oursler, Dan Graham y una larga lista de artistas de estas disciplinas.
Nuestro país no podía estar ajeno y se destacan muchos artistas, entre ellos, el grupo Ar Detroy,-hoy disuelto- Gabriel Valansi, Margarita Bali, Gabriela Golder, Margarita Paksa, Graciela Taquini, Silvia Rivas, Florencia Levy, Gustavo Romano, Graciela Sacco, Mariano Sardón por sólo citar algunos muy premiados a lo largo de sus trayectorias.
Durante la conferencia de prensa se aludió a la influencia del surrealismo en su obra, movimiento que surgió como reacción ante la futilidad de la primera guerra mundial y que se extendió por todo el mundo entre los cruciales años desde 1918 hasta 1939. Podría decirse que Heller a través de la tecnología, ha puesto en acción la fantasía, relatos de sueños y juegos absurdos, la lógica eliminada, inherentes a ese movimiento.
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